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España, campeona de pobreza y de paro con Sánchez

España, campeona de pobreza y de paro con Sánchez
Artículo Completo 2,183 palabras
Opinión LLENO DE ENERGÍA España, campeona de pobreza y de paro con Sánchez Publicada 2 mayo 2026 01:18h

“You’re just another face that I know from the TV shows”. Mike Rutherford, Tony Banks, Phil Collins.

España entra en 2026 con un frenazo evidente en el mercado laboral y un jarro de agua fría al triunfalismo gubernamental: seguimos siendo uno de los países con mayor pobreza y exclusión social de la Unión Europea. La diferencia entre el relato oficial y los datos es tan grande que ya no se sostiene con titulares amables ni campañas de propaganda. Basta con mirar la EPA del primer trimestre y las cifras de pobreza de 2025 para comprobarlo.

Los datos de Eurostat de 2025 reflejan que España es el cuarto país de la Unión Europea en tasa de riesgo de pobreza y exclusión con un 25,7%, cuando la media de la Unión Europea está en el 20,9%. En 2019, el porcentaje de personas en riesgo de pobreza de España se situaba en el 25.3%; nos superaban Bulgaria, Rumanía, Grecia, Italia, Letonia y Lituania. España era el sexto país en tasa de riesgo de pobreza y ahora es el cuarto, con Lituania.

El empleo se desploma en 170.300 personas en el primer trimestre y eleva el paro al 10,8% en pleno freno económico

Los datos son tozudos: el porcentaje de personas en carencia material severa en 2019 era del 7,7% y ha subido al 8.1% en 2025. El 36,4% de los españoles ni siquiera tuvo capacidad de afrontar gastos imprevistos, comparado con un 35,4% en 2019.

El Gobierno de España afirma que crea empleo como nunca, que la recuperación es inclusiva y que el llamado "escudo social" ha protegido a las familias. Sin embargo, la realidad demuestra que lo que aparece es un país que destruye empleo al inicio de 2026, en el que vuelve a ver subir el paro con fuerza y que mantiene a una cuarta parte de su población al borde de la pobreza o directamente en exclusión social. Es difícil encontrar una síntesis más clara del fracaso del modelo socialista que la combinación de más gasto, más impuestos y prácticamente la misma pobreza.

El empleo efectivo, el que importa a los hogares, se reduce en el inicio del año

La Encuesta de Población Activa del primer trimestre de 2026 es un buen punto de partida. Detrás de las piruetas estadísticas y los mensajes de propaganda, hay una realidad muy triste: España pierde 170.300 ocupados en sólo tres meses.

El empleo efectivo, el que importa a los hogares, se reduce en el inicio del año. Al mismo tiempo, el paro aumenta en más de 200.000 personas y la tasa de desempleo vuelve a situarse en el 10,8%, con la peor subida en un primer trimestre desde 2013. No es precisamente el cuadro de una economía que va como un "cohete".

En el primer trimestre, el paro ha registrado su mayor subida en los últimos trece años y se dispara en 231.500 personas, la afiliación cae en 170.300 personas y se destruyen 191.400 puestos de trabajo en el sector privado. No hay "22 millones de personas trabajando", como afirma el Gobierno.

La cifra de afiliaciones está dopada por récord de pluriempleo (una misma persona aparece varias veces en la cifra) y contratos cerilla y sin apenas remuneración. Así, la tasa de actividad baja ocho centésimas, hasta el 58,86% y lleva estancada desde el segundo trimestre de 2018, cuando se situaba en 58,8%.

Primer aviso del parón económico: el comercio exterior se hunde por Irán y el consumo de los hogares se resiente

¿Recuerdan que en aquella época decían que 'no se crea empleo, se trocea'? La evidencia empírica es que eso es precisamente lo que ha hecho el Gobierno, por eso las horas trabajadas por ocupado no aumentan. Se dispara la población activa en 447.000 en un año por la riada de inmigración y la tasa de paro sube al 10,8%. Es decir, no hay récord de empleo alguno.

