Si miramos al cielo y a nuestras llanuras, el país es un gigante indiscutible. Según los datos oficiales de la Asociación Empresarial Eólica (AEE), la energía del viento es ya la primera fuente de generación eléctrica en nuestro país, cubriendo un impresionante 24% de la demanda nacional. Con más de 31.600 megavatios (MW) de potencia acumulada repartidos en 1.412 parques eólicos, España se consolida como el segundo país de Europa (solo por detrás de Alemania) y el sexto del mundo en potencia instalada.
Sin embargo, detrás de este éxito de la "España vaciada" se esconde un puente roto. El viento sopla y las aspas giran, pero nos faltan los cables para llevar esa energía limpia a las ciudades y fábricas donde realmente se consume. Y justo ahora, cuando la burocracia amenaza con ahogar al sector, Europa acaba de poner sobre la mesa un informe que demuestra que lo que hemos construido hasta hoy es solo la punta del iceberg: el margen de crecimiento que le queda a España no solo es grande, es abrumadoramente superior al del resto del continente.
Un abrumador primer puesto. La confirmación ha llegado directamente desde Bruselas. El Joint Research Centre (JRC) de la Comisión Europea acaba de publicar la segunda edición del informe ENSPRESO 2. Este documento científico no hace estimaciones al aire: mide el potencial técnico factible de energía eólica terrestre en Europa con una altísima resolución geográfica de 1 kilómetro cuadrado. Los resultados posicionan a España como líder de toda la UE por un amplísimo margen.
Tal y como desgrana el experto Joaquín Coronado, las cifras son estratosféricas. En el escenario de referencia, España alcanza un potencial técnico de 183,9 gigavatios (GW) de capacidad instalable y 415,4 TWh/año de generación. Más del doble que Rumanía y Suecia, los siguientes en el ranking. Si cruzamos esto con nuestra capacidad actual, la conclusión es deslumbrante: el techo está lejísimos.
En Xataka
En silencio, España está resolviendo su mayor problema energético: convertirse en la segunda potencia mundial de baterías
¿Cómo lideramos con tanta ventaja? El mérito de este primer puesto es aún mayor si entendemos cómo se ha calculado. El informe de la Comisión Europea ha aplicado filtros muy estrictos para que una zona sea considerada apta: los molinos no pueden estar a más de 5 kilómetros de una carretera, ni a más de 3 kilómetros de la red eléctrica, y deben respetar distancias mínimas a núcleos de población (1 km) y zonas protegidas como Natura 2000. Tras pasar todos estos exigentes filtros, el 5,8% del territorio español queda disponible y apto para albergar aerogeneradores.
Como explica Coronado, nuestra baja densidad poblacional relativa en aquellas zonas donde hace más viento nos da una ventaja competitiva brutal. Somos mucho menos sensibles a los cambios en las distancias de separación (los llamados "retranqueos") que países densamente poblados como Alemania, Francia o Polonia. Incluso si Europa nos obligara a alejarnos 2 kilómetros de las poblaciones (el escenario más restrictivo), España seguiría reteniendo 52,8 GW de potencial.
No todo son luces. El experto energético advierte de un problema puramente interno: la "heterogeneidad regulatoria". Mientras la normativa nacional marca una distancia de separación de 500 metros a las poblaciones, hay comunidades autónomas como Baleares, Navarra o Valencia que exigen 1.000 metros, y otras como el País Vasco o Canarias que piden 400. Esta fragmentación normativa hace que el potencial real varíe drásticamente dependiendo de en qué lado de la frontera autonómica sople el viento.
El infarto burocrático de una red "llena". Llegados a este punto de la radiografía, toca abordar el elefante en la habitación. Como hemos explicado en Xataka, el sistema eléctrico español sufre una grave "trombosis" administrativa. La red no está físicamente colapsada, sino administrativamente "llena" e infrautilizada. El pánico estalló cuando la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) se vio obligada a retrasar a mayo de los mapas de capacidad porque el 90% de los nudos aparecían en rojo.
Ante este cuello de botella, el CEO de Red Eléctrica, Roberto García Merino, se defiende recordando que tienen 1.500 millones listos para invertir, pero el papeleo retrasa hasta una década obras que apenas exigen un año de trabajo físico. Por si el atasco interno fuera poco, topamos con el tapón externo de Francia, cuya pírrica interconexión (2,8%) nos aísla y nos obliga a tirar energía barata para proteger su industria nuclear.
El riesgo de morir de éxito. España se encuentra en una encrucijada histórica. Tenemos el clima, el suelo, el viento y el aval de la UE. Si a este potencial eólico le sumamos los 19 GW de hidráulica reversible ya en tramitación, España tiene en su mano desarrollar el mix eléctrico sin emisiones más competitivo de toda Europa.
Pero para alcanzar ese futuro no bastan los mapas térmicos ni los informes de Bruselas. Se necesita, como apuntan los expertos, homogeneizar la legislación entre comunidades, compensar a las poblaciones locales y, sobre todo, agilizar de manera urgente los permisos para construir la red. Como resumen desde el sector: "Los planes son muy bonitos, pero hay que construirlos".
