Las imágenes han inundado las redes sociales este fin de semana: la presa de Aldeadávila "turbinando a tope" con el río Duero bajando con una fuerza descomunal, o el embalse de Iznájar recuperando su esplendor en cuestión de días. Son estampas hipnóticas que esconden una realidad mucho más tensa y calculada. Mientras el ciudadano ve espectáculos naturales, los ingenieros ven un pulso contra el desastre.
Problemas. En medio de este "festín" de borrascas que ha sacudido la península este mes de febrero, una frase resume mejor que ninguna otra la situación. La pronuncia José María Sanz de Galdeano, director de Planificación Hidrológica y Obras de la Agencia Vasca del Agua (URA): "Las presas no se diseñaron para las avenidas, pero hoy son clave para amortiguarlas". Estas infraestructuras, pensadas hace décadas para que al abrir el grifo salga agua o para encender la luz, se han convertido —casi por accidente histórico— en la última línea de defensa entre la tormenta perfecta y la seguridad de las poblaciones aguas abajo.
Un invierno concentrado en pocos días. Para entender la magnitud del evento, hay que mirar primero al País Vasco, donde la orografía y las lluvias intensas han puesto a prueba el sistema. Según explica Sanz de Galdeano en la Cadena SER, Euskadi ha afrontado un invierno marcado por episodios de lluvias muy intensas y concentradas en muy pocos días.
La situación ha obligado a activar los dos grandes sistemas de regulación vascos. Por un lado, el sistema del Zadorra compuesto por el embalse de Ullibarri-Gamboa y la presa de Urrunaga. Por otro lado, el sistema de Añarbe que esr esponsable de abastecer a la zona de Donostialdea.
En Xataka
Montejaque fue durante un siglo un enorme monumento a los fallos de ingeniería. Ahora se ha convertido en un problema lleno de agua
No es un fenómeno local. Es un síntoma de un patrón hidrometeorológico más amplio que ha afectado a toda la península. Mientras en el sistema del Tormes los embalses como Santa Teresa rozan el 80% y sueltan agua preventivamente para defender a la ciudad de Salamanca, en el sur la situación ha sido aún más drástica.
En Andalucía, el embalse de Iznájar —el gigante de la comunidad— ha duplicado sus reservas en apenas dos semanas, pasando de un crítico 25% a superar el 50%, algo que no se veía en una década. La intensidad ha sido tal que la AEMET llegó a advertir de escenarios de saturación del suelo con impactos "de los más altos del mundo", provocando que en lugares como Grazalema (Cádiz) el agua brotara directamente del suelo, obligando a evacuaciones preventivas.
Del abastecimiento a la "laminación". Lo relevante de estas semanas no es solo que haya llovido, sino cómo hemos gestionado esa lluvia. Sanz de Galdeano pone el dedo en la llaga: "Estas infraestructuras fueron construidas fundamentalmente para el abastecimiento de agua, no específicamente para laminar avenidas". Sin embargo, su inmensa capacidad de almacenamiento ha permitido cambiar su función sobre la marcha. Las presas han actuado como amortiguadores gigantes. "Tienen un volumen suficiente como para jugar con las reservas, generar hueco y retener agua en los momentos más críticos", señala el director de URA.
La advertencia de Sanz de Galdeano tiene respaldo científico. Un estudio sobre la efectividad de las presas frente al cambio climático confirma que las infraestructuras diseñadas con "datos históricos" están operando a ciegas ante la nueva realidad. Los modelos antiguos no contaban con esta variabilidad extrema, bajo escenarios de calentamiento severo, el riesgo de desbordamiento de las grandes presas podría multiplicarse hasta por 17 en comparación con los registros históricos. La conclusión es técnica pero aterradora: la eficacia de una presa disminuye drásticamente bajo regímenes hidrológicos extremos si no se aplica una gestión adaptativa.
