La defensa española del último siglo se ha construido a base de equilibrios delicados: primero la dependencia casi total de aliados extranjeros, luego la integración en grandes consorcios internacionales y, más tarde, la comodidad de comprar fuera lo que no se sabía o no se quería fabricar dentro. Ese modelo, nacido al calor de la OTAN y de la Europa industrial de la posguerra, funcionó mientras el tablero geopolítico fue estable.
Hoy, sin embargo, empieza a mostrar grietas que obligan a replantear alianzas.
El “modo soberanía”. Sí, España ha dado un giro abrupto y poco habitual en su política industrial militar al activar un “modo soberanía” que combina rearme acelerado y ruptura tecnológica con aliados tradicionales.
Una decisión forzada por el embargo político a Israel y el deterioro del entorno estratégico europeo pero convertida en estrategia de Estado: el país ha asumido que, sin industria propia, cualquier capacidad militar es frágil en un escenario de guerra real. El resultado es una decisión de calado: fabricar en casa lanzacohetes y obuses clave para el Ejército, aunque ello implique más costes, más riesgos y plazos más largos.
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El SILAM como punto de ruptura. El programa del Sistema Lanzador de Alta Movilidad se ha convertido en la pieza simbólica de esta catarsis industrial, al pasar de un diseño basado en tecnología israelí de Elbit Systems a una solución completamente nacional. No solo eso, por el camino se ha descartado tanto a proveedores israelíes como a la alternativa estadounidense de Lockheed Martin, pese a que sus misiles ofrecían una salida rápida y probada.
La decisión de seguir adelante sin atajos refleja una apuesta consciente por no depender de licencias, vetos políticos o limitaciones operativas externas, aunque implique retrasos y asumir que, durante años, España carecerá de ciertas capacidades de ataque de medio y largo alcance plenamente maduras. Si se quiere, es una apuesta estratégica que sacrifica velocidad a cambio de control, algo poco habitual en la historia reciente de la defensa nacional.
Armada
Una alianza y nacionalizar cerebro y músculo. La unión entre Escribano Mechanical & Engineering y GMV materializa esta estrategia al concentrar en España tanto la plataforma industrial como los sistemas digitales críticos.
De esta forma, tanto el lanzacohetes SILAM como los nuevos obuses ATP llevarán dirección de tiro, navegación, mando y control a través de la fabricación de diseños, código y mantenimiento íntegramente en España. Dicho de otra forma, en teoría, esto elimina dependencias en los componentes más sensibles y garantiza control total sobre el ciclo de vida de los sistemas, desde la integración inicial hasta su uso en combate y su mantenimiento en caso de conflicto prolongado.
Un rearme masivo. Además, el plan no se limita al SILAM y se apoya en un programa de artillería autopropulsada sobre ruedas y cadenas valorado en más de 7.800 millones de euros, un escenario liderado por Indra junto a EM&E.
La integración de sistemas permitirá que las baterías reciban objetivos, calculen trayectorias y abran fuego en segundos. Esta digitalización completa responde al modelo de guerra de alta intensidad que promueve la OTAN, donde la velocidad de decisión "apunta" a ser tan decisiva como la potencia de fuego.
Tensiones legales y excepciones. Qué duda cabe, el calado de este viraje soberanista avanza entre fricciones, como demuestra el recurso judicial de Santa Bárbara Sistemas, filial de General Dynamics, contra los préstamos públicos concedidos a Indra y EM&E.
Al mismo tiempo, el Gobierno ha tenido que activar cláusulas de excepcionalidad al embargo israelí para proteger programas estratégicos de Airbus. Es decir, que la soberanía industrial, en la práctica, avanza a trompicones y obliga a constantes equilibrios entre principios políticos, empleo y compromisos internacionales.
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El horizonte. En paralelo, la creciente posición de EM&E como accionista clave en el capital de Indra y su alianza tecnológica con GMV refuerzan o alimentan la idea de un futuro campeón nacional capaz de competir con gigantes europeos como la todopoderosa Rheinmetall o Leonardo.
El Ejecutivo, por si acaso, observa esta posibilidad con cautela, consciente de los riesgos de concentración y conflictos de interés. En cualquier caso, el mensaje estratégico ya está lanzado: España ha decidido dejar de ser solo cliente del mercado global de armas para intentar controlar, por primera vez en décadas, su propia capacidad militar.
