Mientras la Península Ibérica registra un superávit de energía renovable sin precedentes a precios de saldo, el resto del continente sigue asfixiado por facturas de tres dígitos. En medio de estas dos realidades se levanta un muro, no de piedra, sino de intereses políticos y nucleares: Francia. El vecino del norte actúa como un tapón que impide que la energía barata del sur fluya hacia el norte, protegiendo su industria atómica a costa del bolsillo de los consumidores europeos.
Dos Europas desconectadas. Los datos del 11 de febrero son un puñetazo sobre la mesa de la integración europea. Según los registros de OMIE y ESIOS, el precio medio del mercado diario en España se ha desplomado hasta los 4,23 €/MWh, con horas en las que los productores han tenido que pagar por inyectar energía (precios negativos de -0,42 €/MWh). La situación en Portugal es aún más extrema: el megavatio hora se paga a 0,34 €, es decir, prácticamente gratis.
Sin embargo, basta con cruzar los Pirineos para que la realidad cambie drásticamente. El mapa de precios de ESIOS tiñe de rojo el centro y norte de Europa: Alemania paga la luz a 100,62 €/MWh, Bélgica a 72,04 €/MWh y los Países Bajos a 88,70 €/MWh. Francia, situada estratégicamente en el medio, disfruta de un precio cómodo de 13,61 €/MWh, beneficiándose de comprar barato al sur sin dejar pasar el flujo hacia sus vecinos del norte. Esta disparidad visualiza a la perfección el concepto de "isla energética": una península rebosante de recursos que no tiene puentes suficientes para compartirlos.
En Xataka
Hay un motivo por el que Macron ataca las renovables españolas: Francia necesita proteger sus nucleares a toda costa
El gran desacople de febrero. Lo que estamos viviendo estas dos primeras semanas de febrero es lo que los expertos llaman un "desacople total". Según el análisis de Aleasoft Energy Forecasting, la llegada de varias borrascas atlánticas ha disparado la generación eólica e hidroeléctrica en la península. Al sumarse la aportación solar, la oferta ha superado con creces la demanda interna.
El mercado ibérico (MIBEL) ha visto cómo sus precios caían un 43% en España y un asombroso 74% en Portugal en solo una semana, alcanzando medias diarias de 0,54 €/MWh, valores que no se veían desde abril de 2024. Mientras tanto, los gráficos de Energy Charts muestran que Alemania ha seguido con precios oscilando por encima de los 100 €/MWh durante gran parte de enero y principios de febrero, dependiendo aún de fuentes no renovables.
El drama de tirar energía. Tener la luz barata parece una excelente noticia para el consumidor doméstico, pero esconde una ineficiencia sistémica grave. Al no existir cables suficientes para exportar ese excedente a una Europa sedienta de energía barata, España se ve obligada a realizar curtailment (vertidos técnicos). Como ya hemos explicado en Xataka, estamos tirando literalmente a la basura alrededor del 7% de la energía limpia porque "no cabe" en la red y no tiene salida.
Este escenario provoca precios cero que, paradójicamente, pueden arruinar a los inversores renovables, quienes necesitan rentabilidad para seguir desplegando parques. Además, la situación ha destapado las costuras de la red interna española. La red está administrativamente "colapsada": la CNMC ha tenido que retrasar hasta mayo de 2026 la publicación de los mapas de capacidad porque, bajo los nuevos criterios de seguridad, el 90% de los nudos de la red aparecen saturados. Solo se están aprobando el 12% de las solicitudes de conexión, lo que significa que tenemos la energía, pero faltan los cables para llevarla a las nuevas industrias y viviendas.
El "búnker" nuclear francés. Si sobra energía en el sur y falta en el norte, ¿por qué no se construye una autopista eléctrica? La respuesta tiene nombre propio: proteccionismo nuclear. El presidente Emmanuel Macron ha declarado que las interconexiones son un "falso debate", argumentando que el problema de España es un "modelo 100% renovable que su propia red no soporta". Sin embargo, los datos desmienten el relato del Elíseo. Como explica el experto Joaquín Coronado, España no es 100% renovable (cerró 2025 en un 55,5%) y, de hecho, fue España quien acudió al rescate de Francia en 2022 y 2025, exportando electricidad a través de sus ciclos combinados cuando el parque nuclear galo falló por problemas de corrosión y calor.
