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Política

Esto no es un juicio: es un 'reality'

Esto no es un juicio: es un 'reality'
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Las extraordinarias Pano, socias de Aldama en el suculento negocio de los hidrocarburos, prometían espectáculo. De nuevo, las expectativas se quedaron cortas. Pocos en el Supremo recuerdan algo parecido Leer

Los tres acusados son machos ibéricos, pero día tras día la sensación indiscutible en el Tribunal Supremo lleva nombre de mujer. Ayer, en la tercera sesión del juicio contra José Luis Ábalos, las declaraciones bomba corrieron a cargo de Leonor González Pano, ex novia de Víctor de Aldama, y su madre, Carmen Pano, la mujer de cabeza fría y estética destartalada que dice haber llevado 90.000 euros a Ferraz en bolsas de plástico blancas metidas en bolsas de cartón «tipo Zara».

Las extraordinarias Pano, socias del comisionista en el suculento negocio de los hidrocarburos, prometían espectáculo. De nuevo, las expectativas se quedaron cortas.

La hija entró en la sala con una seguridad envidiable, enfundada en un mono y agarrada a un rosario. El asombro creció al escuchar la voz aniñadísima con la que confesó sus manejos junto a la cuadrilla de Villafuel, compuesta por «Víctor», su madre y el empresario Claudio Rivas. Es posible que jamás el Supremo haya asistido a una narración delictiva en un tono tan meloso.

Alberto Durán, abogado de la acusación popular, leyó un mensaje que la dulce Leonor recibió de su novio: «Qué hijoputa el putero. Ha sido pillar la casa y le ha dado al botoncito». Ella asintió. «Es un lenguaje soez», suspiró, compungida. Aquellos eran tiempos felices: tras comprarle a Ábalos un chalé en La Alcaidesa (Cádiz), el grupo recibió la feliz noticia de que el Gobierno les concedería la ansiada licencia petrolera. Por eso hay que ponerse en la piel de esta gente cuando se enteró de que Pedro Sánchez le había fulminado. «Se ha liado en el Consejo de Ministros», tecleó Leonor. «Se ha enfrentado el putero al guapo. (...) La mitad del partido está con el putero y la otra mitad con el guapo».

Ahí Ábalos se rió. Mucho. Pero no hubo más momentos de jolgorio en el banquillo. Hasta el exultante Aldama andaba algo replegado. Tras las telenovelas de Jésica Rodríguez y Claudia Montes, ayer las Pano trataron asuntos muy delicados. Mientras emerge esta matrioska de colocación de queridas y trasiego de billetes -incluso en casa del omnipresente Javier Hidalgo-, va quedando claro que llamarlo caso Mascarillas es de un simplismo extremo.

Puede decirse que el juicio ha cruzado la línea del reality. Pocos en el Supremo recuerdan algo parecido: la exhibición tan descarnada de esta corrupción con olor a Ducados, de este abuso de poder tan chabacano. El chalé, por ejemplo. Cuando nadie pagaba ya el alquiler y la vivienda se quedó sin luz, Ábalos y Koldo se engancharon a una toma y tiraron para delante. Era una noche de viernes, según precisó Carmen Pano. La empresaria añadió algo más: el socialista, dijo, aún le debe dinero al jardinero. Pura conciencia de clase.

Ayer supimos también que el enchufe de Claudia dejó un segundo cadáver. Además de al jefe que quiso expedientarla, Logirail destituyó al encargado que exigió que Koldo dejara por escrito que la miss estaba exenta de acudir al trabajo. Se llama Enrique Martínez Torres. Él mismo contó que el refinado asesor le llamó dos veces con amenazas. Su integridad invita a mantener la esperanza.

Andrés Martínez Arrieta también contribuyó a este propósito: el presidente adelantó la comparecencia de Carmen para que madre e hija pudieran abandonar juntas el Supremo. Un gesto de amabilidad que, entre tanta mugre, resultó casi desconcertante.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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