Ante este problema, Hamann y su equipo se inspiraron en la estructura de las branquias de los peces para desarrollar un filtro innovador capaz de atrapar eficazmente las fibras microplásticas liberadas por las lavadoras.
Un sistema de filtración desarrollado a través de la evolución
El equipo se centró en las branquias de peces filtradores como la caballa y la sardina, que se alimentan de plancton y materia orgánica al filtrar el agua mientras nadan con la boca abierta. A lo largo de cientos de millones de años de evolución, estos peces han perfeccionado un sistema capaz de separar partículas diminutas del agua con gran eficiencia.
la absorción de oxígeno y la liberación de dióxido de carbono.El arco branquial se estrecha desde la boca hasta el esófago y presenta una estructura cónica, similar a un armazón. Sus paredes están cubiertas de diminutas proyecciones similares a dientes, que forman una malla de gran precisión a lo largo de todo el arco. El agua inhalada por el pez se filtra a través de esta pared permeable y luego se expulsa de nuevo al entorno a través de las hendiduras branquiales.
el plancton demasiado grande queda bloqueado por la malla branquial y rueda por el cono para acumularse. Los peces se lo tragan con regularidad y vacían y limpian las branquias.Este diseño natural tiene dos ventajas importantes: Las partículas no chocan directamente con la barrera plana, sino que se mueven a lo largo de su superficie, lo que la hace menos propensa a atascarse, y al mismo tiempo combina un alto rendimiento de filtración con la capacidad de eliminar el plancton del agua casi por completo. Exactamente las características que se exigen a un filtro de lavadora.
Los microplásticos capturados se acumulan en la salida del filtro y se aspiran varias veces por minuto. Según Hamann, el material recolectado puede prensarse internamente para eliminar el agua y transformarse en gránulos sólidos de plástico. Si estos gránulos se extrajeran después de cada docena de lavados y se gestionaran como residuos generales, el impacto ambiental de las fibras microplásticas podría reducirse significativamente.los peligros para la salud de los microplásticos es cada vez mayor. Diversos estudios han detectado estas partículas en la leche materna, la placenta e incluso el cerebro. Su captura en origen sería una medida importante para proteger tanto el medio ambiente como la salud humana. Esta innovación, que aplica cientos de millones de años de sabiduría natural, podría ser un gran paso hacia la solución del problema de los microplásticos.Artículo originalmente publicado enWIRED Japón.Adaptado por Alondra Flores.