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'En el Japón sagrado': un peregrinaje íntimo entre espíritus y estaciones

'En el Japón sagrado': un peregrinaje íntimo entre espíritus y estaciones
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Hay libros que se leen y libros que se habitan. 'En el Japón sagrado', de Michiko Barbieri, pertenece inequívocamente a la segunda categoría. Leer
SOCIEDAD'En el Japón sagrado': un peregrinaje íntimo entre espíritus y estacionesActualizado 31 MAR. 2026 - 11:37

Hay libros que se leen y libros que se habitan. 'En el Japón sagrado', de Michiko Barbieri, pertenece inequívocamente a la segunda categoría.

Publicado por Errata Naturae —sello con un instinto notable para la literatura que se mueve entre géneros—, este libro llega en un momento en que el mercado editorial español está saturado de títulos que usan Japón como decorado exótico. Ahí tenemos la estética wabi-sabi reducida a póster de dormitorio o el ikigai convertido en eslogan de autoayuda. Michiko Barbieri no hace nada de eso. Y esa negativa es ya, de entrada, un mérito.

La autora es una joven treintañera, hija de madre japonesa y padre italiano, que aterriza en Kioto con el corazón hecho trizas tras una ruptura sentimental inesperada con la persona con la que creía que compartiría el resto de sus días. El punto de partida, reconozcámoslo, tiene todos los ingredientes del cliché: mujer rota viaja a Oriente en busca de sanación. Lo que Barbieri hace con esos ingredientes, sin embargo, es otra cosa. No escribe una novela de autorrevelación al uso ni una guía espiritual disfrazada de memoria. Escribe —y aquí está su verdadero talento— un libro inclasificable que se sostiene precisamente en esa imposibilidad de encasillarlo.

Cada capítulo combina reflexiones íntimas, escenas cotidianas e historias sobre los yokais, los kamis, las distintas deidades y los rituales milenarios de su pueblo: las danzas de Obon para los difuntos, los omikuji que predicen el futuro, los amuletos omamori, las mil grullas de papel del senbazuru, las zorras mágicas kitsune, los bromistas tanuki, la gélida yuki onna o los kodamas que susurran en la espesura. Esta convivencia entre lo cotidiano y lo mítico es donde el libro encuentra su voz propia: no hay aquí una voluntad didáctica ni un tono de documental cultural. El folclore japonés no se explica, se respira.

Durante todo un año, Barbieri recorre la Tierra del Sol Naciente a través de sus cuatro estaciones: el verano ardiente de Kioto, el otoño misterioso de Tokio, los inviernos nevados de Hokkaido y la primavera en flor de Osaka. Esta estructura estacional no es un recurso ornamental: es la columna vertebral del libro. El tiempo japonés, que avanza en rituales y cambios de luz, convierte el peregrinaje exterior en un proceso de duelo y regeneración interior. La forma del libro mimetiza su contenido. Hay en eso una coherencia que no abunda.

La prosa merece mención aparte. Cercana sin ser informal, envolvente sin caer en el barroquismo, Barbieri escribe con la precisión de alguien que sabe que hay cosas que no se pueden decir directamente y que solo se pueden rozar. Las leyendas antiguas aparecen en el texto sin avisar, como si irrumpieran en la vida cotidiana desde el otro lado de algo, porque en el Japón que describe la autora, esa frontera es permeable. Es ahí donde el libro resulta más genuino y más literario: cuando deja de explicar y empieza a sugerir.

¿Hay debilidades? Algunas. El arco emocional de la autora, la ruptura que lo desencadena todo, se resuelve con una elegancia quizás demasiado ordenada. La herida que abre el libro cierra con una limpieza que puede sonar a conclusión prefabricada en un género —el relato de transformación personal— que tiende a exigir epifanías nítidas. La vida real, como saben quienes la han vivido, rara vez ofrece ese tipo de finales. También hay momentos en que la acumulación de referencias míticas y rituales japoneses puede generar cierta saturación en el lector menos familiarizado con el universo cultural que recorre el libro.

Pero estas son objeciones menores frente a lo que 'En el Japón sagrado' logra: recordarnos que volver a las raíces no es nunca un viaje hacia atrás, sino hacia adentro.

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Fuente original: Leer en Expansión
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