Algo que contar
'Esplendor' se escribe con ese… o no Regala esta noticia Añádenos en Google (Ilustración: Fernando Hernández)Andrés Trapiello
04/09/2026 a las 15:41h.«Me llamo Antonio Quilis. Mi asignatura es Historia de la Lengua Española. 'Esplendor' se escribe con ese. Quien lo escriba con equis en un ... examen está suspenso». Así empezaba aquel hombre cada año sus clases en la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid. Impartidas por otro cualquiera, habrían resultado probablemente apasionantes.
Y tal como se están poniendo hoy las cosas no tendría nada de particular que acabáramos escribiendo 'Expaña'
En el viejo café Lyon de la calle Alcalá de Madrid había varias tertulias. A una de ellas asistía Caro Baroja, que al marcharse pasaba a saludar a un par de amigos suyos, asistentes de la nuestra, donde el oficiante más conocido era Ferlosio. En una ocasión uno de ellos le preguntó a don Julio cómo veía la situación política del momento, y respondió con algo que le había oído decir, dijo, a Juan Ramón durante la República: «Un melonar».
Sigue siendo un poco un melonar. Basta con asomarse de vez en cuando a las encuestas que traen la intención de voto de los españoles.
Equis, jotas… Se ve que la mayor parte de nuestros humanos negocios son relativos.
Pese a esa opinión tan deprimente y sombría de JRJ, tampoco dejaría uno de estar de acuerdo con el pintor Gutiérrez-Solana. Preguntado en una interviú qué entendía por política y cuál debería ser su cometido, se explayó sin titubeos: «Que tenga patriotismo la gente y que se prospere, pues sería gracioso [que no fuese así]. Hay que ser patriota ante todo. Hay gentes que les da igual una cosa que otra. Esa es gente de conveniencia. Uno sólo puede vivir en España: fuera le falta a uno algo. Hay que ser ante todo español, porque eso es lo mejor».
La España negra de Solana es uno de los libros más increíbles que se hayan escrito aquí. Para mí a la altura de los mejores de Baroja, de Azorín o de Unamuno. Claro que para muchos no sería el libro de un buen patriota, por contar las cosas que cuenta de este país y de muchas de sus gentes, anómalas y escrofulosas, pero resulta imposible verlas y no advertir en sus criaturas ese fondo de pureza que tienen, el alma que asoma también en la mirada de El Niño de Vallecas.
En el primer día de curso los profesores suelen hablar un poco de todo y acortar la hora. Ha sido uno un mal estudiante. Tampoco he dado nunca clases. Y lecciones menos aún. Mis soliloquios, Algo que contar, tratarán de recordarte que «aunque nada pueda hacer / volver la hora del esplendor en la hierba / no debemos afligirnos, / porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo». De esto, de algunos eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa y de los que se asoman a nuestra conciencia, empezaremos a tratar la semana que viene. No es necesaria la asistencia a esta página ni se pasará lista ni habrá exámenes.
Otro de mis profesores pucelanos, de lingüística, decía que el primero que comparó a una mujer con una rosa fue un genio, y los que le imitaron, unos imbéciles. Se ve que en Valladolid se era entonces muy radical. Me temo que soy uno de estos últimos («la rosa no cansa», le decía precisamente a JRJ su madre). Tampoco sería un buen profesor, me temo: a nuestra edad (¿no es así, Arturo?) está uno tentado de repartir un aprobado general. Sería lo cervantino, que no siempre coincide con lo quijotesco. Por cierto, Don Quijote en la edición prínceps está escrito Don Quixote, quiero decir que no hay que ser más papista que el Papa.
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