Imagen | Carlos Teixidor Cadenas
Xataka | Macron cree que España tiene "un problema" con las renovables. Lo que en realidad quiere decir es que son "competencia"
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La noticia
Europa acaba de medir cuánto potencial eólico le queda a España. La respuesta es un abrumador primer puesto
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
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Europa acaba de medir cuánto potencial eólico le queda a España. La respuesta es un abrumador primer puesto
Un nuevo informe de la Comisión Europea sitúa a España a años luz del resto del continente en potencial instalable
El desafío para España ya no es encontrar viento ni atraer inversores, sino conseguir que construir una subestación no tarde una década en los despachos
Si miramos al cielo y a nuestras llanuras, el país es un gigante indiscutible. Según los datos oficiales de la Asociación Empresarial Eólica (AEE), la energía del viento es ya la primera fuente de generación eléctrica en nuestro país, cubriendo un impresionante 24% de la demanda nacional. Con más de 31.600 megavatios (MW) de potencia acumulada repartidos en 1.412 parques eólicos, España se consolida como el segundo país de Europa (solo por detrás de Alemania) y el sexto del mundo en potencia instalada.
Sin embargo, detrás de este éxito de la "España vaciada" se esconde un puente roto. El viento sopla y las aspas giran, pero nos faltan los cables para llevar esa energía limpia a las ciudades y fábricas donde realmente se consume. Y justo ahora, cuando la burocracia amenaza con ahogar al sector, Europa acaba de poner sobre la mesa un informe que demuestra que lo que hemos construido hasta hoy es solo la punta del iceberg: el margen de crecimiento que le queda a España no solo es grande, es abrumadoramente superior al del resto del continente.
Un abrumador primer puesto. La confirmación ha llegado directamente desde Bruselas. El Joint Research Centre (JRC) de la Comisión Europea acaba de publicar la segunda edición del informe ENSPRESO 2. Este documento científico no hace estimaciones al aire: mide el potencial técnico factible de energía eólica terrestre en Europa con una altísima resolución geográfica de 1 kilómetro cuadrado. Los resultados posicionan a España como líder de toda la UE por un amplísimo margen.
Tal y como desgrana el experto Joaquín Coronado, las cifras son estratosféricas. En el escenario de referencia, España alcanza un potencial técnico de 183,9 gigavatios (GW) de capacidad instalable y 415,4 TWh/año de generación. Más del doble que Rumanía y Suecia, los siguientes en el ranking. Si cruzamos esto con nuestra capacidad actual, la conclusión es deslumbrante: el techo está lejísimos.
¿Cómo lideramos con tanta ventaja? El mérito de este primer puesto es aún mayor si entendemos cómo se ha calculado. El informe de la Comisión Europea ha aplicado filtros muy estrictos para que una zona sea considerada apta: los molinos no pueden estar a más de 5 kilómetros de una carretera, ni a más de 3 kilómetros de la red eléctrica, y deben respetar distancias mínimas a núcleos de población (1 km) y zonas protegidas como Natura 2000. Tras pasar todos estos exigentes filtros, el 5,8% del territorio español queda disponible y apto para albergar aerogeneradores.
Como explica Coronado, nuestra baja densidad poblacional relativa en aquellas zonas donde hace más viento nos da una ventaja competitiva brutal. Somos mucho menos sensibles a los cambios en las distancias de separación (los llamados "retranqueos") que países densamente poblados como Alemania, Francia o Polonia. Incluso si Europa nos obligara a alejarnos 2 kilómetros de las poblaciones (el escenario más restrictivo), España seguiría reteniendo 52,8 GW de potencial.
No todo son luces. El experto energético advierte de un problema puramente interno: la "heterogeneidad regulatoria". Mientras la normativa nacional marca una distancia de separación de 500 metros a las poblaciones, hay comunidades autónomas como Baleares, Navarra o Valencia que exigen 1.000 metros, y otras como el País Vasco o Canarias que piden 400. Esta fragmentación normativa hace que el potencial real varíe drásticamente dependiendo de en qué lado de la frontera autonómica sople el viento.
El infarto burocrático de una red "llena". Llegados a este punto de la radiografía, toca abordar el elefante en la habitación. Como hemos explicado en Xataka, el sistema eléctrico español sufre una grave "trombosis" administrativa. La red no está físicamente colapsada, sino administrativamente "llena" e infrautilizada. El pánico estalló cuando la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) se vio obligada a retrasar a mayo de los mapas de capacidad porque el 90% de los nudos aparecían en rojo.
Ante este cuello de botella, el CEO de Red Eléctrica, Roberto García Merino, se defiende recordando que tienen 1.500 millones listos para invertir, pero el papeleo retrasa hasta una década obras que apenas exigen un año de trabajo físico. Por si el atasco interno fuera poco, topamos con el tapón externo de Francia, cuya pírrica interconexión (2,8%) nos aísla y nos obliga a tirar energía barata para proteger su industria nuclear.
El riesgo de morir de éxito. España se encuentra en una encrucijada histórica. Tenemos el clima, el suelo, el viento y el aval de la UE. Si a este potencial eólico le sumamos los 19 GW de hidráulica reversible ya en tramitación, España tiene en su mano desarrollar el mix eléctrico sin emisiones más competitivo de toda Europa.
Pero para alcanzar ese futuro no bastan los mapas térmicos ni los informes de Bruselas. Se necesita, como apuntan los expertos, homogeneizar la legislación entre comunidades, compensar a las poblaciones locales y, sobre todo, agilizar de manera urgente los permisos para construir la red. Como resumen desde el sector: "Los planes son muy bonitos, pero hay que construirlos".