Luis de la Fuente, pensativo durante el partido contra Cabo Verde. REUTERS
Mundial de fútbol 2026 España se ampara en Luis de la Fuente: una reacción obligada y varios antecedentes que invitan al optimismoEl seleccionador nacional salió campeón de Europa sub21 y subcampeón olímpico después de tener un amargo debut como el de Cabo Verde. Arabia supondrá un reto para el de Haro de dar con la tecla y revertir la situación.
Más información:Desastre ante Cabo Verde: España debuta en el Mundial con un empate sin goles contra la 'cenicienta' de su grupo
Guillermo Echeverría Publicada 20 junio 2026 04:20h Actualizada 20 junio 2026 09:27hEl amargo debut frente a Cabo Verde ha dejado un regusto agridulce y una evidente necesidad de autocrítica en el entorno de la selección española. Lo que en la previa se planteaba como un estreno idóneo para ganar confianza y rodaje se transformó en un encuentro espeso, un atasco táctico que ha rebajado la euforia inicial.
El runrún exterior suele activarse rápido en estos escenarios, apuntando habitualmente a los futbolistas, a la falta de frescura en la circulación o a la desconexión puntual en las áreas.
Sin embargo, reducir el análisis del estreno a un simple problema de actitud de los internacionales sería trazar un diagnóstico incompleto. España se ha topado con el primer bache del camino, y la reacción que se vislumbra en el horizonte no pasa únicamente por una cuestión de orgullo propio.
Lamine Yamal y un dilema como Torres en 2010: España acelera con su estrella para recuperar el brillo perdidoEl equipo necesita dar un paso adelante, y para conseguir ese necesario golpe sobre la mesa ante Arabia Saudí, la clarividencia de Luis de la Fuente desde el banquillo se antoja fundamental. Es la hora de su lectura de juego y de su capacidad para reconducir el rumbo.
Afrontar el segundo compromiso de un torneo con la obligación de disipar las dudas de golpe no significa, ni mucho menos, que la Selección llegue con la soga al cuello. El margen de maniobra sigue intacto, pero el fútbol de alta competición no concede treguas.
Si algo ha caracterizado la exitosa trayectoria del técnico riojano en las categorías inferiores y en la Absoluta, es su calma natural para gestionar los momentos de incertidumbre.
Luis de la Fuente habla con sus jugadores durante el partido contra Cabo Verde. REUTERS
De la Fuente no es un entrenador inmovilista que se deje llevar por la inercia del primer plan; es un estratega concienzudo, un hombre de fútbol que sabe cuándo conviene introducir matices y agitar el árbol para reactivar a sus futbolistas.
La historia de sus grandes conquistas demuestra que sus mejores plantillas no siempre necesitaron un inicio perfecto, sino una evolución constante a lo largo del certamen.
Acostumbrado a este escenario
La memoria del fútbol es el mejor analgésico para los momentos de duda. Los antecedentes de Luis de la Fuente en los torneos cortos reflejan a un conductor de grupos que sabe reaccionar a tiempo cuando el guion inicial se tuerce de forma inesperada.
El precedente más esclarecedor y recordado nos traslada al Europeo sub21 de 2019. Aquella magnífica generación española debutó en Bolonia sufriendo un doloroso tropiezo por 3-1 ante la anfitriona, Italia.
El panorama tras los primeros 90 minutos invitaba al pesimismo generalizado, pero, lejos de dejarse arrastrar por las urgencias o de mantener el mismo bloque por simple inercia, De la Fuente demostró su personalidad.
Introdujo variaciones sustanciales en el once titular, reajustó la sala de máquinas y otorgó un protagonismo definitivo a futbolistas que habían partido desde el banquillo en el estreno, como Dani Olmo o un imperial Fabián Ruiz, que terminó siendo proclamado el mejor jugador del campeonato.
España se proclama campeona de Europa Sub21. REUTERS
Aquella selección no solo se levantó, sino que creció exponencialmente en cada eliminatoria hasta terminar alzando el trofeo continental en la gran final frente a Alemania. La intervención del de Haro fue el catalizador de la metamorfosis.
Dos años más tarde, la historia volvió a exigir capacidad de adaptación en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. El estreno en tierras japonesas frente a Egipto se saldó con un gris y accidentado empate a cero.
Para colmo de males, aquel debut no solo restó dos puntos, sino que dejó por el camino las preocupantes lesiones de Óscar Mingueza y del timonel del equipo, Dani Ceballos. El viento soplaba de cara para el escepticismo, pero el cuerpo técnico supo mantener el pulso firme.
España logra la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio.
De la Fuente reordenó las piezas tácticas sobre la marcha, dosificó los esfuerzos en un contexto de enorme exigencia física y mental, y potenció la versatilidad de un grupo humano que acabó plantándose en la final ante Brasil para colgarse una valiosísima medalla de plata.
Es evidente que su currículum también contempla inicios plácidos. En el Europeo Sub-19 de 2015, celebrado en Grecia, España arrancó con paso firme y contundente, endosándole un inapelable 3-0 a Alemania gracias a la efectividad de hombres como Mikel Merino y Borja Mayoral, sentando las bases de un torneo que también acabó ganando.
La pizarra ante Arabia
El valor de los antecedentes sirve como aval, pero el fútbol se escribe rigurosamente en el presente. El choque contra Arabia Saudí se presenta como el escenario ideal para que España demuestre su verdadera identidad y firme ese necesario golpe de autoridad.
El conjunto asiático propondrá, con total seguridad, un entramado muy físico, con líneas juntas y una tremenda intensidad en las disputas. Para resquebrajar ese bloque, la respuesta de la Selección debe nacer de una simbiosis perfecta entre la inspiración de los jugadores y la estrategia diseñada en el banquillo.
El partido ante Cabo Verde dejó la lección de que el exceso de horizontalidad y la falta de profundidad facilitan la tarea del rival replegado. Esperar que el panorama cambie por arte de magia sin alterar ningún factor sería un error que De la Fuente no va a cometer.
España enseña sus costuras sin Lamine ni Nico: 27 tiros, 0 goles y un empate que reabre el debate sobre el plan ofensivoSu pizarra debe entrar en juego para proponer alternativas que aporten mayor dinamismo: la búsqueda de extremos puros que ensanchen el campo de par en par, una circulación de balón mucho más vertical y agresiva, y la incorporación de centrocampistas que rompan desde atrás para descolocar la zaga contraria.
La obligada reacción, por lo tanto, no será fruto de la casualidad ni de un arrebato de orgullo aislado. Llegará a través de la lucidez del técnico para detectar qué perfiles se adaptan mejor a las exigencias tácticas de esta segunda cita y qué futbolistas del banquillo pueden ofrecer ese ritmo extra que faltó en el debut.
Modificar alturas en la presión, agilizar la salida de balón y refrescar los roles ofensivos son las herramientas que el seleccionador tiene a su disposición. España cuenta con el talento humano y, sobre todo, con la experiencia de un entrenador que ya sabe lo que es transformar un inicio dubitativo en el prólogo de un gran éxito.