Este exceso de agua ha tenido un efecto secundario inesperado en el mercado energético: la "pila" de España está tan cargada (un 117% más de energía hidroeléctrica almacenada que el año pasado) que la energía nuclear ha dejado de ser competitiva. La central de Trillo, por ejemplo, se ha desconectado de la red porque, ante tal abundancia de agua turbinable, los números simplemente "no casaban".
Coreografía de compuertas. La matemática de precisión que decide cuánta agua te llega a casa. La gestión de estas crisis es una coreografía de precisión que Sanz de Galdeano define gráficamente como trabajar "con un ojo en el río y otro en el cielo". La clave técnica reside en el "resguardo": el espacio vacío que se deja deliberadamente en el embalse antes de que llegue la lluvia para poder tragarse la crecida.
El director de URA detalla cómo se aplica esto de forma diferente según la capacidad de cada sistema:
En el Zadorra (Alta regulación): Estas presas controlan el 60% de la cuenca aguas arriba. Esto permite una intervención drástica. Las cifras del domingo por la noche son el mejor ejemplo: al sistema entraban 260 metros cúbicos por segundo de agua furiosa, pero las compuertas solo dejaban salir 54. Esa diferencia (más de 200 m³/s retenidos) es la inundación que se evitó.En Añarbe (Menor regulación): Aquí la presa solo controla el 23% de la cuenca. La mayor parte del agua del río circula libre, por lo que el margen de maniobra es menor. Aun así, la estrategia es la misma: cuando el río baja alto, se cierran compuertas para retener "al máximo posible".
Todo esto se realiza bajo una coordinación administrativa compleja pero fluida entre URA, la Confederación Hidrográfica del Ebro y la del Cantábrico.
No todas las barreras son iguales. En este contexto de presas salvadoras, surge una duda razonable: ¿por qué entonces se están demoliendo algunas presas en los ríos vascos? Sanz de Galdeano hace una distinción crucial entre las grandes infraestructuras de regulación y los pequeños azudes. "No se trata de grandes infraestructuras como las del Zadorra, sino de estructuras de pequeña altura que no tienen capacidad real para gestionar avenidas", aclara. La eliminación de estos pequeños obstáculos responde a dos lógicas:
Ambiental: permiten que los peces y la fauna remonten el río, mejorando la salud ecológica.Hidráulica: Aunque parezca contradictorio, estos pequeños muros pueden elevar la lámina de agua en inundaciones locales, empeorando el problema en vez de solucionarlo.
Sin embargo, las grandes presas tienen su propio enemigo silencioso: los sedimentos. Expertos y organizaciones como Greenpeace advierten de que las lluvias torrenciales arrastran toneladas de lodo que se acumulan en el fondo de los embalses, restándoles capacidad real (ese "hueco" del que hablaba Galdeano) y bloqueando los desagües de fondo, vitales para la seguridad. El estudio científico citado anteriormente corrobora este riesgo: la sedimentación reduce la capacidad de almacenamiento efectiva y compromete la función de control de inundaciones a largo plazo, acortando la vida útil funcional de la presa.
La lección de este mes. Este episodio ha servido como un "test de estrés" a gran escala para la infraestructura hídrica española. Hemos visto cómo presas diseñadas con datos y necesidades del siglo XX se están adaptando forzosamente a la realidad climática del siglo XXI.
José María Sanz de Galdeano resume la filosofía que ha evitado el desastre esta semana: "Frenamos la crecida reteniendo en las presas el caudal que les llega". Una maniobra que parece sencilla sobre el papel, pero que requiere una vigilancia constante y una infraestructura robusta. Porque aunque el agua hoy nos sobre y apague centrales nucleares, la capacidad de gestionarla —ya sea para guardarla o para frenarla— sigue siendo la línea que separa el recurso de la catástrofe.
Imagen | Pexels
Xataka | La gran "pila" de España está al 117%: los embalses tienen tanta agua que las nucleares se están desconectando
-
La noticia
España construyó centenares de embalses para darse energía. Este febrero han servido para impedir catástrofes
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
.
