La doctora Ellen Wiebe, médico canadiense, es la profesional que más muertes asistidas ha practicado en el mundo. Cedida
Reportajes Ellen Wiebe, la doctora de las 500 eutanasias: "Incluso con una enfermedad mental, Noelia tenía derecho a elegir su futuro"La médico canadiense, la persona que más muertes asistidas ha practicado, conversa con EL ESPAÑOL sobre el fallecimiento de la joven de 25 años.
Más información: Así fue la eutanasia de Noelia Castillo: ella sola con una médica, 3 fármacos y sus padres y grupos provida en el exterior.
David G. Maciejewski Publicada 28 marzo 2026 01:40hLa doctora Ellen Wiebe se cubre el rostro con las manos tras contemplar con espanto las imágenes de la algarabía evangélica organizada frente al Hospital Residencia de Sant Camil. Mientras afuera se grita "¡la solución de la vida no es la muerte, sino Jesucristo!", unas plantas más arriba Noelia Castillo se prepara para recibir la eutanasia.
"Algo así, sin duda, sólo puede aumentar el sufrimiento de la persona", sentencia en conversación con EL ESPAÑOL esta médico canadiense, la profesional que ha practicado más de 500 muertes asistidas, récord mundial.
"En mi última muerte asistida, la persona estuvo rodeada de familiares y de amigos. Cantaron, bailaron, se abrazaron, se besaron mientras se despedían. En la anterior vi a una persona morir completamente sola porque no tenía a nadie que la apoyara. Basta imaginar lo que supondría poder decirle a un ser querido, en paz, 'es tu elección'. ¿No?".
La justicia paraliza la eutanasia de una joven de 23 años por ser "un tema de salud mental"Noelia, sin embargo, no hizo caso de los gritos, de los reclamos desesperados de su padre, de las súplicas de su mejor amiga, de las trabas judiciales que trató de imponer Abogados Cristianos. Nadie pudo parar su muerte. La Justicia le dio la razón.
A las 19:30, Noelia se despidió de su familia y pidió quedarse sola. Vestido blanco, un poco de maquillaje, completo silencio. Sólo la acompañaba un reducido equipo médico, que fue quien le administró el cóctel de midazolam, propofol y rocuronio.
A las 19:45, la joven de 25 años dejó de respirar.
Sin entrar a juzgar si la eutanasia de Noelia es correcta desde el punto de vista jurídico, Wiebe sabe, por los detalles de su caso (su violación, su deterioro emocional, su intento de suicidio y los dolores crónicos que le provocó), que sí habría sido compatible con la ley canadiense.
La eutanasia a una joven de 29 años con depresión reabre el debate sobre el derecho a la muerte"Cuando valoro la capacidad mental de alguien que quiere morir, debo asegurarme de que no está tan afectado como para ser incapaz de decidir. Hay que preguntarse: '¿Esta persona es capaz de determinar su destino? Incluso si alguien tiene una enfermedad mental o una demencia, si puede comprender su condición, sus opciones de tratamiento y las consecuencias de sus actos, tiene derecho a controlar su vida".
La cuestión central es: ¿tenía Noelia derecho a controlar su destino y era capaz de tomar decisiones de ese calibre, como se puso en duda? "Sin haber sido quien hizo su evaluación, a mí me parece que sí", sentencia Wiebe.
Una parte del debate público sobre el caso de Noelia Castillo se ha centrado en si el sistema la dejó caer, en si su muerte es la prueba de un fracaso institucional a la hora de abordar sus problemas de salud mental.
Wiebe reconoce que ese escrutinio es inevitable. "Me enfrento a esta cuestión cada vez que evalúo a mis propios pacientes, para ver si realmente no queda nada más por hacer", admite.
Noelia Castillo, la joven de 25 años y eutanasiada el pasado jueves que permaneció durante cuatro años en dos centros de la Generalidad de Cataluña. Antena 3
En Canadá, la ley tampoco abre la puerta sin más a cualquiera que atraviese un episodio depresivo. "Los problemas de salud mental no pueden ser la única condición de base", explica.
Es habitual que estos se combinen con enfermedades físicas, y los requisitos son "muy similares" a los de la legislación española: una condición médica grave e irremediable, un sufrimiento que la persona considere insoportable, un deterioro avanzado de sus capacidades y la capacidad de tomar decisiones por sí misma.
Cuando se le pregunta a Wiebe cómo lee el caso de una joven de 25 años que ha tenido que luchar durante años para poder morir, la doctora no duda: "Es una tragedia, y eso es precisamente lo que conmueve a la gente, que la vida de una persona tan joven se haya vuelto tan miserable que quiera terminarla".
Pero añade: "Dicho esto, lo veo como un triunfo de su autonomía".
Sarco, la polémica 'cápsula del suicidio': su primer uso acaba con una persona muerta y varios detenidos en SuizaAhí está, para ella, el núcleo moral del asunto. ¿Puede una sociedad afirmar que respeta la dignidad humana si, al mismo tiempo que ofrece eutanasia, sigue infrafinanciando el tratamiento de salud mental a largo plazo y los servicios sociales?
