La contracrónica del España - Arabía Saudí.
Mikel Oyarzabal, marcando el tercer gol de España- JUAN IGNACIO GARCÍA-OCHOA
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diez minutos. Eso fue lo que tardó España con el gol de Lamine en recordar quién era y, sobre todo, en recordárselo a todos los demás. Diez minutos para espantar las dudas, silenciar el ruido generado tras el inesperado empate ante Cabo Verde y dejar casi sellado el billete para la siguiente ronda. España ya está en el Mundial. Llegó tarde, pero ya está. Y está porque cuando juega como sabe, cuando aprieta desde el principio y se toma el asunto en serio, es una de las mejores selecciones del planeta.
Lo de Arabia Saudí fue un ciclón. Un vendaval de pases, movimientos, velocidad y precisión. El mismo fútbol de siempre, el que ha convertido a esta selección en una de las favoritas para el Mundial, pero ejecutado con la intensidad que faltó en el estreno. Se confirma por tanto, y es una extraordinaria noticia, que lo ocurrido ante Cabo Verde fue más un accidente que una tendencia. Un mal día. Una tarde en la que España salió relajada, convencida de que el trabajo se haría solo.
Las críticas llegaron rápido y probablemente también ayudaron a despertar. Algunas, merecidas. Otras, seguramente excesivas. Porque en España siempre nos movemos entre extremos. El inesperado empate nos empujó al pesimismo más profundo, al igual que esta exhibición nos devuelve de inmediato al grupo de favoritos. Pasamos del blanco al negro con una facilidad pasmosa y esta selección lo ha vuelto a comprobar en apenas unos días. España merecía bastante más crédito del que recibió tras tropezar con Cabo Verde. Era el mismo equipo que llevaba dos años enamorando y ganando, el mismo que ahora ha desarbolado a Arabia Saudí sin despeinarse.
Así que sí, España vuelve a ser favorita. Al menos hasta el próximo tropiezo, porque somos así y porque la exageración forma parte del paisaje español.
Oyarzabal, delantero con mayúsculas
Si algo dejó el partido ante Arabia Saudí es la confirmación, una vez más, de que Mikel Oyarzabal es mucho más delantero de lo que se le reconoce. Pasó de no tocar un balón en la primera media hora ante Cabo Verde a firmar dos goles y una asistencia en la primera media hora frente a los saudíes. Esa estadística tan cruel en el debut que se uso como arma arrojadiza trataba de esconder lo que es Oyarzabal: un atacante completísimo, generoso, eficaz y con bastante menos marketing del que merece. España hace mucho tiempo que tiene delantero y es gracias a De la Fuente.
Baena se gana el puesto
El partidazo de Álex Baena fue otra de las mejores noticias de la tarde. Se coló en el once y respondió con un recital de fútbol asociativo, apareciendo constantemente por dentro, ofreciendo líneas de pase, acelerando cada posesión con uno o dos toques y conectando con todos sus compañeros. Baena tuvo una capacidad extraordinaria para darle continuidad al juego y para interpretar dónde estaba la ventaja, casi siempre por dentro para dejar el pasillo a Cucurella. Su actuación invita a pensar que se ha ganado algo más que una oportunidad puntual, sino que se ha ganado un sitio en el once, sobre todo mientras Nico no eche la puerta abajo tras la lesión.
De la Fuente casi siempre tiene razón
Por encima de todo vuelve a salir reforzada la figura de Luis de la Fuente. Conviene confiar en él porque rara vez se deja llevar por el ruido exterior. No se pone nervioso, no cae en el dramatismo y toma decisiones con serenidad. No le tembló el pulso después de la gris actuación ante Cabo Verde e introdujo cuatro cambios sin mirar el qué dirán y recuperó de un plumazo la identidad de España. De la Fuente tiene una idea clara de equipo y maneja el grupo con naturalidad, por lo que seguro que ningún jugador se sintió señalado. Otra lección de De la Fuente, que casi siempre acaba teniendo razón.
Un poquito de Lamine antes de la explosión
El partido ante Arabia sirvió también para seguir rodando a Lamine. Fue titular, marcó el primer gol de la tarde, dejó un par de detalles y tras el descanso se quedó en el vestuario. Poco a poco con Lamine, que ante tiene el protocolo pautado para jugar 60 minutos ante Uruguay y el partido completo en dieciseisavos. Si el marcador permite darle más descanso, perfecto, pero la buena noticia es que el crack de España ya está listo.
¡Tres faltas y tres amarillas en dos partidos!
Tiene que ser récord. Seguro. España solo ha recibido tres faltas en todo el Mundial. Y en las tres, sus rivales vieron amarilla. Una ante Cabo Verde y dos ante Arabia Saudí. No se puede quejar la Selección de que los rivales estén intentando interrumpir su juego con faltas. Cabo Verde se encerró y Arabia lo intentó, pero no pudo. Otra cosa será Uruguay, que el otro fútbol lo maneja mejor que estas dos selecciones. Seguro que esta estadística salta por los aires.
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