La realidad, según apunta el consejero delegado de Redeia, Roberto García Merino, es que el bloqueo "no es técnico, es pura geoestrategia". Francia necesita rentabilizar una inversión faraónica de 300.000 millones de euros en su parque nuclear y teme que la entrada masiva de energía solar española, mucho más barata, hunda los precios y la competitividad de sus reactores. Por eso, París ha excluido explícitamente de su plan de red 2025-2035 los proyectos clave de interconexión por Aragón y Navarra, manteniendo a la Península Ibérica como una isla con apenas un 2,8% de interconexión, muy lejos del objetivo europeo del 15%.
¿Alguna solución sobre la mesa? La paciencia de Bruselas se está agotando. La Comisión Europea ya lanzó un ultimátum a Francia, dándole un plazo de nueve meses para desbloquear la situación y presentar una declaración política de compromiso.
Mientras tanto, el único proyecto que avanza, aunque lento, es el cable submarino por el Golfo de Vizcaya. Redeia confirmó que las campañas de tendido comenzarán este verano de 2026, con la vista puesta en su entrada en funcionamiento para 2028.
Una contradicción insostenible. En el seno de la Unión Europa está ocurriendo que mientras un país miembro busca desesperadamente autonomía energética y precios competitivos para su industria, permite que otro de sus socios clave mantenga cerrada la puerta del sur. España podría ser la batería verde de Europa, pero sin capacidad de exportación, esa riqueza se diluye en precios negativos y vertidos técnicos. Todo ocurre mientras Francia actúa como un aduanero estricto que protege sus átomos, impidiendo que la Unión Europea sea, de verdad, una unión energética.
Imagen | Freepik
Xataka | El gran atasco eléctrico de España: tenemos luz de sobra, pero faltan cables para construir casas e invertir más
-
La noticia
España y Portugal tiene ahora mismo energía "gratis". Si no la compartimos con Europa se debe a un solo motivo: Francia
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
.
España y Portugal tiene ahora mismo energía "gratis". Si no la compartimos con Europa se debe a un solo motivo: Francia
Alemania paga la luz a 100 euros y Portugal a 30 céntimos: la foto que avergüenza a la integración europea
El otro problema de la energía gratis: la red española está saturada y la CNMC ha tenido que retrasar los mapas de capacidad hasta mayo
Mientras la Península Ibérica registra un superávit de energía renovable sin precedentes a precios de saldo, el resto del continente sigue asfixiado por facturas de tres dígitos. En medio de estas dos realidades se levanta un muro, no de piedra, sino de intereses políticos y nucleares: Francia. El vecino del norte actúa como un tapón que impide que la energía barata del sur fluya hacia el norte, protegiendo su industria atómica a costa del bolsillo de los consumidores europeos.
Dos Europas desconectadas. Los datos del 11 de febrero son un puñetazo sobre la mesa de la integración europea. Según los registros de OMIE y ESIOS, el precio medio del mercado diario en España se ha desplomado hasta los 4,23 €/MWh, con horas en las que los productores han tenido que pagar por inyectar energía (precios negativos de -0,42 €/MWh). La situación en Portugal es aún más extrema: el megavatio hora se paga a 0,34 €, es decir, prácticamente gratis.
Sin embargo, basta con cruzar los Pirineos para que la realidad cambie drásticamente. El mapa de precios de ESIOS tiñe de rojo el centro y norte de Europa: Alemania paga la luz a 100,62 €/MWh, Bélgica a 72,04 €/MWh y los Países Bajos a 88,70 €/MWh. Francia, situada estratégicamente en el medio, disfruta de un precio cómodo de 13,61 €/MWh, beneficiándose de comprar barato al sur sin dejar pasar el flujo hacia sus vecinos del norte. Esta disparidad visualiza a la perfección el concepto de "isla energética": una península rebosante de recursos que no tiene puentes suficientes para compartirlos.
