España vive una paradoja energética evidente y costosa. Mientras el país bate récords de generación renovable, su sistema eléctrico sufre una "trombosis" administrativa que amenaza con frenar la reindustrialización. El problema radica en que el sistema funciona como un puente roto: la energía limpia nace en la llamada "España vaciada", pero no hay cables suficientes para llevarla a las ciudades y fábricas donde se concentra el consumo.
El pánico en el sector alcanzó su punto álgido cuando la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) se vio obligada a posponer tres meses (del 2 de febrero al 4 de mayo de 2026) la publicación de los mapas de capacidad de acceso tras una alerta crítica de Red Eléctrica: bajo los nuevos criterios de seguridad, aproximadamente el 90% de los nudos de la red aparecerían en "rojo", es decir, con capacidad nula. Sin embargo, la red no está físicamente colapsada, sino administrativamente "llena" e infrautilizada en la práctica. Para solucionar este embudo, la CNMC ha puesto sobre la mesa un plan maestro que cambiará las reglas del juego: los permisos de acceso flexibles.
La tormenta perfecta. Llegar a este punto no ha sido fruto de un solo error, sino de un cóctel de lentitud burocrática, desajustes territoriales y especulación. Como ya hemos adelantado en Xataka, existe una brecha abismal entre los tiempos administrativos y la ejecución física: levantar una subestación apenas requiere un año de obra, pero su tramitación previa puede demorarse entre tres y seis años. A esto se suma que hemos instalado molinos y paneles solares donde hay suelo y recurso, pero la demanda crece en áreas metropolitanas que no tienen infraestructura suficiente, dejando el 83,4% de los nudos de distribución actuales saturados.
Las consecuencias en la calle son devastadoras. El año pasado solo se concedieron el 12% de las solicitudes de conexión para nuevos desarrollos urbanísticos, lo que, según la patronal Asprima, pone en riesgo la construcción de 350.000 viviendas por la simple falta de potencia eléctrica. Y en medio del caos, la burbuja: existen solicitudes de acceso por 67.100 MW (la mitad de toda la potencia instalada en el país), lo que hace sospechar al regulador de la existencia de proyectos "fantasma" que acaparan nudos solo para revender los permisos.
En Xataka
España tiene 130 GW de energía renovable lista para usarse pero guardada en un cajón: no tenemos suficientes enchufes
El fin del modelo binario. Hasta ahora, el sistema eléctrico operaba bajo un principio binario: o te daban acceso firme, garantizado al 100%, o te lo denegaban. Sin embargo, como apuntó en sus redes sociales el secretario de Estado de Energía, Joan Groizard, la red actual está infrautilizada; de hecho, una red "más pequeña" soportó en el pasado picos de demanda muy superiores a los actuales.
Aquí es donde entra la revolución regulatoria. La propuesta de la CNMC rompe con el "no" rotundo y establece que, si hay capacidad residual en ciertos momentos del día o del año, se puede compartir. La capacidad de acceso flexible asume que no se garantizará el suministro en todas las horas del año, maximizando el uso de la infraestructura existente sin recurrir inmediatamente a inversiones masivas que acabarían pagando los ciudadanos.
Las cuatro vías de la flexibilidad. Para articular este nuevo paradigma, la memoria justificativa y la propuesta de resolución de la CNMC definen cuatro tipologías de permisos de acceso flexible, adaptadas a distintas necesidades:
Permiso Tipo 0 (Patrón fijo en Distribución): Aplica a instalaciones conectadas a cualquier nivel de tensión en la red de distribución. Permite consumir energía siguiendo un patrón horario fijo (por ejemplo, de 00:00 a 07:59 h y de 11:00 a 17:59 h), lo que supone al menos un 62,5% de las horas del año. Fuera de estas franjas, si la instalación consume, el gestor de la red (GRD) puede desconectarla remotamente sin previo aviso. Es ideal para quienes pueden planificar su producción.Permiso Tipo 1 (Desconexión remota por contingencia N-1): Diseñado para instalaciones en distribución con tensión superior a 36 kV. La instalación cumple los requisitos en condiciones normales (con una expectativa de consumo del 90% del año), pero acepta ser desconectada remotamente y sin preaviso si falla algún elemento en la propia subestación a la que se conecta.Permiso Tipo 2 (Instrucciones dinámicas en Distribución): Para tensiones mayores a 36 kV y potencias superiores a 1 MW. Es el más avanzado tecnológicamente, la instalación debe ser capaz de recibir instrucciones dinámicas del GRD para reducir su carga, ya sean programadas el día anterior o en tiempo real. Los tiempos de respuesta son críticos: menos de 30 minutos si es preventivo, o menos de 3 minutos (inmediato) si es correctivo. Si desobedece, se procede a su desconexión. Este modelo entrará en vigor a partir del 1 de enero de 2028.Permiso Tipo 3 (Transporte con reducción automática): Orientado a instalaciones de demanda de más de 1 MW conectadas directamente a la red de transporte. Estas instalaciones están obligadas a participar en el Sistema de Reducción Automática de Potencia (SRAP). Ante una alerta de seguridad del sistema eléctrico, el operador (OS) enviará una señal y la instalación deberá reducir a cero la potencia asociada a su acceso flexible de forma efectiva e inmediata.Ganadores, excepciones y la factura. Este cambio regulatorio tiene claros ganadores y algunas líneas rojas. Las instalaciones de almacenamiento en modo demanda son las candidatas perfectas, ya que, por ley, no tienen garantía de suministro y dispondrán de 7 meses para solicitar la modificación de sus permisos. En el extremo opuesto, la CNMC prohíbe explícitamente otorgar estos accesos a suministros esenciales (como hospitales), a demandas que no soporten 24 horas sin red, y a proyectos colectivos como planes urbanísticos.
