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España, récord de donantes tras la eutanasia: un 14% ofrece sus órganos frente al 0,3% de otros países como Bélgica o Canadá

España, récord de donantes tras la eutanasia: un 14% ofrece sus órganos frente al 0,3% de otros países como Bélgica o Canadá
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En cinco años se han multiplicado por diez las donaciones, «lo que confirma que esta cultura está muy arraigada en la sociedad», dice Beatriz Domínguez-Gil, responsable de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT)

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Operación de un trasplante de corazón. AFP España, récord de donantes tras la eutanasia: un 14% ofrece sus órganos frente al 0,3% de otros países como Bélgica o Canadá

En cinco años se han multiplicado por diez las donaciones, «lo que confirma que esta cultura está muy arraigada en la sociedad», dice Beatriz Domínguez-Gil, responsable de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT)

José Antonio Guerrero

Madrid

Lunes, 9 de febrero 2026, 00:22

... intervención, llevada a cabo con éxito en el hospital Vall d'Hebron de Barcelona, se dio a conocer hace justo una semana y puso también el foco en la generosidad de una mujer que quiso donar sus órganos, entre ellos su cara, tras recibir ayuda para morir. Como la donante anónima de Carme, el año pasado hasta 72 pacientes con enfermedades graves y un sufrimiento extremo no solo solicitaron la eutanasia, sino que expresaron su deseo de donar sus órganos a otras personas. España, que lleva más de 30 años encabezando el ránking mundial de donaciones, también bate récords en las donaciones de órganos de personas fallecidas en estas circunstancias.

En 2024 (últimos datos proporcionados por el Ministerio de Sanidad), se realizaron 426 prestaciones de ayuda para morir en todo el país, y de ellas 63 personas donaron sus órganos (un 14,8%). En este campo, España lleva una ventaja abismal sobre otros países con más trayectoria como Bélgica, Holanda y Canadá, donde no se alcanza el 1%.

En Canadá, por ejemplo, a lo largo de 2024 se registraron 16.499 fallecidos por eutanasia y sólo se contabilizaron 62 donantes, el 0,38%. En Bélgica, de 3.991 hubo trece donantes, el 0,32%, el mismo porcentaje que en Países Bajos (9.958 eutanasias y 32 donantes).

La directora general de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), Beatriz Domínguez-Gil, pone el acento «en la extraordinaria generosidad» de las personas que deciden donar sus órganos tras fallecer por eutanasia, un fenómeno que refleja una cultura de la donación «profundamente arraigada en nuestra sociedad», como lo confirma que «llevemos más de 30 años encabezando el ranking mundial de donación de órganos».

España comenzó a desarrollar la donación tras eutanasia en 2021, el mismo año en que se aprobó la ley que regula esta prestación. Domínguez-Gil subraya que este proceso no fue impulsado «de forma proactiva» por el sistema de trasplantes, sino que surgió «de manera reactiva» ante las peticiones de los propios pacientes. Ante estas solicitudes, la ONT desarrolló un protocolo específico que prioriza el confort del paciente y el respeto absoluto a sus deseos. Una vez autorizada la eutanasia, quienes manifiestan su voluntad de ser donantes reciben información directa de los coordinadores de trasplantes, profesionales especialmente formados para resolver dudas y acompañar en el proceso. Cada procedimiento se diseña de forma individualizada, evitando generar un sufrimiento añadido y adaptándose a las preferencias personales de cada paciente.

Mayor carga emocional

A diferencia de la donación convencional, estos profesionales hablan directamente con el propio donante, «que expresa sus deseos en primera persona ante la inminencia de su propio fallecimiento». Esta circunstancia supone un cambio profundo en el enfoque y una mayor carga emocional para los equipos «por cuestiones de empatía y de conexión con esa persona», precisa Domínguez-Gil.

Desde el punto de vista organizativo, la donación tras eutanasia solo es posible si el fallecimiento se produce en el hospital, ya que los órganos se deterioran rápidamente tras la muerte. Aunque en algunos casos se permite una sedación previa en el domicilio para respetar el deseo del paciente de despedirse en su hogar, la aplicación de la eutanasia debe realizarse en el entorno hospitalario. Este requisito explica por qué países como Suiza, donde predomina el suicidio médicamente asistido –normalmente fuera del hospital– no realizan este tipo de donaciones.

El perfil más habitual de estos donantes corresponde a personas en torno a los 60 años, con enfermedades neurodegenerativas como ELA, párkinson, o esclerosis múltiple. Domínguez-Gil recuerda que muchas solicitudes de eutanasia por patologías oncológicas no pueden culminar en donación por contraindicación médica, lo que hace aún más relevante el porcentaje del 14% alcanzado.

La directora de la ONT reconoce el impacto de casos excepcionales, como la reciente donación de cara a Carme. «Impresiona por supuesto», dice, y aunque insiste en que todas las donaciones son «un acto de generosidad y de amor al prójimo», llama la atención que una mujer «en unas circunstancias de enorme sufrimiento, que muchos no podemos ni imaginar sea capaz de pensar en otros, y decir sí a todo, incluyendo la cara. Eso nos recuerda lo generosa y altruista que es nuestra sociedad».

«Muchos aceptan ser sedados en casa para facilitar la donación»

Fernando Marín, vicepresidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente, explica que los donantes son mayoritariamente pacientes con enfermedades neurodegenerativas, que generan un sufrimiento intenso, pero que no afectan a órganos vitales, lo que hace posible la donación. Marín subraya que la decisión de recurrir a la eutanasia está estrechamente vinculada a la concepción personal de la dignidad y del sentido de la vida. En ese contexto, cuando durante la tramitación de la eutanasia se plantea la posibilidad de donar órganos, la mayoría, según apunta, responde afirmativamente y todos reciben las explicaciones y respuestas a sus dudas a cargo del equipo médico.

A su juicio, resulta especialmente significativo que muchas personas estén dispuestas a adaptar sus últimos deseos –como ser sedados en su domicilio– para trasladarse al hospital y hacer posible la donación, que sólo se puede realizar en estos entornos. Marín recuerda que no todas las personas que acceden a la eutanasia pueden ser donantes: aproximadamente la mitad queda descartada por edad avanzada, cáncer u otras patologías que contraindican la donación por motivos de seguridad. Aun así, el porcentaje del 14% es muy superior al de otros países que han regulado la ayuda para morir. Apunta en este sentido que, a medida que la eutanasia se normalice y aumente el número de solicitudes («lo razonable es que se multiplique por diez», indica) crecerá el número de donantes de forma proporcional.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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