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En el Little Portugal de Toronto: «De Cristiano esperamos un milagro»

En el Little Portugal de Toronto: «De Cristiano esperamos un milagro»
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La abundante comunidad portuguesa de la principal ciudad de Canadá vive su día grande del Mundial: la eliminatoria Portugal-Croacia, con todas las miradas puestas en Cristiano Ronaldo, que podría jugar su último partido en un Mundial
En el Little Portugal de Toronto: «De Cristiano esperamos un milagro»

La abundante comunidad portuguesa de la principal ciudad de Canadá vive su día grande del Mundial: la eliminatoria Portugal-Croacia, con todas las miradas puestas en Cristiano Ronaldo, que podría jugar su último partido en un Mundial

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Javier Ansorena

Enviado especial a Toronto (Canadá)

02/07/2026 Actualizado a las 13:08h.

«Aquí el 90% de lo que se habla es de fútbol. Y el otro 10%, de política». Miguel Da Silva es el propietario de ... un bar de Toronto, la principal ciudad de Canadá, y acaba de romper las dos normas que se deben respetar en una barra, según los anglosajones: no hablar de cosas de política ni de fe. También conculca lo segundo porque «aquí el fútbol es religión». Y a la ciudad acaba de llegar su profeta, al menos para muchos portugueses como él: Cristiano Ronaldo, el delantero más voraz del fútbol moderno, que busca levantar un Mundial con 41 años.

«La gente está entusiasmada con el partido», dice Da Silva. Cerca de allí se han tenido que cortar avenidas para permitir el paso de la escuadra portuguesa al estadio de Toronto, entre una muchedumbre que buscaba ver a sus ídolos.

Pero Portugal llega con dudas. Se ha clasificado en la fase de grupos sin brillo, con un empate decepcionante frente a Congo, una goleada sin mucho significado a Uzbekistán y un empate de milagro con Colombia. Falta brillo en la selección portuguesa con más talento que se recuerda, desde Vitinha a Bruno Fernandes. Algunos apuntan como responsable a Ronaldo y a quien permite que haya jugado todos los minutos del campeonato, pese a no ser el de antes: el entrenador, el español Roberto Martínez.

«La mayoría de los portugueses estamos con Cristiano. Basta ver cómo se ponen los hoteles de aficionados por donde va», dice el dueño del bar. Pero también reconoce que confiar en el que fuera delantero del Real Madrid es cuestión de fe: «De Cristiano esperamos un milagro. Es que tiene 41 años. Pero sigue siendo más probable que haga un gol que que no lo haga».

A la salida del bar sopla un viento caliente, achicharrador, de ese que hace pensar cómo es posible que en esa misma calle haga tanto frío en febrero. De la calle Dundas, repleta de murales de inspiración portuguesa y con muchas banderas del país en los negocios, a la calle College. En su acera tiene una terraza Guilherme Nunes Lopes, regente de Garrafeira. Ve un partido del Mundial en una tele enorme, agarrado a una copita de rosado. Dice que el ambiente mundialista está disparado. La noche anterior, la madre de Cristiano Ronaldo cenó en un restaurante cercano y tuvo la oportunidad de conocerla. También pasó por aquí Maniche, aquel portugués que jugó en el Atlético de Madrid.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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