Los últimos datos de estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) desmontan completamente la propaganda del Gobierno: un PIB per cápita estancado, creciendo sólo un 0,9% entre 2018 y 2027 mientras la media de la zona euro es del 1,0%, y una productividad estancada con la mayor tasa de paro de la lista de países analizados, superando ampliamente a Grecia, que en 2018 tenía una tasa de paro cuatro puntos superior a la de España y hoy tiene dos puntos y medio menos. Y eso que España esconde 900.000 inactivos de la cifra de paro oficial, algo que no existe en Grecia.

Los datos de Eurostat son también contundentes. España refleja cero convergencia en PIB per cápita ajustado por poder adquisitivo con la media de la UE, quedándose lejos de otros países de nuestro entorno.

Los datos de paro muestran la realidad de más de 3,7 millones de parados reales, personas apuntadas al SEPE que no están trabajando. Es decir, no ha habido una mejora real del número de parados efectivo desde 2019.

España es también líder en índice de miseria de la Unión Europea por su combinación de alto paro y mayor inflación que la media de la eurozona, según el índice de Okun publicado por Bloomberg

España es también líder en miseria de la UE por su combinación de alto paro y mayor inflación, según el índice de Okun publicado por Bloomberg.

Con salarios reales netos cayendo desde 2019 y carencia material severa al alza, según el INE, los datos de España muestran una economía. Y el Gobierno ha despilfarrado el mayor estímulo fiscal y monetario de la historia, los fondos europeos, y ha aumentado la deuda emitida en más de 500.000 millones hasta 1,7 billones, según el protocolo de déficit excesivo publicado por el Banco de España.

Tras expoliar a los ciudadanos a impuestos, el Gobierno deja un récord de gasto en intereses de deuda de más de 40.000 millones de euros anuales, lo que prueba que no ha reducido la deuda, sino que la disfraza con una ratio dopada por la alta inflación. Efectivamente, la deuda total emitida por las Administraciones Públicas, pasivos totales, se ha disparado a más de 2,2 billones.

El discurso oficial se refugia en los datos agregados y en los récords nominales de ocupación. Se nos dice que, si corregimos los datos, el empleo crece ligeramente y que, en términos de grandes agregados, hay más gente trabajando que nunca. Pero esa afiliación no es equivalente al número de personas trabajando al inflarse con pluriempleo, donde la misma persona puede aparecer varias veces.

Cerca del 19,5% de los habitantes se sitúa por debajo del umbral de pobreza, lo que equivale aproximadamente a 9,5 millones de personas

Tampoco es una alegría para el ciudadano que pierde su trabajo, para el joven que encadena contratos precarios o para el autónomo que no llega a fin de mes. Lo que siente la mayoría es lo que refleja el dato bruto: menos empleo y más paro al empezar el año.

La fotografía empeora cuando miramos la otra cara del mercado laboral: la pobreza y la exclusión social. La Encuesta de Condiciones de Vida de 2025 confirma que España sigue atascada en niveles inaceptables. La tasa AROPE, que mide el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión, se sitúa en torno al 25,7%.

Dicho de otra manera: uno de cada cuatro residentes en España está en una situación de vulnerabilidad grave. Lo más inquietante no es solo la cifra, sino su estancamiento. En plena fase de crecimiento económico, con una recaudación fiscal récord y un gasto social disparado, el porcentaje apenas se mueve.

Si nos centramos en el riesgo de pobreza relativa, el panorama no es mejor. Cerca del 19,5% de los habitantes se sitúa por debajo del umbral de pobreza, lo que equivale aproximadamente a 9,5 millones de personas. Y ese umbral se ha ido desplazando hacia arriba, hasta situarse en torno a los 12.220 euros anuales por persona.