España construyó centenares de embalses para darse energía. Este febrero han servido para impedir catástrofes
José María Sanz de Galdeano (URA) explica porque nuestras presas están cumpliendo una función para la que nunca fueron pensadas
Del desalojo de Grazalema a la retención crítica del Zadorra: así se gestiona una "bomba" de agua en tiempo real
Las imágenes han inundado las redes sociales este fin de semana: la presa de Aldeadávila "turbinando a tope" con el río Duero bajando con una fuerza descomunal, o el embalse de Iznájar recuperando su esplendor en cuestión de días. Son estampas hipnóticas que esconden una realidad mucho más tensa y calculada. Mientras el ciudadano ve espectáculos naturales, los ingenieros ven un pulso contra el desastre.
Problemas. En medio de este "festín" de borrascas que ha sacudido la península este mes de febrero, una frase resume mejor que ninguna otra la situación. La pronuncia José María Sanz de Galdeano, director de Planificación Hidrológica y Obras de la Agencia Vasca del Agua (URA): "Las presas no se diseñaron para las avenidas, pero hoy son clave para amortiguarlas". Estas infraestructuras, pensadas hace décadas para que al abrir el grifo salga agua o para encender la luz, se han convertido —casi por accidente histórico— en la última línea de defensa entre la tormenta perfecta y la seguridad de las poblaciones aguas abajo.
Un invierno concentrado en pocos días. Para entender la magnitud del evento, hay que mirar primero al País Vasco, donde la orografía y las lluvias intensas han puesto a prueba el sistema. Según explica Sanz de Galdeano en la Cadena SER, Euskadi ha afrontado un invierno marcado por episodios de lluvias muy intensas y concentradas en muy pocos días.
La situación ha obligado a activar los dos grandes sistemas de regulación vascos. Por un lado, el sistema del Zadorra compuesto por el embalse de Ullibarri-Gamboa y la presa de Urrunaga. Por otro lado, el sistema de Añarbe que esr esponsable de abastecer a la zona de Donostialdea.
No es un fenómeno local. Es un síntoma de un patrón hidrometeorológico más amplio que ha afectado a toda la península. Mientras en el sistema del Tormes los embalses como Santa Teresa rozan el 80% y sueltan agua preventivamente para defender a la ciudad de Salamanca, en el sur la situación ha sido aún más drástica.
En Andalucía, el embalse de Iznájar —el gigante de la comunidad— ha duplicado sus reservas en apenas dos semanas, pasando de un crítico 25% a superar el 50%, algo que no se veía en una década. La intensidad ha sido tal que la AEMET llegó a advertir de escenarios de saturación del suelo con impactos "de los más altos del mundo", provocando que en lugares como Grazalema (Cádiz) el agua brotara directamente del suelo, obligando a evacuaciones preventivas.
Del abastecimiento a la "laminación". Lo relevante de estas semanas no es solo que haya llovido, sino cómo hemos gestionado esa lluvia. Sanz de Galdeano pone el dedo en la llaga: "Estas infraestructuras fueron construidas fundamentalmente para el abastecimiento de agua, no específicamente para laminar avenidas". Sin embargo, su inmensa capacidad de almacenamiento ha permitido cambiar su función sobre la marcha. Las presas han actuado como amortiguadores gigantes. "Tienen un volumen suficiente como para jugar con las reservas, generar hueco y retener agua en los momentos más críticos", señala el director de URA.
La advertencia de Sanz de Galdeano tiene respaldo científico. Un estudio sobre la efectividad de las presas frente al cambio climático confirma que las infraestructuras diseñadas con "datos históricos" están operando a ciegas ante la nueva realidad. Los modelos antiguos no contaban con esta variabilidad extrema, bajo escenarios de calentamiento severo, el riesgo de desbordamiento de las grandes presas podría multiplicarse hasta por 17 en comparación con los registros históricos. La conclusión es técnica pero aterradora: la eficacia de una presa disminuye drásticamente bajo regímenes hidrológicos extremos si no se aplica una gestión adaptativa.