El gran desacople de febrero. Lo que estamos viviendo estas dos primeras semanas de febrero es lo que los expertos llaman un "desacople total". Según el análisis de Aleasoft Energy Forecasting, la llegada de varias borrascas atlánticas ha disparado la generación eólica e hidroeléctrica en la península. Al sumarse la aportación solar, la oferta ha superado con creces la demanda interna.
El mercado ibérico (MIBEL) ha visto cómo sus precios caían un 43% en España y un asombroso 74% en Portugal en solo una semana, alcanzando medias diarias de 0,54 €/MWh, valores que no se veían desde abril de 2024. Mientras tanto, los gráficos de Energy Charts muestran que Alemania ha seguido con precios oscilando por encima de los 100 €/MWh durante gran parte de enero y principios de febrero, dependiendo aún de fuentes no renovables.
El drama de tirar energía. Tener la luz barata parece una excelente noticia para el consumidor doméstico, pero esconde una ineficiencia sistémica grave. Al no existir cables suficientes para exportar ese excedente a una Europa sedienta de energía barata, España se ve obligada a realizar curtailment (vertidos técnicos). Como ya hemos explicado en Xataka, estamos tirando literalmente a la basura alrededor del 7% de la energía limpia porque "no cabe" en la red y no tiene salida.
Este escenario provoca precios cero que, paradójicamente, pueden arruinar a los inversores renovables, quienes necesitan rentabilidad para seguir desplegando parques. Además, la situación ha destapado las costuras de la red interna española. La red está administrativamente "colapsada": la CNMC ha tenido que retrasar hasta mayo de 2026 la publicación de los mapas de capacidad porque, bajo los nuevos criterios de seguridad, el 90% de los nudos de la red aparecen saturados. Solo se están aprobando el 12% de las solicitudes de conexión, lo que significa que tenemos la energía, pero faltan los cables para llevarla a las nuevas industrias y viviendas.
El "búnker" nuclear francés. Si sobra energía en el sur y falta en el norte, ¿por qué no se construye una autopista eléctrica? La respuesta tiene nombre propio: proteccionismo nuclear. El presidente Emmanuel Macron ha declarado que las interconexiones son un "falso debate", argumentando que el problema de España es un "modelo 100% renovable que su propia red no soporta". Sin embargo, los datos desmienten el relato del Elíseo. Como explica el experto Joaquín Coronado, España no es 100% renovable (cerró 2025 en un 55,5%) y, de hecho, fue España quien acudió al rescate de Francia en 2022 y 2025, exportando electricidad a través de sus ciclos combinados cuando el parque nuclear galo falló por problemas de corrosión y calor.
La realidad, según apunta el consejero delegado de Redeia, Roberto García Merino, es que el bloqueo "no es técnico, es pura geoestrategia". Francia necesita rentabilizar una inversión faraónica de 300.000 millones de euros en su parque nuclear y teme que la entrada masiva de energía solar española, mucho más barata, hunda los precios y la competitividad de sus reactores. Por eso, París ha excluido explícitamente de su plan de red 2025-2035 los proyectos clave de interconexión por Aragón y Navarra, manteniendo a la Península Ibérica como una isla con apenas un 2,8% de interconexión, muy lejos del objetivo europeo del 15%.
¿Alguna solución sobre la mesa? La paciencia de Bruselas se está agotando. La Comisión Europea ya lanzó un ultimátum a Francia, dándole un plazo de nueve meses para desbloquear la situación y presentar una declaración política de compromiso.
Mientras tanto, el único proyecto que avanza, aunque lento, es el cable submarino por el Golfo de Vizcaya. Redeia confirmó que las campañas de tendido comenzarán este verano de 2026, con la vista puesta en su entrada en funcionamiento para 2028.
Una contradicción insostenible. En el seno de la Unión Europa está ocurriendo que mientras un país miembro busca desesperadamente autonomía energética y precios competitivos para su industria, permite que otro de sus socios clave mantenga cerrada la puerta del sur. España podría ser la batería verde de Europa, pero sin capacidad de exportación, esa riqueza se diluye en precios negativos y vertidos técnicos. Todo ocurre mientras Francia actúa como un aduanero estricto que protege sus átomos, impidiendo que la Unión Europea sea, de verdad, una unión energética.