“La conexión entre el sistema inmunitario y el sistema nervioso central se conoce desde hace tiempo, aunque todavía se entiende de forma limitada. En este sentido, la psiconeuroinmunología, un campo relativamente reciente, busca profundizar en estos mecanismos”, explica a SMC España Ignacio Molina Pineda, catedrático de Inmunología de la Universidad de Granada, quien no participó en la investigación.
Para poner a prueba la hipótesis en personas, el equipo internacional recurrió a técnicas de resonancia magnética funcional, que permiten observar la actividad cerebral en tiempo real. Gracias a esta tecnología, según describe el texto publicado esta semana en Nature, los participantes pudieron visualizar su propio funcionamiento neuronal y aprender, mediante entrenamiento, a regularlo de manera voluntaria.
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ArrowLa relación entre vacunas y la esperanza de un futuro mejor
El ensayo reclutó a 85 voluntarios sin afecciones clínicas ni trastornos mentales diagnosticados, quienes fueron distribuidos en tres grupos. Al primero se le indicó que incrementara deliberadamente la actividad del área tegmental ventral (VTA, por sus siglas en inglés) utilizando estrategias de control mental basadas en expectativas o pensamientos positivos. Entre los ejercicios propuestos se encontraban evocar recuerdos felices de la infancia o imaginar experiencias futuras agradables, como un viaje deseado. La VTA es un conjunto de neuronas localizado en el tronco cerebral y desempeña un papel central en la liberación de dopamina.
El segundo grupo fue entrenado para modular la actividad de una región cerebral que no está relacionada con los circuitos de recompensa, mientras que el tercer grupo actuó como control, ya que no recibió instrucciones específicas para regular su actividad mental.
Una vez que el grupo experimental logró aprender a influir en el funcionamiento de la VTA, todos los participantes recibieron una vacuna contra el virus de la hepatitis B. El propósito era evaluar si la autoactivación de los circuitos cerebrales asociados con la recompensa podía reflejarse en la cantidad de anticuerpos generados por el organismo después de la inmunización.
Los resultados revelaron una correlación directa entre la activación voluntaria de la VTA y la producción de niveles más elevados de anticuerpos contra la hepatitis B. En términos generales, los investigadores estimaron que la actividad mental consciente explica alrededor del 10% de la variación en la respuesta inmune observada entre quienes entrenaron su cerebro y quienes no lo hicieron, aunque las diferencias entre el grupo experimental y el de control no fueron extremas.
Recibe en tu correo lo más relevante sobre innovación e inteligencia artificial con el newsletter de WIRED en español.ArrowEl ensayo también mostró que la mejora en la respuesta inmunitaria no se asocia con otras áreas cerebrales de control, y que las estrategias más eficaces para estimular la VTA fueron aquellas centradas en la proyección consciente de escenarios futuros positivos o placenteros.
Los autores subrayan que, si bien es necesario ampliar la investigación, “estos hallazgos sugieren que las expectativas positivas generadas de manera consciente pueden activar los circuitos de recompensa e influir en la función inmunitaria, un proceso que podría aprovecharse para una modulación inmunológica no invasiva”. A largo plazo, esto podría traducirse en tratamientos menos intrusivos para diversas enfermedades y en el desarrollo de vacunas más eficaces.
Las conclusiones del estudio representan un avance relevante en el campo de la medicina conductual aplicada al ámbito clínico, una disciplina que ha cobrado mayor importancia en años recientes. Molina concluye que “se trata de un trabajo significativo que comienza a esclarecer las bases moleculares que conectan al cerebro con el sistema inmunitario”.