Este exceso de agua ha tenido un efecto secundario inesperado en el mercado energético: la "pila" de España está tan cargada (un 117% más de energía hidroeléctrica almacenada que el año pasado) que la energía nuclear ha dejado de ser competitiva. La central de Trillo, por ejemplo, se ha desconectado de la red porque, ante tal abundancia de agua turbinable, los números simplemente "no casaban".
Coreografía de compuertas. La matemática de precisión que decide cuánta agua te llega a casa. La gestión de estas crisis es una coreografía de precisión que Sanz de Galdeano define gráficamente como trabajar "con un ojo en el río y otro en el cielo". La clave técnica reside en el "resguardo": el espacio vacío que se deja deliberadamente en el embalse antes de que llegue la lluvia para poder tragarse la crecida.
El director de URA detalla cómo se aplica esto de forma diferente según la capacidad de cada sistema:
En el Zadorra (Alta regulación): Estas presas controlan el 60% de la cuenca aguas arriba. Esto permite una intervención drástica. Las cifras del domingo por la noche son el mejor ejemplo: al sistema entraban 260 metros cúbicos por segundo de agua furiosa, pero las compuertas solo dejaban salir 54. Esa diferencia (más de 200 m³/s retenidos) es la inundación que se evitó.
En Añarbe (Menor regulación): Aquí la presa solo controla el 23% de la cuenca. La mayor parte del agua del río circula libre, por lo que el margen de maniobra es menor. Aun así, la estrategia es la misma: cuando el río baja alto, se cierran compuertas para retener "al máximo posible".
Todo esto se realiza bajo una coordinación administrativa compleja pero fluida entre URA, la Confederación Hidrográfica del Ebro y la del Cantábrico.
No todas las barreras son iguales. En este contexto de presas salvadoras, surge una duda razonable: ¿por qué entonces se están demoliendo algunas presas en los ríos vascos? Sanz de Galdeano hace una distinción crucial entre las grandes infraestructuras de regulación y los pequeños azudes. "No se trata de grandes infraestructuras como las del Zadorra, sino de estructuras de pequeña altura que no tienen capacidad real para gestionar avenidas", aclara. La eliminación de estos pequeños obstáculos responde a dos lógicas:
Ambiental: permiten que los peces y la fauna remonten el río, mejorando la salud ecológica.
Hidráulica: Aunque parezca contradictorio, estos pequeños muros pueden elevar la lámina de agua en inundaciones locales, empeorando el problema en vez de solucionarlo.
Sin embargo, las grandes presas tienen su propio enemigo silencioso: los sedimentos. Expertos y organizaciones como Greenpeace advierten de que las lluvias torrenciales arrastran toneladas de lodo que se acumulan en el fondo de los embalses, restándoles capacidad real (ese "hueco" del que hablaba Galdeano) y bloqueando los desagües de fondo, vitales para la seguridad. El estudio científico citado anteriormente corrobora este riesgo: la sedimentación reduce la capacidad de almacenamiento efectiva y compromete la función de control de inundaciones a largo plazo, acortando la vida útil funcional de la presa.
La lección de este mes. Este episodio ha servido como un "test de estrés" a gran escala para la infraestructura hídrica española. Hemos visto cómo presas diseñadas con datos y necesidades del siglo XX se están adaptando forzosamente a la realidad climática del siglo XXI.
José María Sanz de Galdeano resume la filosofía que ha evitado el desastre esta semana: "Frenamos la crecida reteniendo en las presas el caudal que les llega". Una maniobra que parece sencilla sobre el papel, pero que requiere una vigilancia constante y una infraestructura robusta. Porque aunque el agua hoy nos sobre y apague centrales nucleares, la capacidad de gestionarla —ya sea para guardarla o para frenarla— sigue siendo la línea que separa el recurso de la catástrofe.