Antonia, presunta asesina confesa 33 años después, cambia de versión y responsabiliza como único autor a su marido ya fallecido, y acusa a su hija y su yerno de ayudarle a ocultar el cadáver
Regala esta noticia Añádenos en Google Antonia, madre del fallecido y una de las presuntas asesinas que ha confesado los hechos 33 años después. (Ignacio Cabanes)Ignacio Cabanes
07/06/2026 a las 22:32h.El relato de Antonia Navarro es confuso. Su edad, «setenta y pico» (ni siquiera en eso es concreta), el tiempo transcurrido desde que se produjo ... el crimen de su hijo el 15 de agosto de 1993, y sus supuestos intentos por tapar su participación real en el asesinato y posterior descuartizamiento y ocultamiento del cadáver, hacen que cada cosa que diga tenga que ser cogida con mucha cautela. Pero hay algo en lo que no tiene dudas y admite sin tapujos, los restos mortales de su 'Juanete' están enterrados en el antiguo corral de la casa en la que vivían en la calle de l'Hospital de Dénia, en pleno casco histórico del municipio.
«¿Y quién tiene estómago para hacer eso con un hijo? El mismo diablo», responde la presunta homicida, que jamás podrá ser juzgada al haber prescrito ya su crimen, en referencia a su marido, al que ahora señala como único autor de la muerte violencia de su hijo. Al tiempo que incrimina también a su hija Mari Luz y a su yerno Manuel, más conocido como «el Calzonazos», en el descuartizamiento del cuerpo.
El estremecedor relato de Antonia Navarro ha roto más de tres décadas de misterio en torno a la desaparición de su hijo Juan Navarro, quien apenas tenía 27 años cuando fue presuntamente asesinado. Tras años de sospechas y una tardía denuncia por desaparición -denunció siete años después y por la presión de sus otros hijos-, los familiares de la víctima reclaman justicia y ante todo poder recuperar todos los restos mortales de Juanete «para poder darle sepultura y que descanse en paz».
El reciente hallazgo este pasado miércoles de restos óseos, del que ya informó este periódico, tras levantar parte del suelo de la casa donde antiguamente se encontraba el corral de la misma, da credibilidad a la confesión de esta mujer y de su hija, a quien ya tomó declaración la Policía Nacional. No obstante, al haber transcurrido más de veinte años desde que se produjo la supuesta muerte violenta de Juan, su presunto crimen ya habría prescrito y no se van a realizar ninguna gestión de investigación policial para esclarecer lo ocurrido más allá de determinar si los huesos son o no de esta persona desaparecida en 1993.
De hecho, ni tan siquiera es seguro que los siete huesos hallados y recogidos por la policía científica, para ser debidamente analizados en el Instituto de Medicina Legal de Alicante, sean todos humanos. Los familiares afirman que corresponden a las extremidades, pero este dato no ha podido ser confirmado.
El móvil del crimen
El detonante de la tragedia habría sido una pequeña disputa vinculada a los problemas de adicción a las drogas que sufría la víctima, aunque la septuagenaria varia su discurso sobre cómo se inicia y si habían discutido o no. «Mi marido ... drogas, una cosa parecida», reconoce Antonia, confirmando que el joven era toxicómano y que existió una discusión previa al fatal desenlace.
Ahora sostiene con firmeza que fue su difunto esposo -fallecido en octubre de 2012- quien ejecutó el asesinato en solitario. Aunque el pasado mes de enero, cuando confesó los hechos por primera vez, ante la presión de sus familiares, le admitió a otra hija que ella le había clavado un destornillador por detrás y que su marido le había dado con una piedra en la cabeza.
Antonia confirma que a su hijo «lo descuartizaron, lo hicieron a trozos», un acto de extrema crueldad que atribuye al «mismo diablo». Aunque niega haber estado presente, la mujer detalla que los restos se introdujeron en un mismo hoyo en la tierra del corral. En las labores de ocultación y desmembramiento habrían participado su hija Mariluz y su yerno Manuel, a quien apodan en la familia como «el Calzonazos».
El caso, del que informó este periódico el pasado viernes, permaneció oculto durante tres décadas hasta que su confesión a su hija ha destapado la caja de Pandora de esta familia que solo quiere justicia y paz para Juanete. «Queremos el cuerpo de nuestro hermano Juan», reclama la familia, que ha colocado pancartas en la plaza del Ayuntamiento de Dénia, y aseguran que no se van a mover de allí hasta que saquen todos los huesos y puedan velar su memoria.
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