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Este es el pueblo de España donde más gente se suicida

Este es el pueblo de España donde más gente se suicida
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En el lugar que triplica la tasa de personas que se quitan la vida en el país está en marcha un programa de prevención con vecinos, servicios de salud, profesores y gobierno local. Familiares en duelo, personas en riesgo, psicólogos, voluntarios y el alcalde cuentan sus historias en Alcalá La Real

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Alcalá La Real, vista desde un mirador. Virginia Carrasco Reportaje Este es el pueblo de España donde más gente se suicida

En el lugar que triplica la tasa de personas que se quitan la vida en el país está en marcha un programa de prevención con vecinos, servicios de salud, profesores y gobierno local. Familiares en duelo, personas en riesgo, psicólogos, voluntarios y el alcalde cuentan sus historias en Alcalá La Real

Doménico Chiappe

Madrid

Sábado, 28 de marzo 2026, 00:09

-Una persona que está sufriendo tiene derecho a buscar ayuda -dice Calvillo-. No quiere morir, quiere dejar de sufrir. Cuando alguien viene muy angustiado por mil problemas, le pregunto si todavía quisiera morir si desaparecieran esas circunstancias. Me dice que no. Se agarra para salvarse.

Captada toda su atención, pregunta:

-¿El que se suicida es un cobarde?

-Depende -responde una chica de las primeras filas, que levantó la mano al principio.

«¿Es un valiente? ¿Es un egoísta?», prosigue el psicólogo. «Los humanos estamos programados para evitar el sufrimiento, antes que para ser felices. Algunas reacciones son normales cuando se sufre algo inaguantable y se cree que no va a acabar nunca». Usa una metáfora de alguien atrapado por las llamas en un incendio.

Este centro educativo no es un oasis en medio de la problemática que se ciñe sobre el pueblo. En el primer trimestre una alumna «exteriorizó desde el enfado» ideas suicidas cuando le «pillaron un dispositivo electrónico». «Hubo la confianza para decir lo que le pasaba por la mente», recuerda María Pérez, profesora de Literatura de 27 años y dos en este instituto. «En estos casos es más importante escuchar que aconsejar, y tener empatía con los adolescentes, que están en una edad complicada».

El instituto se encuentra en un vértice de lo que se conoce como «el triángulo de los suicidas» y donde ahora se realiza una labor para reducir el número de personas que se quitan la vida. «Es una cultura, todos conocemos a alguien que se ha suicidado. En mi pueblo, cada día», asegura Gerardo Tirado, enfermero referente escolar de Alcalá La Real, miembro del Grupo Motor, un programa multidisciplinar en el que participan el Ayuntamiento, profesionales sanitarios, docentes, orientadores y voluntarios. Oriunda de Puerto Lope, una pedanía cercana, Pérez sostiene que «pensamientos de este tipo se pueden dar a diario y nosotros tendemos una mano amiga, sin magnificar esas ideas, que nos atraviesan a todos. Hay resiliencia y cohesión de grupo frente a casos que existen en clase, vinculados a trastornos de alimentación o a la sensación de ser invisibles, de no encajar».

El psicólogo Manuel Calvillo durante la charla en el instituto, el enfermero Gerardo Tirado frente al centro de salud de Alcalá La Real y la profesora María Pérez en el aula. Virginia Carrasco

A pesar de estar incrustada en las historias familiares, la palabra «suicidio» no se pronunciaba. En esta región de olivares, campo, iglesias, aldeas y montaña existen eufemismos, muchos, para evitar un tema esquivo hasta que los vecinos y las instituciones comenzaron a abordar el problema. «Hay familias que tienen hasta 37 miembros que se han suicidado», comenta Raquel Ortega, presidenta del Grupo de Ayuda Mutua de Alcalá (Gama), una asociación civil que cimenta el Grupo Motor. Hace dos años, ella salió a la calle a repartir folletos sobre depresión y convocar a los vecinos de la comarca de la Sierra Sur, donde está enclavada Alcalá La Real y sus 16 aldeas junto a otros municipios sub-béticos de Granada, Córdoba y Huelva, a unas primeras actividades para prevenir el suicidio. «Contra el estigma y el tabú, queremos que se hablé con naturalidad», dice Ortega. «Con los hombres nos cuesta más trabajo. No se abren, no hablan. En general, en la feria de asociaciones la gente se para en cualquiera menos en la nuestra».

