Esa trayectoria musical/científica hizo que Bearer viajara a la Ciudad de México para participar como conferencista inaugural en el décimo aniversario de El Aleph. Festival de Arte y Ciencia que fusiona las artes y las ciencias, una iniciativa de la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
“No hay suficientes festivales así”, lamenta Bearer. Y una de las causas, explica, es que las disciplinas se encierran en silos: quienes hacen fotógrafía, en su silo; los que hacen escultura, en el suyo; quienes exploran la arquitectura, en otro. En la música, dijo, sucede algo similar; compositores, intérpretes e historiadores rara vez se juntan. “Intentar cruzar las disciplinas es casi tan difícil como tratar de hablar inglés y español al mismo tiempo”.
Sound Health, dentro de los Institutos Nacionales de Salud y con la ayuda del Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas. Ahí se estudian los circuitos cerebrales involucrados en cómo percibimos la música. También se comienza a explorar si la musicoterapia puede ayudar a quienes presentan desórdenes neurológicos. Sin embargo, Bearer señala una paradoja sobre este último punto: quienes practican la terapia musical no hacen ciencia, y las personas científicas todavía no se han involucrado a fondo en esa área. Es un problema tanto de presupuesto como epistémico.Cada disciplina habla su idioma, valida el conocimiento con sus propios métodos y publica en sus revistas. Cruzar esas fronteras exige algo más que curiosidad, requiere una disposición a sentirse perdido, a ser principiante otra vez.
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