"Cuando uno cree en los derechos humanos, los defiende en las condiciones reales en las que vive la gente hoy, no en un mundo ideal que aún no tenemos", responde.
Recuerda que ni los gobiernos ni las redes de apoyo social de uno u otro país son perfectos, pero se rebela ante la idea de que esas imperfecciones sirvan como argumento para restringir derechos: "Nada de eso debería traducirse en que las personas pierdan su derecho a decidir".
El choque más doloroso se produce, sin embargo, en el núcleo de las familias.
Sanidad reducirá los plazos burocráticos de la eutanasia y reforzará el papel de la enfermera en el procesoEl padre de Noelia, contrario al procedimiento, emprendió acciones judiciales para intentar detenerlo. Esa resistencia, ¿no añade una capa extra de sufrimiento a quienes desean la eutanasia? "Exactamente", responde Wiebe. "Para mí eso refleja una falta de comprensión real de la profundidad del sufrimiento".
Ella misma tiene hijos adultos y afirma que entiende el impulso instintivo de aferrarse a ellos: "Por supuesto que no quiero que mueran; los quiero muchísimo. Pero tendría que equilibrar ese amor con el respeto a su autonomía. Y respetar su autonomía para tomar decisiones con las que puede que yo no esté de acuerdo".
Su experiencia le dice que la ideología pesa, pero no lo explica todo. "Me imagino que la gente de izquierdas está más abierta a la eutanasia y que la gente conservadora es más reacia", concede. "Pero cuando entra en juego el amor de un padre por un hijo, la ideología puede quedar en un segundo plano".
En cuanto al impacto emocional de la eutanasia en los médicos, admite que no siempre es fácil: "Para mí es un gran honor ayudar a una persona mayor que ha tenido una vida larga y buena y cuya vida ahora está arruinada por una enfermedad terrible, cuando te dice: 'Ya está, he terminado'".
La clínica donde se le practicó la eutanasia a la joven. Europa Press
Con los pacientes jóvenes, el impacto es distinto: "Es triste, es una tragedia, pero lo trágico es su enfermedad, su situación".
En ambos casos, sin embargo, la sensación que domina es la de estar devolviendo algo que la enfermedad ya había arrebatado.
"Siento que les devuelvo el control a personas que lo han perdido por completo a causa de sus terribles condiciones".
Las estadísticas, recuerda, son claras: la mayoría de las personas que solicitan la eutanasia en Canadá tienen cáncer, por lo general en fase terminal. Casos como el de Noelia son excepcionales. Dentro de ese grupo, quienes eligen el Medical Assistance In Dying (MAID) suelen compartir un perfil muy definido.
Montserrat Esquerda: "Con la eutanasia creemos que la muerte digna está garantizada, pero no""Suelen ser blancos, con buena posición económica, alto nivel educativo, acostumbrados a llevar las riendas de su vida, y detestan, de muchas maneras, perder el control, que es exactamente lo que hace el cáncer avanzado".
"Se ve con claridad hasta qué punto la gente necesita sentido y alegría en su día a día, algo muy difícil de sostener cuando se vive con una enfermedad progresiva y compleja", cuenta. En pacientes con enfermedades en fase terminal, las respuestas son casi antagónicas: "Algunos dicen: 'No quiero que otros se encarguen de mi cuerpo, no voy a permitir que nadie haga eso por mí; soy tan independiente que necesito irme ahora'".
Otros apuran hasta el límite mismo de la vida: "No piden la eutanasia hasta estar completamente encamados, totalmente dependientes de máquinas para respirar y perdiendo su último resto de capacidad para comunicarse; es entonces cuando la solicitan".
Para Wiebe, una de las partes más interesantes de su carrera ha sido precisamente tener esas conversaciones: "Hablar sobre qué cosas en su vida les dan sentido y alegría y sobre qué límites no estarían dispuestos a cruzar".
Guillermo Lahera, psiquiatra: "Tener sentido del humor protege frente al trastorno psiquiátrico"El caso de Noelia introduce variables aún más complejas: una violación, un intento de suicidio posterior, lesiones graves, dolor crónico y una depresión que se prolonga durante años. ¿Qué marca la diferencia entre quien consigue reconstruir su vida y quien decide que ya no puede seguir?
Wiebe recurre de nuevo a lo que sabe la literatura científica: "Las víctimas de violación suelen desarrollar un trastorno de estrés postraumático que, en muchos casos, puede acompañarlas toda la vida, pero, en general, muchos están algo mejor después de un año, y mejor aún tras otro año, y otro más". En otras palabras: los seres humanos sanan.
¿Qué habría hecho Wiebe si Noelia hubiera sido su paciente? Lo primero, asegura, habría sido asegurarse de que recibía el tratamiento adecuado para el trastorno de estrés postraumático, "porque es algo distinto a la simple terapia de conversación".