Imagen | EM&E, Armada
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La noticia
España ha activado el “modo soberanía” con un rearme insólito: un portazo a Israel para fabricar lanzacohetes y obuses en casa
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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España ha activado el “modo soberanía” con un rearme insólito: un portazo a Israel para fabricar lanzacohetes y obuses en casa
España quiere dejar de ser solo cliente de armas para convertirse, por primera vez, en un fabricante con control sobre su propia capacidad militar
La defensa española del último siglo se ha construido a base de equilibrios delicados: primero la dependencia casi total de aliados extranjeros, luego la integración en grandes consorcios internacionales y, más tarde, la comodidad de comprar fuera lo que no se sabía o no se quería fabricar dentro. Ese modelo, nacido al calor de la OTAN y de la Europa industrial de la posguerra, funcionó mientras el tablero geopolítico fue estable.
El “modo soberanía”. Sí, España ha dado un giro abrupto y poco habitual en su política industrial militar al activar un “modo soberanía” que combina rearme acelerado y ruptura tecnológica con aliados tradicionales.
Una decisión forzada por el embargo político a Israel y el deterioro del entorno estratégico europeo pero convertida en estrategia de Estado: el país ha asumido que, sin industria propia, cualquier capacidad militar es frágil en un escenario de guerra real. El resultado es una decisión de calado: fabricar en casa lanzacohetes y obuses clave para el Ejército, aunque ello implique más costes, más riesgos y plazos más largos.
El SILAM como punto de ruptura. El programa del Sistema Lanzador de Alta Movilidad se ha convertido en la pieza simbólica de esta catarsis industrial, al pasar de un diseño basado en tecnología israelí de Elbit Systems a una solución completamente nacional. No solo eso, por el camino se ha descartado tanto a proveedores israelíes como a la alternativa estadounidense de Lockheed Martin, pese a que sus misiles ofrecían una salida rápida y probada.
La decisión de seguir adelante sin atajos refleja una apuesta consciente por no depender de licencias, vetos políticos o limitaciones operativas externas, aunque implique retrasos y asumir que, durante años, España carecerá de ciertas capacidades de ataque de medio y largo alcance plenamente maduras. Si se quiere, es una apuesta estratégica que sacrifica velocidad a cambio de control, algo poco habitual en la historia reciente de la defensa nacional.
Armada
Una alianza y nacionalizar cerebro y músculo. La unión entre Escribano Mechanical & Engineering y GMV materializa esta estrategia al concentrar en España tanto la plataforma industrial como los sistemas digitales críticos.
De esta forma, tanto el lanzacohetes SILAM como los nuevos obuses ATP llevarán dirección de tiro, navegación, mando y control a través de la fabricación de diseños, código y mantenimiento íntegramente en España. Dicho de otra forma, en teoría, esto elimina dependencias en los componentes más sensibles y garantiza control total sobre el ciclo de vida de los sistemas, desde la integración inicial hasta su uso en combate y su mantenimiento en caso de conflicto prolongado.
Un rearme masivo. Además, el plan no se limita al SILAM y se apoya en un programa de artillería autopropulsada sobre ruedas y cadenas valorado en más de 7.800 millones de euros, un escenario liderado por Indra junto a EM&E.
La integración de sistemas permitirá que las baterías reciban objetivos, calculen trayectorias y abran fuego en segundos. Esta digitalización completa responde al modelo de guerra de alta intensidad que promueve la OTAN, donde la velocidad de decisión "apunta" a ser tan decisiva como la potencia de fuego.
Tensiones legales y excepciones. Qué duda cabe, el calado de este viraje soberanista avanza entre fricciones, como demuestra el recurso judicial de Santa Bárbara Sistemas, filial de General Dynamics, contra los préstamos públicos concedidos a Indra y EM&E.
Al mismo tiempo, el Gobierno ha tenido que activar cláusulas de excepcionalidad al embargo israelí para proteger programas estratégicos de Airbus. Es decir, que la soberanía industrial, en la práctica, avanza a trompicones y obliga a constantes equilibrios entre principios políticos, empleo y compromisos internacionales.
El horizonte. En paralelo, la creciente posición de EM&E como accionista clave en el capital de Indra y su alianza tecnológica con GMV refuerzan o alimentan la idea de un futuro campeón nacional capaz de competir con gigantes europeos como la todopoderosa Rheinmetall o Leonardo.
El Ejecutivo, por si acaso, observa esta posibilidad con cautela, consciente de los riesgos de concentración y conflictos de interés. En cualquier caso, el mensaje estratégico ya está lanzado: España ha decidido dejar de ser solo cliente del mercado global de armas para intentar controlar, por primera vez en décadas, su propia capacidad militar.