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Estamos tan anestesiados que decir la verdad incomoda, y quien se atreve a señalar la grieta termina pagando la cuenta
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Estamos tan anestesiados que decir la verdad incomoda, y quien se atreve a señalar la grieta termina pagando la cuenta

Regala esta noticia Añádenos en Google Ceutíes protestan frente al acceso campamento temporal habilitado en Ceuta. (Efe)

Manuel Vilas

02/09/2026 a las 00:03h.

No estamos bien y se nota. Estamos tan anestesiados que decir la verdad incomoda, y quien se atreve a señalar la grieta termina pagando la ... cuenta. Europa ya no tiene pulso; solo tiene burocracia espesa y maloliente. España, en particular, se ha convertido en una nación crepuscular: un estiramiento cansado de piedras, catedrales góticas y memoria limada. Somos un país viejo y exhausto que asiste a su propia deriva con la apatía del que cree haberlo vivido todo y ya nada espera. La energía histórica que encendía revoluciones y futuros mejores se ha disipado, ha sido reemplazada por una docilidad cómoda, una costumbre de obedecer y dejarnos llevar por el arrastre de los acontecimientos.

El síntoma más grave de este naufragio no es militar ni económico, sino cultural. Que el latín, la filosofía y la literatura hayan sido desterrados de las aulas no responde a una reforma pedagógica: es un acto de amnesia programada. Al amputarle las humanidades a los jóvenes, les hemos quitado la herramienta fundamental de su propio pensamiento, la arquitectura del lenguaje que edificó nuestras leyes y nuestro progreso. Preferimos ciudadanos dóciles y funcionales antes que mentes educadas en el rigor. Cambiamos las raíces por la prisa; la profundidad por el titular. Adiós a Aristóteles, adiós a Cervantes, adiós a Beethoven. Ya no sabemos quiénes fuimos. Nos estamos yendo de la historia.

Un pueblo que desconoce las palabras que fundaron su mundo es incapaz de defenderlo, sencillamente porque no sabe qué está protegiendo. Olvidamos la sangre que costó ganar la libertad, la democracia y la prosperidad. Sin gramática y sin carácter, la debilidad política de Europa se vuelve irreversible. Acabamos de ver el portazo de Islandia y el descontento cunde en el centro del continente. Mientras la luz se apaga sobre las catedrales y las aulas quedan vacías de sentido, el futuro no pide permiso: entra a saco por las grietas que dejamos abiertas. No estamos bien. Tenemos una Europa de funcionarios grotescos. No hay nadie al mando. Solo gente de vacaciones. Gente tomando del sol. Y la barbarie acecha.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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