Enric Mas, durante la etapa 20 de La Vuelta. EFE
La Vuelta Enric Mas devuelve el ciclismo español a la gloria 11 años después de la última Gran Vuelta sonreído por la fortunaTras la victoria de Alberto Contador en el Giro 2015, España vuelve a conquistar una Gran Vuelta después del abandono de Pogacar.
Más información:Enric Mas deja prácticamente sentenciada La Vuelta ante Roglic en el Collado del Alguacil donde reina Landa
Guillermo Echeverría Publicada 13 septiembre 2026 01:50h SíguenosEl majestuoso Collado del Alguacil ya es historia, pero el eco del esfuerzo heroico aún retumba en las laderas andaluzas. La penúltima etapa de La Vuelta 2026, una jornada agónica con final en alto, se convirtió en una fiesta absoluta para el ciclismo nacional.
No solo coronó a Mikel Landa con una victoria memorable tras un valiente ataque en solitario a siete kilómetros de la cima, sino que dejó la clasificación general de la ronda española prácticamente vista para sentencia.
Todos aguardaban el último e incisivo asalto de Primoz Roglic, pero la realidad en la carretera fue implacable. Al esloveno le faltaron las fuerzas que le sobraban al maillot rojo.
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Lejos de sufrir a la defensiva, Enric Mas impuso su autoridad con mano de hierro. Cuando el austriaco Felix Gall lanzó su ofensiva a tres kilómetros de la meta, el balear respondió con absoluta solvencia, soldándose a su rueda y dejando clavado a Roglič sin capacidad de reacción.
Con este golpe de autoridad, Mas afronta la última jornada defendiendo un valioso colchón de 2 minutos y 15 segundos sobre el esloveno y 2:44 sobre el propio Gall. Una renta holgada, pero que exige mantener la concentración máxima hasta el último metro.
En este camino hacia el triunfo, la fortuna también ha jugado su baza. La temprana caída y posterior retirada de Tadej Pogačar desmembró el guion previsto para esta ronda española, eliminando al gran coloso de la carrera y abriendo un escenario que el balear ha sabido aprovechar con madurez y aplomo.
Pogacar abandona la Vuelta a España tras sufrir una dura caída en la etapa 8La etapa de este domingo, un trazado llano de 112 kilómetros con un circuito urbano por el corazón de Granada, se plantea como la última frontera antes de alzarse con el título.
Aunque las grandes cumbres hayan quedado atrás y la jornada invite al festejo, la historia de las Tres Grandes enseña prudencia: un despiste, una caída en el empedrado o un inoportuno problema mecánico a alta velocidad podrían arruinar el trabajo de tres semanas.
Granada no será un mero trámite, sino el escenario donde Mas deberá mantener la templanza frente al empuje del público y rubricar con serenidad el sueño de su vida.
La metamorfosis de Enric
Para entender cómo Enric Mas ha llegado a este momento decisivo, acariciando el maillot rojo con la yema de los dedos, hay que analizar la profunda transformación deportiva y mental que ha experimentado el líder del Movistar Team.
Quedó atrás el ciclista dubitativo del pasado, aquel que corría con excesiva cautela y a menudo se limitaba a amarrar puestos en el podio sin arriesgar el todo por el todo.
El Enric de 2026 es un corredor completamente renovado, libre de aquellos viejos fantasmas y bloqueos en las bajadas que en temporadas anteriores minaron su confianza en los momentos de mayor tensión.
Enric Mas, tras la etapa 20 de La Vuelta. REUTERS
En esta Vuelta, el balear ha corrido con una entereza, una solvencia táctica y un liderazgo incuestionables. Ha sabido responder en primera persona a las embestidas en los momentos clave de la montaña, gestionando los tiempos de carrera con la frialdad de los grandes campeones.
Esta madurez emocional ha sido el pilar sobre el que ha construido su victoria. Mas ha transformado la enorme presión de liderar a la escuadra telefónica y el escrutinio de los aficionados en el motor necesario para firmar la actuación más sólida y convincente de toda su carrera profesional.
Una sombra de 11 años
Más allá del trofeo individual, la jornada de mañana en Granada trasciende a la figura del corredor balear por su incalculable dimensión histórica.
El ciclismo español lleva 11 años sumido en una profunda sequía de títulos en las Tres Grandes Vueltas, una travesía en el desierto que comenzó aquel mayo de 2015 cuando Alberto Contador conquistó la maglia rosa en el Giro de Italia.
Desde aquel éxito del corredor de Pinto, la afición española ha vivido abonada a la nostalgia de una época dorada en la que ganar en las carreteras europeas parecía la norma.
Contador, tras ganar el Giro de Italia en 2015. EFE
Durante más de una década, corredores de enorme talento como Alejandro Valverde, el propio Mikel Landa o el mismo Mas han sostenido la bandera nacional con valiosos podios y victorias de etapa de enorme mérito.
Sin embargo, coronarse en el escalón más alto en Madrid, París o Milán se había convertido en un objetivo esquivo e inalcanzable. El público patrio, malacostumbrado a las gestas incontestables de mitos como Perico Delgado, Miguel Indurain o el propio Contador, tuvo que aprender a convivir con el dominio incontestable de las potencias extranjeras.
Toda esa pesada mochila de responsabilidad ha recaído con frecuencia sobre las espaldas de Mas. Hoy en Granada, a Enric solo le separan unos pocos kilómetros para liquidar 11 años de espera, reconciliarse con su propia historia y devolver al ciclismo español al trono que lleva más de una década anhelando.
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