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España tiene suelo, pero no casas: el atasco que impide construir 750.000 viviendas que faltan

España tiene suelo, pero no casas: el atasco que impide construir 750.000 viviendas que faltan
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Las áreas de desarrollo acumulan millones de viviendas pendientes, pero la burocracia y problemas eléctricos, financieros y laborales frenan la oferta
(SI Belled) España tiene suelo, pero no casas: el atasco que impide construir 750.000 viviendas que faltan

Las áreas de desarrollo acumulan millones de viviendas pendientes, pero la burocracia y problemas eléctricos, financieros y laborales frenan la oferta

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José A. González

05/07/2026 Actualizado a las 00:04h.

En los mapas urbanísticos de España hay barrios enteros que todavía no existen. Calles previstas, colegios dibujados, parcelas ordenadas y millones de viviendas posibles. Sobre el papel, el país no carece de suelo: las áreas de desarrollo acumulan 7.090.504 viviendas pendientes de ejecutar. En la práctica, esa capacidad urbanística tarda años —a veces más de una década— en convertirse en llaves. Ahí nace la paradoja: mientras el Banco de España calcula que faltan unas 750.000 viviendas, España conserva millones de casas atrapadas en planos, trámites, licencias, financiación, suministros y obras que no llegan.

 

El problema no es solo cuánto suelo hay, sino qué tipo de suelo es, dónde está y cuánto falta para poder edificarlo. «Suelo hay, efectivamente, pero ese suelo necesita ser desarrollado para poder ser susceptible de edificar», resume Alfredo Díaz-Araque, director gerente de la Asociación de Promotores Constructores de España (APCE). Entre un terreno clasificado en un plan urbanístico y un solar listo para levantar viviendas se encadenan varias fases: plan parcial, proyecto de reparcelación, proyecto de urbanización y obras de urbanización.

La diferencia es clave. Una cosa es que un terreno figure como urbanizable y otra que tenga aprobada la ordenación detallada, repartidas las cargas entre propietarios, ejecutadas las calles, resueltas las acometidas de agua y luz y concedida la licencia. «Esto tarda mucho tiempo: 10 o 15 años», explica Díaz-Araque.

 

La bolsa de viviendas pendientes tampoco está repartida de forma homogénea. En provincias del interior como Zamora, Ávila, Burgos o Soria, más del 88% de las viviendas previstas en áreas de desarrollo siguen sin ejecutarse. En cambio, en territorios con mayor presión residencial y turística, como Madrid, Málaga, Baleares o Alicante, el porcentaje pendiente se mueve entre el 56% y el 59%. El dato desmonta dos explicaciones simples: no es verdad que España no haya previsto suelo para crecer, pero tampoco que ese suelo baste para resolver el problema. La cuestión es si está en el lugar adecuado y si puede transformarse en vivienda a tiempo.

Madrid resume bien la contradicción. Su área urbana concentra 663.100 viviendas previstas en ámbitos de desarrollo, de las que 365.494 siguen pendientes. No faltan viviendas dibujadas, falta velocidad para transformarlas en ciudad. España no tiene solo un problema de escasez absoluta, sino de conversión. Jorge Galindo, director de EsadeEcPol y autor del libro 'Tres millones de viviendas', resume el diagnóstico en una frase: falta vivienda disponible «allá donde la gente quiere vivir». La escasez, añade, nace del desequilibrio entre los hogares que se crean y las viviendas que se terminan, especialmente en alquiler y en las grandes ciudades.

 

Esa lentitud choca con una demanda que sí avanza rápido: se forman alrededor de 250.000 hogares al año, el tamaño medio de las familias se reduce y la presión se concentra en grandes áreas urbanas, jóvenes e inquilinos. Frente a esa necesidad, la producción sigue corta: entre finales de 2024 y el tercer trimestre de 2025 se iniciaron algo menos de 140.000 viviendas, libres y protegidas, según los datos del Ministerio de Vivienda. El atasco retrasa la emancipación, limita la movilidad laboral y encarece el acceso a la vivienda. En zonas como Baleares, Alicante o Málaga, además, la compra de no residentes añade presión sobre el mercado residencial.

El sector señala a la burocracia como el gran cuello de botella. «Los informes sectoriales tardan años», afirma Miguel Ángel Gómez Huecas, presidente de Fadei, la patronal inmobiliaria española. Se refiere a documentos relacionados con el agua, medioambiente, biodiversidad, incendios, patrimonio, carreteras o suministros que pueden repetirse en distintas fases del proceso. Gómez Huecas propone sentar en la misma mesa a promotores, constructores, arquitectos, técnicos municipales, organismos sectoriales y compañías suministradoras para fijar plazos conjuntos. «Como aquí cada uno tiene su reino de taifas, creo que ahí hay un error bastante importante», sostiene.

