El bloc del cartero
Escuela Regala esta noticia Añádenos en Google 10/07/2026 a las 07:31h.Enseñar nunca fue tarea sencilla, ni ligera. Asumir la responsabilidad de preparar a otro para salir adelante en un mundo que no será el mismo ... en el que el enseñante se formó y más o menos conoce, si uno lo analiza, tiene incluso algo de temeridad. Si esto fue así siempre, lo es mucho más en nuestros días, cuando todo se mueve y hay en las sociedades problemas que –nos lo recuerda un lector– chocan como el oleaje embravecido contra el dique escolar; cuando la llegada de una herramienta tan nueva y poderosa como la IA plantea según todos los augures –más o menos apocalípticos, honestos o interesados– la perspectiva de una transformación de alcance potencialmente cataclísmico. Y, sin embargo, hay cosas que funcionaron siempre. Dar al niño un verdadero ejemplo. Ayudarle a tener un criterio propio.
Historia, querellas y oráculos
La grandeza de los imperios que una vez dominaron el mundo (el romano o el mongol) nada tiene que ver con las decisiones que hoy se toman al dictado de una base de algoritmos incrustados en circuitos electrónicos sin alma. Vivimos en una época que ya estudia la informática cuántica, casi como si buscase en la superposición de partículas la fórmula para habitar, a la vez, la grandiosidad de los imperios del pasado y la miseria de este presente materialista, criminal y de postureo. Imaginen que César Augusto o Gengis Kan mantuvieran un encuentro cuántico con Trump, Jinping o Putin. El humo que echarían los medios y las redes –sumado a las querellas en los juzgados para mediatizar el conflicto ante el algoritmo (ese nuevo oráculo de los dioses)– sería monumental. Me río de las tensiones geopolíticas de hoy; la verdadera batalla no sería por el territorio, sino por ver quién consigue más interacciones en una pantalla sin alma. | Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte. Albacete
No soy de este mundo
Esto no es un ensayo: es un vómito lleno de bilis. Caminando veo carteles de corridas, torturas, de toros. En la tele veo ocas engullendo maíz para cebarlas y, con su hígado enfermo, hacer foie. Terneritos, potrillos, corderitos, cabritillas desangrándose para el consumo humano. Torturas a disidentes, asesinatos pareciendo accidentes para que algunos sigan en el poder. He nacido en este planeta tridimensional: ya debería estar acostumbrado a que hay que matar para vivir. No lo estoy. Ni me habitúo ni quiero: la Vida en la Tierra es, en esencia, Muerte. ¿Existirá un mundo donde no haya que humillar, torturar o matar para vivir? ¿Los individuos autónomos pensamos? ¿Nos importa más Zapatero, Bárcenas, Trump, el Mundial… que reflexionar sobre nuestra salvaje condición? Amo la humanidad; odio a la Humanidad. | Vicente Palacios Asunción. Logroño
Las ausencias
He estado a la deriva un tiempo... como no podía estar de otra manera, ya que sobrellevar el duelo de una persona que quieres es muy difícil. Mis tiempos de espera para superarlo han ido guiándome poco a poco y así he podido transformar el dolor de su pérdida en agradecimiento por haber formado parte de mi vida y convertir mi pena en un talismán que me ha protegido. Sostenerle de la mano mientras moría me dio paz, aunque luego vino un proceso largo y lento para dejar de sentir el vacío de su ausencia. Y aunque ahora ya no esté, sus cenizas se han quedado conmigo para reconfortarme. Los duelos son lentos, se requiere paciencia y tranquilidad para adaptarse a la nueva situación, sobre todo a la ausencia. La muerte es una sacudida muy fuerte que remueve todo lo de fuera hacia dentro, obligándote a mirar de frente al presente, a ser consciente de ello y así poder exprimir la vida sin miramientos y valorar más el tiempo. Mi hueco ya no está vacío, sino lleno de instantes y recuerdos que me dejó a lo largo de los años y que puedo evocar ya sin dolor. El ritmo de la vida continúa. | Silvia Berenz. Barcelona
LA CARTA DE LA SEMANA
¿Por qué la he elegido…? Porque mal puede dar alguna lección, en cualquier aspecto, quien aún no la ha aprendido.
Padres, madres y móviles
Me parecen muy bien las medidas que varios países, más el nuestro, aplicarán a las redes sociales para menores de 16 años. Hasta un completo desarrollo del cerebro, cuantas menos pantallas, mejor. Pero quiero centrarme no en los pequeños, sino en quienes los cuidan. Cada día veo a madres que recogen a sus hijos del colegio sin separar la vista del móvil. Hijas que reclaman la atención de sus padres, absorbidos por sus smartphones. Niños que lloran y padres que no dejan que eso les distraiga de una llamada. Madres que cruzan carreteras sin levantar la cabeza del móvil, gritando a sus niñas que se den prisa... Como madre y maestra, me preocupa mucho esta adicción que afecta a niñas y niños. La actitud de sus familiares influye en su desarrollo con graves efectos. ¿Cómo vamos a decirles a menores de 16 años que no estén con el móvil si los mayores viven enganchados a él?
Nerea Ibáñez Martínez. Pamplona
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