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Economía

España no es inmune al mosaico de Irán

España no es inmune al mosaico de Irán
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La volatilidad seguirá presente en los mercados financieros, y las presiones inflacionistas condicionando la senda de crecimiento. Leer
OPINIÓNEspaña no es inmune al mosaico de Irán
  • ALICIA CORONIL JÓNSSON
Actualizado 14 ABR. 2026 - 11:59

La volatilidad seguirá presente en los mercados financieros, y las presiones inflacionistas condicionando la senda de crecimiento.

La falta de un acuerdo de paz entre EEUU e Irán, tras las negociaciones auspiciadas por Pakistán, no cierra por el momento la vía diplomática al menos hasta que expire el alto al fuego fijado por ambos países el próximo 22 de abril. Sin embargo, la Administración Trump ha realizado un giro en su estrategia al anunciar el bloqueo militar del estrecho de Ormuz en lugar de acelerar una ofensiva militar sobre el corazón energético iraní de la isla de Jarg.

Una decisión que tiene como objetivo principal frenar las exportaciones récord de crudo de Irán desde que estalló el conflicto -que habría alcanzado niveles no observados desde 1978- y, con ello, la capacidad del régimen de los ayatolás de financiar su ofensiva militar híbrida y sostener la frágil situación económica que atraviesa el país en los últimos dos años. A su vez, con este paso busca presionar a China, cuyo suministro de crudo procede un 45% del golfo Pérsico, a que se implique en la reapertura de Ormuz y el libre tránsito de buques sin el pago de un peaje a Irán. Sin olvidar que la capacidad ofensiva asimétrica del régimen teocrático no ha sido ajena al apoyo invisible de Rusia y China

En un contexto en el que Irán no se muestra por el momento dispuesto a acceder a las principales líneas rojas marcadas por EEUU sobre su plan nuclear y la apertura del estrecho de Ormuz. Una realidad que confirma que la crisis de confianza entre ambas partes representa un claro escollo en las negociaciones, y dificulta lograr un acuerdo de paz definitivo, especialmente al mantener el régimen de los ayatolás sus posturas maximalistas y su poder de coerción económica con el control efectivo del estrecho de Ormuz. Sin olvidar que, durante las últimas décadas, y a pesar de las sanciones internacionales y la precaria situación económica, la teocracia ha logrado crear un tejido industrial, militar y político capaz de resistir un conflicto prolongado.

Riesgos de la estructura

La estructura de mosaico del régimen de Irán, hasta el momento, ha facilitado su supervivencia, ya que ninguna pieza institucional, ideológica o militar cuenta con poder suficiente para lograr que colapse el sistema autoritario creado en 1979. Así, la muerte del Líder Supremo de Irán, Alí Jameneí, el pasado 28 de febrero no provocó la caída de la teocracia, si bien es cierto que en la actualidad la Guardia Revolucionaria de Irán apuesta por ganar peso en el actual equilibrio de poderes.

A pesar de que la estrategia de la Administración Trump parece seguir el guión de la aplicada a Venezuela antes de que se produjera la extracción del dictador Maduro, indiscutiblemente entraña más incertidumbres ante el diseño del régimen teocrático, y mayores riesgos geoeconómicos. En concreto, Irán seguirá sus ataques con drones a las infraestructuras críticas de los países del Golfo Pérsico y, como medida extrema, podría bloquear el estrecho Bab el-Mandeb con el apoyo de la milicia proxi hutí en Yemen. Un movimiento que cerraría la salida de aproximadamente 7 millones de barriles diarios de petróleo de Arabia Saudí a través de una de las puertas del mar Rojo, y que agravaría la situación del mercado energético, de las cadenas de valor y del comercio mundial.

A la espera de cómo evolucione la guerra en Oriente Próximo, la consecuencia directa del fracaso de esta primera ronda de negociaciones es el retraso de la apertura del estrecho de Ormuz y, con ello, la progresiva normalización del tráfico marítimo. El régimen de los ayatolás apuesta por infringir el mayor daño posible a la economía mundial y reducir las opciones electorales del Partido Republicano en las elecciones midterm. De ahí la urgencia de Trump por abrir Ormuz, o en su defecto avanzar en su desminado y crear un paso alternativo, para lo que será clave la colaboración del resto de países aliados del golfo Pérsico, Europa y Asia-Pacífico. Un escenario que podría emerger a medida que se intensifiquen los efectos en cascada de la mayor crisis energética de la historia.

Ante la falta de visibilidad sobre la evolución del doble bloqueo del estrecho de Ormuz y de la tregua entre EEUU e Irán, crece el riesgo de un agravamiento de la crisis energética en las próximas semanas. En Europa, entre otros efectos, los aeropuertos han advertido de que la escasez de queroseno en tres semanas podría poner en jaque la campaña estival y, con ello, las perspectivas de crecimiento de los países con mayor exposición al turismo como es el caso de España.

Revisiones a la baja

En una coyuntura previa en la que el impacto inicial de la Guerra en Irán ya ha provocado una revisión a la baja de las expectativas de avance del PIB en la zona euro y sus principales Estados Miembros, limitando actualmente la tasa de crecimiento de Alemania este año a un 0,6% anual frente al 1,2% estimado a finales de 2025. Al mismo tiempo que se proyecta un mayor deterioro de perspectivas de crecimiento de Reino Unido o Francia, por lo que el efecto "destino refugio" del sector turístico español podría verse contrarrestado por el repunte de los precios energéticos, la reducción de rutas comerciales aéreas, el encarecimiento de las tarifas de transporte de pasajeros y la mayor cautela de los hogares europeos.

En este sentido, las primeras consecuencias de la guerra en Oriente Medio y de la crisis energética se han reflejado en la tasa de inflación general de la zona euro, repuntando en marzo a su mayor nivel desde enero de 2025, de un 2,5% interanual. Al mismo tiempo que, a pesar de la independencia energética de la primera potencia mundial, la tensión sobre los mercados energéticos por la caída de la oferta de crudo y GNL ha situado la variación interanual del IPC general de EEUU en su mayor registro desde mayo de 2024 de un 3,3%. En un entorno en el que se ha observado un significativo incremento de las expectativas de inflación de los consumidores europeos y estadounidense a niveles no observados en los últimos tres años.

Paralelamente, la falta de suministro desde el Golfo Pérsico de insumos clave para la producción de fertilizantes y de otras materias primas estratégicas generará impactos negativos adicionales sobre los precios, la inversión y el consumo de los hogares. Un sumatorio de efectos a los que la economía española tampoco será ajena.

Ante este complejo escenario geoeconómico global y sus daños estructurales potenciales, la volatilidad seguirá presente en los mercados financieros y las presiones inflacionistas continuarán condicionando la senda de crecimiento, en un contexto en el que tras la pandemia las autoridades económicas cuentan con un menor margen de maniobra.

A la espera de la próxima decisión del BCE sobre el coste del dinero en su reunión de este mes, y en una coyuntura en la que el sector privado ya percibe las consecuencias del repunte de la inflación, de las condiciones financieras y de la incertidumbre, la responsabilidad del Gobierno de España debería trascender los intereses electorales y partidistas. Los retos presentes y futuros que deberán abordar la sociedad y las empresas españolas hacen necesario recuperar la centralidad y acelerar estrategias compartidas con los países europeos y del G-7, en lugar de apostar por crear nuevas dependencias con China, con una estrategia geoeconómica no exenta de elementos coercitivos y expansionistas como en el caso de Taiwán.

Alicia Coronil Jónsson, economista jefe de Singular Bank y asesora del Círculo de Empresarios

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Fuente original: Leer en Expansión
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