Modernizar la red para que soporte este "modo reforzado" de operación digitalizada tendrá un impacto económico directo. Las previsiones para 2026 apuntan a subidas en los recibos ciudadanos de un 4% en peajes y un 10,5% en cargos para financiar los ajustes del sistema. Por ahora, el reloj corre: el trámite de audiencia pública para que los agentes envíen sus alegaciones a la propuesta de la CNMC finalizará el próximo 20 de marzo de 2026.
Conectar el futuro. España se encuentra en una encrucijada irónica y peligrosa. El país lo tiene todo para ser la gran batería verde de Europa, pero la falta de cables y el exceso de burocracia amenazan con apagar ese potencial. Como resumen desde el sector empresarial, "los planes son muy bonitos, pero hay que construirlos".
La llegada de los permisos de acceso flexibles demuestra que la red eléctrica ya no es solo infraestructura; es una institución inteligente que debe aprender a gestionarse mejor. Darle flexibilidad al sistema ha dejado de ser una opción técnica para convertirse en la única vía de escape realista que evitará que la reindustrialización, los centros de datos y la vivienda mueran de éxito por la falta de un simple enchufe.
Imagen | Freepik
Xataka | El gran atasco eléctrico de España: tenemos luz de sobra, pero faltan cables para construir casas e invertir más
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La noticia
España tiene un problema gigante: su red eléctrica dice estar "llena" cuando en realidad está infrautilizada
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
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España tiene un problema gigante: su red eléctrica dice estar "llena" cuando en realidad está infrautilizada
La CNMC propone cuatro nuevos tipos de "permisos flexibles" para sortear un embudo burocrático que mantiene bloqueados 130 GW de renovables
El regulador ha tenido que retrasar los mapas de capacidad para evitar el pánico generalizado
España vive una paradoja energética evidente y costosa. Mientras el país bate récords de generación renovable, su sistema eléctrico sufre una "trombosis" administrativa que amenaza con frenar la reindustrialización. El problema radica en que el sistema funciona como un puente roto: la energía limpia nace en la llamada "España vaciada", pero no hay cables suficientes para llevarla a las ciudades y fábricas donde se concentra el consumo.
El pánico en el sector alcanzó su punto álgido cuando la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) se vio obligada a posponer tres meses (del 2 de febrero al 4 de mayo de 2026) la publicación de los mapas de capacidad de acceso tras una alerta crítica de Red Eléctrica: bajo los nuevos criterios de seguridad, aproximadamente el 90% de los nudos de la red aparecerían en "rojo", es decir, con capacidad nula. Sin embargo, la red no está físicamente colapsada, sino administrativamente "llena" e infrautilizada en la práctica. Para solucionar este embudo, la CNMC ha puesto sobre la mesa un plan maestro que cambiará las reglas del juego: los permisos de acceso flexibles.
La tormenta perfecta. Llegar a este punto no ha sido fruto de un solo error, sino de un cóctel de lentitud burocrática, desajustes territoriales y especulación. Como ya hemos adelantado en Xataka, existe una brecha abismal entre los tiempos administrativos y la ejecución física: levantar una subestación apenas requiere un año de obra, pero su tramitación previa puede demorarse entre tres y seis años. A esto se suma que hemos instalado molinos y paneles solares donde hay suelo y recurso, pero la demanda crece en áreas metropolitanas que no tienen infraestructura suficiente, dejando el 83,4% de los nudos de distribución actuales saturados.
Las consecuencias en la calle son devastadoras. El año pasado solo se concedieron el 12% de las solicitudes de conexión para nuevos desarrollos urbanísticos, lo que, según la patronal Asprima, pone en riesgo la construcción de 350.000 viviendas por la simple falta de potencia eléctrica. Y en medio del caos, la burbuja: existen solicitudes de acceso por 67.100 MW (la mitad de toda la potencia instalada en el país), lo que hace sospechar al regulador de la existencia de proyectos "fantasma" que acaparan nudos solo para revender los permisos.
