Mientras Europa, Norteamérica y Siberia sufrían temperaturas gélidas, el hemisferio sur experimentaba fenómenos climáticos extremos de signo opuesto. En la segunda quincena de enero, un calor récord provocó sequías e intensificó incendios forestales, especialmente en Australia, Chile y la Patagonia, con numerosas víctimas y graves daños ambientales.
Por su parte, el sur de África fue azotado en la última semana de enero de 2026 por lluvias torrenciales que, particularmente en Mozambique, tuvieron un impacto catastrófico tanto en la población como en los medios de subsistencia. Además, en gran parte de Europa las precipitaciones fueron superiores a la media, lo que provocó inundaciones y daños en la Península Ibérica, los Balcanes occidentales, Irlanda y el Reino Unido.
Enero de 2026, el quinto más cálido
"Enero de 2026 fue un claro recordatorio de que el sistema climático puede generar simultáneamente frío extremo en una región y calor inusual en otra", señaló Samantha Burgess, responsable estratégica del clima en el ECMWF.
El planeta continúa inmerso en un prolongado periodo de calentamiento global impulsado por la actividad humana: 2024 marcó un nuevo récord como el año más cálido, 2023 ocupa el segundo lugar y 2025 se sitúa en tercera posición. Aunque las emisiones antropogénicas siguen siendo el principal motor del calentamiento a largo plazo, los acontecimientos recientes evidencian que reforzar la resiliencia y la capacidad de adaptación frente a fenómenos extremos cada vez más intensos es fundamental para preparar a la sociedad ante un riesgo climático creciente.
Artículo originalmente publicado enWIRED Italia.Adaptado por Alondra Flores.