Nadie es capaz de entender qué pretenden los máximos accionistas del Sevilla, que han entrado en una espiral de autodestrucción de funestas consecuencias
Junta General de Accionistas del Sevilla FC celebrada el 4 de diciembre de 2023.- TOMAS CAMPOS
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El Sevilla Fútbol Club está secuestrado. De forma 'legal', porque las acciones mandan en cualquier Sociedad Anónima Deportiva, pero también de forma torticera e inmoral a ojos de su afición, que asiste impotente a la autodestrucción de la entidad nervionense, no hace mucho un ejemplo de gestión deportiva y empresarial.
El último episodio, tras la rocambolesca y fallida oferta de compra de Sergio Ramos, es el nombramiento de José Ignacio Navarro como nuevo director deportivo. ¿Que usted no sabe quién es? Se lo contamos. Navarro era el segundo de Antonio Cordón y ahora asume la complicadísima tarea de conformar una plantilla competitiva sin un euro en las arcas.
Basta ver el careto que tiene el buen hombre en el tuit donde su anuncia su ascenso para darse cuenta de que sabe de primera mano que se trata de un caramelo envenenado. Navarro será el nuevo 'punching bag' de una directiva a la deriva que ha iniciado una huida hacia delante.
El objetivo, una vez abortada la venta, es ya la supervivencia y seguir mamando de la teta rojiblanca hasta que no quede una mísera gota de leche. Y les da igual que la afición empiece por fin a tomar conciencia del cataclismo que se avecina.
Empezando por una manifestación, convocada por Accionistas Unidos y la Federación de Peñas Sevillistas para el próximo 18 de junio, que promete ser multitudinaria. Ese día comprobarán hasta qué punto se han ganado la reprobación y el desprecio de los aficionados que dicen representar.
Porque sin un posible comprador en el horizonte, la supervivencia pasa ahora por una ampliación de capital que se antoja quimérica. Y es que a ver quién es el guapo que pone 100 millones de euros de su bolsillo para insuflar un hálito de vida al club sabiendo que van a ser Castro, Júnior y las familias que les sostienen los que van a gestionar ese dinero.
Descartada esta posibilidad, resulta incomprensible la hoja de ruta de los accionistas. En su momento vislumbraron la ocasión de hacerse multimillonarios pero dejaron pasar esa oportunidad por pura avaricia, confiados en que la vaca siguiera engordando.
Ahora ya no ganarían tanto pero sí lo suficiente para un retiro tranquilo. Desde luego que nada honorable, pero al menos no serían los responsables últimos de la debacle que se avecina. Cualquier persona con sentido común sabe que una retirada a tiempo es una victoria, frase que se atribuye al mismísimo Napoleón, pero los accionistas del Sevilla están demostrando un grado de estulticia que escapa a toda lógica.
Porque resulta muy complicado pensar en salvar la categoría un año más con la actual deriva. Sin dinero no habrá fichajes y todo indica que las intenciones pasan más por vender lo poco potable que queda en la plantilla que por reforzarla.
Así las cosas, lo único seguro que es sus acciones seguirán perdiendo valor hasta el colapso definitivo de la entidad. Y entonces tendrán que irse con las manos en los bolsillos y sin posibilidad de redención ante una afición que pasará del desprecio a la ira.
Llegados a este punto, me declaro incompetente. Quién sabe, quizás el necio soy yo y los Castro, Del Nido -padre e hijo-, Guijarro, Carrión y compañía tienen un plan perfecto y sin fisuras para reflotar la nave rojiblanca. Pero resulta muy difícil no pensar ahora mismo que el Sevilla estaría mejor en las manos de un niño de cinco años o un abogado bético...
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