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La imagen de un puño en alto presidió el acto por la unidad de Gabriel Rufián y Emilio Delgado. E. P. ¿Está desmovilizado el voto de izquierdas?Realidad o mantra ·
Tres expertos en análisis electoral sitúan más allá las dificultades de ese lado del tablero, apuntan a cómo Sánchez escora al PSOE y ven un centro vaciadoMadrid
Lunes, 23 de febrero 2026, 00:24
remozada llamada a la unidad, ... late un ilustrativo doble significado. Reza la primera definición del diccionario de la RAE que 'movilizar' es lo obvio, «poner en actividad». La segunda impele a «convocar, incorporar a filas, poner en pie de guerra tropas u otros elementos militares». Un lenguaje de combate al que apela el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, frente a «la abstención» a la que ha atribuido esta misma semana los descalabros del PSOE en Extremadura y Aragón, para intentar persuadir a los suyos de que habrá batalla posible cuando decida convocar las generales. el lenguaje que esgrime el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, cada vez que proclama que no tiene «putas ganas» de que las derechas gobiernen España. Y el mismo al que se aferraron este sábado IU, Movimiento Sumar, Más Madrid y Comuns para darse un chute de fraternidad contra «el derrotismo». 'Lo que nos pasa es que nuestro electorado está desmovilizado', vendría a ser el mantra con el que todas las siglas interpeladas tratan de explicarse sus cuitas.Noticias relacionadas
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Pero ya lo advierte César Calderón, fundador de la consultora Redlines: «Ojo, la desmovilización es el síntoma, no es la enfermedad». Verlo así, anticipa, permite a los partidos, desde el PSOE hasta la extrema izquierda, «culpar al 'votante perezoso' en lugar de analizar si su oferta política continúa siendo atractiva o útil para la vida diaria de la gente». Un reciente estudio del gabinete de estrategias de asuntos públicos Silván & Miracle que capitanea Eva Silván niega incluso la mayor: que ese electorado, en especial el más ideologizado en un contexto de polarización en bucle con la extrema derecha, esté desactivado. «Insistir en la desmovilización es un placebo», comparte el sociólogo Ignacio Urquizu, exdiputado socialista y analista para Metroscopia.
«Culpan al 'votante perezoso' en vez de analizar si su oferta sigue siendo útil a la gente (...) Estamos ante un agotamiento emocional»
César Calderón
Fundador de Redlines
Y si en este diagnóstico de los expertos consultados puede haber matices o distintas formas de explicar el retroceso de parte de las izquierdas en las urnas -no la nacionalista y regionalista-, en lo que sí coinciden es que la exacerbación ideológica en este trance histórico está vaciando el centro. Ese espacio movible en el que -se suponía hasta ahora- se dilucidaban los triunfos electorales, con la templanza y la moderación como banderas de las que no avergonzarse.
Algunas cifras ilustran el escenario. Calderón compara los resultados de las generales del 23 de julio de 2023 con los barómetros de este comienzo de 2026 y mide en entre un 15 y un 17% la fuga de quienes votaron al PSOE hacia la abstención y la bolsa de los indecisos, lo que se traduciría en torno a 1,3 millones de electores (500.000 en el caso de Sumar). Urquizu recurre al concepto de «huérfanos políticos» -es decir, quienes no hallan ninguna opción satisfactoria a la que entregar su papeleta- para cuantificar que esa orfandad se limita al 13% en el espectro de la extrema izquierda, rebasa el 20% en la izquierda no radicalizada y se va al 30% en eso que llamamos centro político. Incluso en un contexto tan polarizado como el actual, apunta Silván, el 25% del electorado se identifica como moderado.
«Esta es una sociedad muy pragmática, a la que ya no le basta con que los servicios sean públicos: quiere que funcionen»
Ignacio Urquizu
Sociólogo y analista de Metroscopia
Sin sitio suficiente
Así que el escollo para las alternativas 'rojas' a las derechas no estaría tanto, o sobre todo, en una desmovilización generalizada, sino en que las izquierdas más escoradas se están quedando sin sitio -sin votantes- con los que recobrar músculo, lo que cuestiona la viabilidad de la incierta propuesta de Rufián hacia la confluencia. Y la paradoja es que si ese terreno está mermando es, en gran medida, porque Sánchez se ha ido adentrando con armas y bagajes en él. Silván hace números: el partido que se mueve del 5 (el centro) hacia el izquierdismo más acusado es el PSOE; y según el último CIS, añade, el 15% de los electores de Sumar se irían a los socialistas en unas generales, el 12% de los de ERC e incluso el 4% de los de Bildu.
«Sánchez explota muy bien el voto útil contra la ultraderecha» a ese lado del tablero, constata la politóloga, para quien el reto «no es la unidad, sino el proyecto». El problema, a su vez, para la sigla que lidera el Gobierno es que ese escoramiento está desincentivando a la ciudadanía afín al centroizquierda. Porque no es que España -vienen a sintonizar los tres especialistas- se esté trasmutando en masa en un país de derechas. «Estamos ante un proceso de desmovilización asimétrico por agotamiento emocional. Una parte significativa del votante progresista, enfadado o frustrado, está optando por la abstención técnica», describe Calderón, quien apunta al 'efecto tijera' por el que la derecha y, dentro de ella sobre todo Vox, pesca en paralelo en los caladeros de la inhibición electoral y de los jóvenes que se estrenan en las urnas.
«Sánchez explota muy bien el voto útil contra la ultraderecha (...) El problema no es de unidad, es de proyecto»
Eva Silván
Fundadora de Silván & Miracle
Eso a riesgo, agrega Silván, de que el PP renuncie también a crecer en el centro, «en el terreno menos emocional». «No es que el electorado del PSOE esté desmovilizado, es que se está yendo a la derecha porque el partido se ha ido muy a la izquierda», concluye refiriéndose a los socialistas Urquizu, quien avisa de los, a su juicio, análisis erróneos. «Esta es una sociedad muy pragmática, a la que ya no le basta con que los servicios sean públicos: quiere que funcionen».
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