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Rosa Rufián, familiar en duelo. V. Carrasco

Hasta hace apenas unos meses, Rosa Rufián tenía esa sensación de soledad absoluta y desorientación para encarar su luto. «Me pasó a mí, que no sabía dónde ir, a dónde acudir. No conocía ningún psicólogo, psiquiatra, asociación ni gente a la que le hubiera pasado para poder preguntarle: Oye, ¿y tú qué hiciste? Ahora por lo menos sabemos dónde ir a buscar recursos. A veces no buscan ayuda directa y se abren con la peluquera, con la de la farmacia, con la persona que le cuida. Ya ves tú».

Mujeres y tiempo

Un 90% de las que participan en las actividades contra el suicidio son mujeres. «Se crean vínculos entre nosotras», asegura Silvia Ruiz, psicóloga de 39 años, que colabora con la asociación Gama con talleres grupales de «esencia y calma mental». Nacida en Alcalá La Real, asegura que también ha sufrido «la depresión y las ideas suicidas y puedo poner mis conocimientos al servicio de otra persona». ¿De dónde vienen esos pensamientos autodestructivos? «Vivimos en una sociedad en la que estar tranquilo es difícil. Hay que ser rebelde para estar en calma», responde Ruiz. «Tenemos la sensación de que en cualquier momento todo se puede desmoronar. Hay exigencia, miedos, falta de humanidad, y te dices: ¿Cómo voy a hacer yo cargo a nadie de este peso que tengo si ya bastante tienen con los suyos? Se mezclan culpa y vergüenza por tener esas ideas».

De los casos de éxito, los que superan las ideas suicidas, no hay cifras y no están agrupados los datos de quienes lo intentan y sobreviven. Sólo las forenses y policiales pasan a las estadísticas. En Gama, dice Ortega, cuyo «marido sufre depresión y ansiedad», se intenta «dar la mano a todos y educar. Aquí lo tienen normalizado como una muerte natural más y no lo es, y hay muchos mitos, como que los suicidios vienen de tres en tres. Hay situaciones en las que no podemos ayudar y las derivamos al centro de salud, donde hay un protocolo».

El alcalde Marino Aguilera, la psicóloga Silvia Ruiz y la presidenta de Gama, Raquel Ortega. V. Carrasco

El camino ha sido largo. «Se le restó el componente de tragedia a base de repetir casos y se normalizó», mantiene el alcalde Aguilera, profesor de Geografía antes que político, de 49 años. «Se decía: ya ha dejado de sufrir, ya está descansando. No había ningún tipo de estrategia, el pueblo estaba perdido sobre qué hacer. Nosotros, desde 2021, estamos rompiendo ese muro de silencio. Nombramos las cosas por su nombre. El suicidio es rechazable, evitable, despreciable y un problema de carácter social. A las personas que sufren, la propia sociedad le ofrece recursos a través de las asociaciones, sostenidas por la conciencia social y el voluntariado. Nosotros comenzamos trayendo gente experta a dar charlas y animamos a la gente para que asistiera. La primera vez llenamos un auditorio de cien personas».

Los perfiles de suicidas han cambiado. Antes eran hombres de mediana edad, con «el mismo modus operandi o medio mecánico», indica Aguilera. Los datos oficiales señalan que ahora son también mujeres y jóvenes de ambos sexos. En el aula del instituto los docentes y psicólogos les muestran una realidad que, según las estadísticas, algunos de ellos sufren en silencio. Los «precipitantes» principales que les llevan a pensamientos autolíticos y quizás la muerte son los abusos sexuales y el acoso escolar. «No os calléis, buscad a alguien con quien podáis hablar en confianza. Podéis vivir con eso durante mucho tiempo, pero los traumas saldrán», advierte Calvillo acerca del primer factor de riesgo. Sobre el segundo, les pide: «Ante el acoso no seáis neutros, porque sufrimiento más desesperanza es igual a ideas suicidas». Para los familiares en duelo también aumenta el riesgo de suicidio, «porque te supera», dice Rosa Rufián. «Hay momentos que parece que ha pasado hace un rato o que parece que está pasando ahora mismo. Luego otros que están más tranquilos. El tiempo ayuda».

Línea de atención a la conducta suicida: 024

Teléfono de la esperanza: 717 003 717

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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