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Internacional

Es imposible defender a las iraníes y proteger a sus opresores

Es imposible defender a las iraníes y proteger a sus opresores
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Es contradictorio enarbolar la bandera del feminismo con oponerse, en un 8-M 'pacifista', a la única operación capaz de desmantelar el régimen que somete a las mujeres iraníes.

La ministra de Igualdad en la manifestación de este 8-M en Valladolid.

Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN Es imposible defender a las iraníes y proteger a sus opresores Publicada 9 marzo 2026 02:11h

Ante la escalada bélica en Irán, transcurrida más de una semana desde el inicio de la operación "Furia Épica", el Gobierno ha decidido desempolvar el manual de 2003.

Moncloa ha activado una maquinaria de agitación que busca resucitar el espíritu del "no a la guerra", sacrificando la credibilidad internacional de España en pos de réditos electoralistas coyunturales.

Porque en lugar de abordar la crisis de Oriente Medio con la seriedad y el rigor que han mostrado otros socios europeos, Pedro Sánchez la ha instrumentalizado como un acicate para movilizar a la izquierda —desencantada con su languideciente liderazgo— y aglutinarla frente a un enemigo exterior común: el agresivo intervencionismo de Donald Trump.

Esta estrategia ha tenido su puesta en escena definitiva este domingo.

Las manifestaciones del 8-M, tradicionalmente centradas en exigir igualdad de derechos y libertades para la mujer, han sido reconvertidas por el Ejecutivo en concentraciones de marcado carácter pacifista.

Fiel a su estilo, Sánchez ha convertido la crisis de Irán en un filón más para polarizar a la sociedad española. La pancarta contra la guerra ha sustituido a la reivindicación social, transformando una jornada de lucha feminista transversal en un acto de apoyo a la postura diplomática de Moncloa.

El problema fundamental de esta maniobra es la contradicción ética que encierra.

Resulta difícilmente sostenible enarbolar la bandera del feminismo y, al mismo tiempo, oponerse de forma radical a la única acción internacional que parece capaz de desmantelar el régimen más misógino y opresor del planeta.

La defensa de las mujeres iraníes es incompatible con la parálisis diplomática que España exhibe ante la oportunidad de acabar con la teocracia de los ayatolás. Existe un doble rasero evidente: el Gobierno se dice feminista en Madrid, pero se pone de perfil en Teherán para congraciarse con sus socios más radicales.

Como ha señalado con lucidez Amelia Valcárcel en su entrevista con EL ESPAÑOL, la operación militar liderada por EEUU e Israel es, en la práctica, la única ventana de libertad real para el pueblo iraní.

Porque decir "no a la guerra" cuando el conflicto ya es un hecho y el agresor es una dictadura teocrática equivale a ignorar la realidad.

Se trata de una negación estética que no soluciona la enfermedad. Las mujeres iraníes necesitan hechos, no eslóganes que garanticen la supervivencia de sus verdugos.

La ministra de Igualdad ha intentado torpemente la cuadratura del círculo para resolver esta incoherencia.

En la manifestación de Valladolid, Ana Redondo ha pronunciado una frase que resume el equilibrismo dialéctico de Moncloa: "Las mujeres iraníes antes sufrían con los ayatolás, ahora sufren bajo las bombas".

Con estas palabras, el Gobierno pretende equiparar la opresión sistemática ejercida por una dictadura con los daños colaterales de una intervención liberadora. Es un malabarismo verbal que busca unificar el rechazo a Trump con la supuesta solidaridad con las víctimas, pero que evita señalar culpables con claridad.

Estos juegos de palabras no borran el historial de incongruencias del bloque gubernamental.

Aunque es cierto que Sánchez fue tajante en su comparecencia institucional del miércoles al condenar el régimen de los ayatolás, el PSOE ya mostró su falta de firmeza en el pasado, arrastrando los pies en el Parlamento Europeo antes de calificar a la Guardia Revolucionaria como organización terrorista.

A ello se suma la hipocresía de Podemos, que ha marchado también este domingo en la manifestación de Madrid ocultando su propio pecado original: predicar el feminismo pacifista cuando el ascenso político de su formación estuvo vinculado a los fondos de HispanTV, el canal de propaganda de un régimen que sojuzga y reprime sistemáticamente a las mujeres.

El intento del Gobierno de instrumentalizar el 8-M para validar su postura internacional adolece del mismo mal que la política exterior de Sánchez en general: la ambivalencia y la discrepancia entre las palabras y los hechos. Se intenta contentar a todos con una retórica de paz que, en la práctica, no ofrece ninguna solución al drama de la mujer iraní.

Mientras el mundo redibuja el mapa de Oriente Próximo, España se queda en la superficie de la pancarta. Y, por tanto, en la irrelevancia geoestratégica.

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    Fuente original: Leer en El Español
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