Un magnífico cabezazo de Sorloth resuelve un partido de mínimos para el Atlético, en el que, con un arreón final agónico, el Alavés no anda demasiado lejos del empate
Atlético de Madrid 1-0 Deportivo Alavés: resumen y goles LaLiga EA Sports (J20)Sportian- ALBERTO R. BARBERO
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El Atlético sale a gol por partido en 2026. Cuatro encuentros, cuatro dianas. Ni se queda seco ni se permite alegrías. Así que el resultado pasa por lo que suceda en la otra portería: que el rival acaba a cero (Deportivo, Alavés), miel sobre hojuelas; que hace uno (Real Sociedad), ni frío ni calor; que convierte más (Real Madrid), el gozo en un pozo. La muesca rojiblanca, por cierto, tiene como regla la autoría de Sorloth y como excepción Riazor. En el caso que nos ocupa Oblak dejó su arco sin mancillar, así que el 'unocerismo' recibió su enésimo homenaje. Y de fútbol ya hablaremos...
Gol de A. Sørloth (1-0) en el Atlético de Madrid 1-0 Deportivo AlavésSportianEl servicio de Barrios desde la derecha era bueno, por cierto, pero caía sin demasiada fuerza. Así que había que dársela. Puede que eso mismo pensara Tenaglia, que no apretó a Sorloth tanto como en el resto de lances. Craso error, porque el noruego gasta un cuello poderoso. El resto lo puso la cabeza, claro, picando y ajustando allí donde Sivera no podía llegar. Prácticamente acababa de arrancar la segunda parte, pero el canterano ya había generado una anterior a la que no llegó el ariete. La segunda fue la vencida, más que nada porque Boyé no acertó con dos cabezazos postreros en la colección de saques de esquina que tuvo el Alavés a última hora. Si acierta, se lía.
Quizás porque llegaba de dos partidos consecutivos a cara o cruz, quizás porque vienen curvas en el calendario, quizás también porque no da para más, el Atlético ya despachó el primer acto al trote. Utilizó el arranque del partido para desperezarse, concediendo de hecho la primera llegada al Alavés, disparo de Toni Martínez, mano de Oblak, y después ganó metros más por inercia que por cualquier cuestión estrictamente relacionada con el fútbol. Probó también a disparar por el qué dirán, primero desviado, después entre los tres palos pero siempre a las manos de Sivera, y cerró esos más de 47 minutos con un arreón que se tradujo en triple ocasión consecutiva.
Ahí ni siquiera resultaron necesarias las manoplas, porque Parada, primero, y Pacheco, después, se bastaron para taponar los disparos sucesivos de Almada, Barrios y Giuliano, así que al refrigerio se llegó tal cual. Con la banda izquierda directamente cegada, Ruggeri juega a no equivocarse (de reforzarse con un lateral nunca más se supo) y Almada no parece a gusto ahí, con la banda derecha neutralizada, Llorente sin aparecer y Giuliano aturullado, el juego local se convertía en un embudo por el que además no circulaba la pelota con la velocidad y precisión necesarias para superar las dos líneas vitorianas, Blanco entre ellas aportando criterio.
Julián andaba en otro de esos días, los habituales ya. Por momentos pareciera incluso torpe en el manejo de la pelota, casi siempre precipitado y sin atender a que eso de vestirse despacio cuando se tiene prisa valdría también para la suerte del gol. Entre unos y otros, en fin, la tropa de Coudet se manejaba con solvencia e incluso dejaba un cabezazo apurado de Guridi antes de la oportunidad local antes relatada y del entreacto. De que ya iba bien con mantener el empate en todo un Metropolitano daba fe el desempeño de Sivera eternizando cada saque prácticamente desde el arranque.
..Cuestión de resultado tras la madrugadora diana posterior, claro, el caso es que Coudet se adelantó esta vez a Simeone. Tiraba el Chacho una triple sustitución con la que enseguida empataría el Cholo, bueno es él para eso. Durante unos minutos el partido apenas se resumía en el cambio de fichas, pero a la que Baena estrelló una rosca deliciosa en el palo el Atlético pareció dar por buena la ventaja mínima y concedió metros descaradamente. Para cuando el del traje negro reclamó a Le Normand, la grada se había puesto de uñas. Aún tiraría de Nahuel, así que Llorente acabó como punta... y su equipo achicando agua. El gol de todas las tardes era otra vez suficiente.
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