El fin del modelo binario. Hasta ahora, el sistema eléctrico operaba bajo un principio binario: o te daban acceso firme, garantizado al 100%, o te lo denegaban. Sin embargo, como apuntó en sus redes sociales el secretario de Estado de Energía, Joan Groizard, la red actual está infrautilizada; de hecho, una red "más pequeña" soportó en el pasado picos de demanda muy superiores a los actuales.
Aquí es donde entra la revolución regulatoria. La propuesta de la CNMC rompe con el "no" rotundo y establece que, si hay capacidad residual en ciertos momentos del día o del año, se puede compartir. La capacidad de acceso flexible asume que no se garantizará el suministro en todas las horas del año, maximizando el uso de la infraestructura existente sin recurrir inmediatamente a inversiones masivas que acabarían pagando los ciudadanos.
Las cuatro vías de la flexibilidad. Para articular este nuevo paradigma, la memoria justificativa y la propuesta de resolución de la CNMC definen cuatro tipologías de permisos de acceso flexible, adaptadas a distintas necesidades:
Permiso Tipo 0 (Patrón fijo en Distribución): Aplica a instalaciones conectadas a cualquier nivel de tensión en la red de distribución. Permite consumir energía siguiendo un patrón horario fijo (por ejemplo, de 00:00 a 07:59 h y de 11:00 a 17:59 h), lo que supone al menos un 62,5% de las horas del año. Fuera de estas franjas, si la instalación consume, el gestor de la red (GRD) puede desconectarla remotamente sin previo aviso. Es ideal para quienes pueden planificar su producción.
Permiso Tipo 1 (Desconexión remota por contingencia N-1): Diseñado para instalaciones en distribución con tensión superior a 36 kV. La instalación cumple los requisitos en condiciones normales (con una expectativa de consumo del 90% del año), pero acepta ser desconectada remotamente y sin preaviso si falla algún elemento en la propia subestación a la que se conecta.
Permiso Tipo 2 (Instrucciones dinámicas en Distribución): Para tensiones mayores a 36 kV y potencias superiores a 1 MW. Es el más avanzado tecnológicamente, la instalación debe ser capaz de recibir instrucciones dinámicas del GRD para reducir su carga, ya sean programadas el día anterior o en tiempo real. Los tiempos de respuesta son críticos: menos de 30 minutos si es preventivo, o menos de 3 minutos (inmediato) si es correctivo. Si desobedece, se procede a su desconexión. Este modelo entrará en vigor a partir del 1 de enero de 2028.
Permiso Tipo 3 (Transporte con reducción automática): Orientado a instalaciones de demanda de más de 1 MW conectadas directamente a la red de transporte. Estas instalaciones están obligadas a participar en el Sistema de Reducción Automática de Potencia (SRAP). Ante una alerta de seguridad del sistema eléctrico, el operador (OS) enviará una señal y la instalación deberá reducir a cero la potencia asociada a su acceso flexible de forma efectiva e inmediata.
Ganadores, excepciones y la factura. Este cambio regulatorio tiene claros ganadores y algunas líneas rojas. Las instalaciones de almacenamiento en modo demanda son las candidatas perfectas, ya que, por ley, no tienen garantía de suministro y dispondrán de 7 meses para solicitar la modificación de sus permisos. En el extremo opuesto, la CNMC prohíbe explícitamente otorgar estos accesos a suministros esenciales (como hospitales), a demandas que no soporten 24 horas sin red, y a proyectos colectivos como planes urbanísticos.
Modernizar la red para que soporte este "modo reforzado" de operación digitalizada tendrá un impacto económico directo. Las previsiones para 2026 apuntan a subidas en los recibos ciudadanos de un 4% en peajes y un 10,5% en cargos para financiar los ajustes del sistema. Por ahora, el reloj corre: el trámite de audiencia pública para que los agentes envíen sus alegaciones a la propuesta de la CNMC finalizará el próximo 20 de marzo de 2026.
Conectar el futuro. España se encuentra en una encrucijada irónica y peligrosa. El país lo tiene todo para ser la gran batería verde de Europa, pero la falta de cables y el exceso de burocracia amenazan con apagar ese potencial. Como resumen desde el sector empresarial, "los planes son muy bonitos, pero hay que construirlos".
La llegada de los permisos de acceso flexibles demuestra que la red eléctrica ya no es solo infraestructura; es una institución inteligente que debe aprender a gestionarse mejor. Darle flexibilidad al sistema ha dejado de ser una opción técnica para convertirse en la única vía de escape realista que evitará que la reindustrialización, los centros de datos y la vivienda mueran de éxito por la falta de un simple enchufe.