También se habría detenido en el manejo del dolor crónico: "Ella tenía lesiones, lidiaba con problemas físicos serios, y querría saber qué se le ha ofrecido exactamente".
El abogado de la Fundación Abogados Cristianos, que representa al padre de la solicitante de la eutanasia, en 2025. Europa Press
En los casos de dolor crónico y depresión, sus evaluaciones no se resuelven en un par de consultas: "La ley nos exige al menos tres meses de evaluación, pero a menudo necesito todavía más tiempo".
Con un cáncer en estadio cuatro, puede aceptar una petición fechada ("me quiero ir el martes que viene") y programar una evaluación intensiva. Con un sufrimiento psíquico y físico complejo, el proceso dura meses.
Aun así, no siempre la historia termina en una muerte asistida. "He visto a personas cambiar de opinión y he ayudado a personas a hacerlo", cuenta. Cita el caso de pacientes con dolor crónico que "habían probado de todo menos la ketamina".
"Cuando por fin pudieron acceder a ketamina, algunos siguen vivos años después".
Ezekiel Emanuel, el oncólogo que no quiere vivir más allá de los 75 años: "Vivir demasiado también es una pérdida"En otros, lo decisivo fue encontrar "un terapeuta distinto, con un tipo de terapia que nunca habían probado", suficiente para que decidieran seguir viviendo. "Es maravilloso cuando ocurre", dice. "Pero también he hecho lo mismo con otras personas que sólo lograron ganar seis meses de vida".
Buena parte de los malentendidos que, a su juicio, distorsionan el debate público sobre la eutanasia tienen que ver con la opacidad de ese trabajo previo.
"Creo que mucha gente no comprende hasta qué punto evaluamos de forma minuciosa a las personas que piden eutanasia, para asegurarnos de que realmente conservan la capacidad de decidir y de que su situación es, de verdad, irremediable", lamenta.
No se trata sólo de certificar que "no hay nada que pueda hacer que su vida vuelva a ser lo bastante aceptable para ellos", sino también de verificar que han reflexionado con claridad sobre ello. El otro gran fallo, en su opinión, es "la falta de empatía".
La eutanasia a una joven de 29 años con depresión reabre el debate sobre el derecho a la muerteEsa incomprensión se traduce, a menudo, en acusaciones directas contra médicos como ella. En Canadá y fuera de Canadá se ha llegado a describir a Wiebe como una especie de "asesina en serie" o "ángel de la muerte".
¿Qué les dice a quienes equiparan la eutanasia con un asesinato? "Yo lo que hago es ayudar a las personas a hacer lo que ellas quieren, a ejercer su propia voluntad. Les devuelvo su autonomía. Eso es radicalmente distinto de un asesinato, donde lo que haces es arrebatarle la autonomía a alguien".
Las imágenes del 26 de marzo, con grupos religiosos concentrados a las puertas del hospital, megáfonos, consignas ("¡No lo hagas, Noelia!"), entrevistas televisivas con sus padres, convirtieron los últimos días de la joven en un espectáculo mediático. A Wiebe le cuesta incluso comentar la escena.
Es consciente de que algunos de los pacientes que piden la eutanasia quizá habrían podido sobrevivir y rehacer sus vidas.
Yolanda y su hija en su última aparición televisiva.
"Sabemos que algunas personas podrían haberlo superado: uno de mis colegas explicó que pasó siete años después de un accidente deprimido y queriendo morir, y luego salió de ahí y tuvo una buena vida", relata.
Ese tipo de historias la obliga a extremar la cautela con las lesiones recientes.
"Cuando veo a alguien con una lesión muy grave y ha pasado menos de un año, me preocupa". Pero incluso así se resiste a convertir esa preocupación en obligación de sufrir: "¿Significa eso que tengo que decirle: ‘sufre, sufres, sufre durante siete años antes de que yo esté dispuesta a ayudarte’? No puedo hacer eso".
Sabe que no todos sus colegas comparten su visión. En España, como en Canadá, hay médicos que se niegan a participar en eutanasias por motivos de conciencia.
El duelo de la madre de Noelia, según los psicólogos: "El reto no es el dolor, sino asumir que amar es entender su decisión""Y así debe ser, por supuesto", concede.
"Para algunos de nosotros es un gran honor que nos confíen de este modo los últimos momentos de vida; otros simplemente no podrían hacerlo, y también es legítimo". Lo no le parece aceptable es el salto de la objeción individual a la imposición colectiva: "Lo que no tiene sentido, en mi opinión, es pretender decirle a otra persona lo que debe hacer con su vida".
Cuando se le pide un mensaje para padres como los de Noelia, que perdieron a su hija pese a sus objeciones, la doctora baja el tono. "Es, lo sé, una tragedia inmensa perder a un hijo, y el duelo puede resultar insoportable".
No ofrece un consuelo fácil, pero sí una sugerencia: "Sólo podría decirles que honren la vida que ella tuvo cuando estaba bien, que se aferren a esos recuerdos. Porque ella no estaba dispuesta a tolerar la vida tal como quedó después de la violación y de las lesiones que sufrió".