El ingreso mínimo vital no llega al 78,7% de los hogares pobres y el 21,3% restante tarda más de 5 meses en tramitarlo

Es decir, para que a alguien no se le considere pobre, necesita cada vez más ingresos en un contexto de inflación acumulada por las políticas monetarias y fiscales de los últimos años. El famoso “escudo social” no saca a la gente de la pobreza, la mantiene.

El contraste con Europa desmonta otra de las coartadas habituales: “Todos están igual”. No es cierto. Cuando se comparan los datos de riesgo de pobreza, España aparece sistemáticamente peor que muchas de las principales economías de la Unión Europea.

Alemania, por ejemplo, presenta una tasa de riesgo de pobreza claramente inferior, pese a tener un umbral de pobreza mucho más alto, acorde con su mayor renta.

Es decir, con más riqueza y un listón más exigente, tiene menos porcentaje de población en situación vulnerable. España, en cambio, combina menor renta media con una proporción mayor de ciudadanos atrapados en la pobreza relativa.

España es el sexto país de la UE en riesgo de pobreza y el séptimo en desigualdad pese al crecimiento económico

Lo mismo ocurre si comparamos la tasa AROPE. El 25,7% sitúa a España entre los países con mayor riesgo de pobreza y exclusión del bloque comunitario, solo superada por algunos socios con instituciones débiles y mercados laborales mucho más frágiles.

La pregunta es inevitable: ¿Cómo es posible que un país que presume de liderar el crecimiento, un "Estado de bienestar" y de "modelo social" acabe ofreciendo resultados más propios de economías emergentes? La respuesta no está en la falta de recursos, sino en las políticas.

España no tiene un problema de poco gasto social. Al contrario, el gasto público ha crecido exponencialmente, y la presión fiscal se ha incrementado sobre empresas, familias y autónomos.

El problema es que el diseño de ese gasto se orienta a mantener estructuras, comprar apoyos políticos y sostener redes clientelares, en lugar de crear un entorno favorable al empleo productivo, a la inversión y a la movilidad social. Se perpetúa la situación del que ya depende del sistema, pero se dificulta que salga de él.

España premia la dependencia y penaliza el esfuerzo

El mercado laboral sufre un fenómeno similar. En lugar de incentivar la creación de empleo estable y productivo, se ha optado por una mezcla de rigidez regulatoria, subsidios crecientes y maquillaje estadístico. Los fijos discontinuos se convierten en herramienta para mejorar la foto oficial del paro, mientras muchos trabajadores alternan periodos de alta y baja sin verdadera estabilidad.

La función pública se expande, pero el tejido empresarial que sostiene a largo plazo esos salarios y servicios no crece al mismo ritmo. Se premia la dependencia y se penaliza el esfuerzo.

El resultado es un modelo que perpetúa la precariedad. Con una tasa de paro real muy alta y niveles de pobreza y exclusión comparables a los peores de la Unión Europea no se puede hablar en serio de éxito.

La verdadera política social es la que permite que las empresas crezcan e inviertan, que la gente encuentre trabajo, mejore de sueldo, ahorre y construya un patrimonio. Es decir, justamente lo que el marco fiscal y regulatorio actual desincentiva.

Modelo

España no está condenada a convivir con el paro masivo ni con una cuarta parte de la población en riesgo de pobreza. Lo que la condena es insistir en un modelo que castiga a quienes crean riqueza y convierte la protección social en una herramienta de control político y no una palanca de libertad.

Mientras se mantenga esta combinación de impuestos altos, regulaciones asfixiantes y gasto ineficiente, seguiremos viendo el mismo contraste: titulares complacientes sobre récords de empleo y notas oficiales celebrando “mínimos históricos” mientras millones de ciudadanos viven al límite.

Hasta que no se reconozca este fracaso y se ponga el foco en el empleo productivo, la iniciativa privada y la libertad económica, España seguirá siendo el país donde se presume de récords mientras uno de cada cuatro ciudadanos sigue atrapado en la pobreza o la exclusión.

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