La falta de vivienda no se explica solo por escasez de suelo: también pesan la ubicación, la saturación eléctrica, la falta de mano de obra y la lenta coordinación entre administraciones

La crítica tiene matices. Los informes sectoriales no son solo papeleo: sirven para comprobar que un desarrollo tendrá agua, accesos, protección ambiental o servicios suficientes. Galindo distingue esos controles de las reglas financieras que sí se endurecieron tras la burbuja. «Eso es lo que hicimos para evitar una segunda burbuja», sostiene sobre las mayores exigencias al crédito promotor e hipotecario. En cambio, advierte de que muchas exigencias urbanísticas y ambientales se han acumulado después, en un contexto en el que «pensamos que ya no hacía falta construir tanto». El resultado son controles que se encadenan durante años, se duplican entre administraciones y no siempre tienen plazos claros.

A esa lentitud se suma otro freno: la inseguridad jurídica. Una impugnación parcial del planeamiento puede acabar anulando todo el desarrollo, la llamada «nulidad en cascada». El sector reclama desde hace años una reforma de la Ley del Suelo para que esos defectos puedan subsanarse sin tirar abajo el conjunto del plan, pero los intentos de modificar la norma han encallado varias veces en el Congreso.

Sin luz para casas

A todo esto se suma un cuello de botella menos visible: la red eléctrica. Según BBVA Research, la saturación de la red de distribución puede dificultar la reducción del déficit de vivienda en 31 provincias. El caso más llamativo es Madrid: frente a un déficit estimado de 115.584 viviendas, la capacidad disponible permitiría conectar apenas 40.379 nuevas residencias bajo la hipótesis de 5 kilovatios por vivienda. La brecha se repite en Valencia, Alicante o Cádiz, donde la capacidad disponible queda muy por debajo de las necesidades estimadas.

31

provincias

donde, según BBVA Research, la saturación de la red de distribución eléctrica puede dificultar la reducción del déficit de vivienda.

Cada retraso encarece el proceso. Corral señala que los años de tramitación obligan a soportar más tiempo el capital inmovilizado, a rehacer estudios y a cumplir requisitos de distintas administraciones. A eso se suman los costes de construcción, tensionados en los últimos años por la escasez puntual y el encarecimiento de materiales como hormigón, acero, hierro o aluminio. «Los contratos saltan por los aires», resume, cuando una promoción se cerró a precio fijo y los suministros cambian de coste o llegan tarde.

Financiar el suelo

La financiación añade otro freno, según el sector. El préstamo promotor para construir edificios está normalizado, pero la fase anterior —urbanizar suelo— sigue marcada por el recuerdo de la crisis financiera. «Todo lo relacionado con el desarrollo de suelo se considera especulativo», explica Díaz-Araque. En la práctica, buena parte de esos costes se cubren con fondos propios de los promotores, que no son infinitos. Cuanto más largo e incierto es el proceso, mayor es la prima de riesgo y más caro acaba siendo el producto final.

Incluso si mañana se desbloqueara todo el suelo, aparecería otro límite: faltan trabajadores. La construcción llegó a emplear cerca del 14% de los ocupados en España; desde 2014 se mueve entre el 6% y el 7%, según BBVA Research. El sector no solo perdió mano de obra tras el pinchazo inmobiliario, también envejeció. En 2024, solo el 10% de sus trabajadores tenía menos de 30 años, frente al 16% del conjunto de la economía, y en oficios como albañilería o fontanería el peso de los trabajadores de 45 a 54 años ronda ya el 40%.

España destinó a construcción residencial el 11,7% del PIB en 2006, muy por encima de la media de la UE y de la eurozona, antes de desplomarse hasta niveles cercanos al 4% tras la crisis

Los salarios están reaccionando: entre finales de 2019 y el primer trimestre de 2025 la remuneración media por asalariado en la construcción creció casi un 46%, el mayor incremento sectorial. También ha aumentado la presencia de trabajadores nacidos fuera de España, del 16% al 26% desde 2019, y entre albañiles, del 26% al 40%. Pero atraer trabajadores a golpe de salarios también acaba trasladándose a los costes, señala el sector.

Un problema común

La inversión residencial ayuda a entender la cicatriz de la burbuja. España destinó a construcción residencial el 11,7% del PIB en 2006, muy por encima de la media de la UE y de la eurozona, antes de desplomarse hasta niveles cercanos al 4% tras la crisis. En 2025 ronda el 5,8%, una cifra ya próxima al entorno europeo, pero insuficiente para compensar años de baja producción y responder al ritmo actual de creación de hogares. La burbuja dejó viviendas sin vender, pero también menos empresas, menos trabajadores, menos financiación de suelo y más aversión política a urbanizar.

 

La presión sobre las ciudades no es exclusiva de España. Galindo recuerda que las oportunidades laborales se concentran cada vez más en las áreas urbanas en todas las economías avanzadas. Lo más característico del caso español, sostiene, es «la parálisis» para movilizar nueva vivienda al ritmo de esa demanda.

Por eso, la salida no puede depender únicamente de nuevas grúas. Si convertir suelo en vivienda tarda una década, el corto plazo exige movilizar vivienda usada, reforzar el alquiler asequible, acelerar vivienda protegida, activar suelo público y coordinar administraciones. «Falta voluntad de priorizar la vivienda por encima de lo demás», resume Galindo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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