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Europa se acaba de dar cuenta de un escenario alarmante: que Rusia lleva años sabiendo todos sus pasos desde el espacio

Europa se acaba de dar cuenta de un escenario alarmante: que Rusia lleva años sabiendo todos sus pasos desde el espacio
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Tras la Guerra Fría, el espacio fue concebido por Europa más como una extensión de la cooperación científica y del mercado civil que como un dominio de confrontación estratégica. Así se desplegaron satélites pensados para televisión, meteorología o navegación en una época en la que la principal preocupación era la fiabilidad técnica y el coste, no la hostilidad deliberada de otros Estados. Mientras Washington y Moscú mantenían viva la lógica militar heredada y China empezaba a construir la suya, Europa fue asentando una arquitectura espacial funcional, abierta y dependiente de la confianza.  El último hallazgo delata un error de fondo “gordo”. La guerra híbrida llega a la órbita. Sí, durante años, Europa asumió que el espacio era un dominio técnico y relativamente estable, protegido en última instancia por su carácter civil y cooperativo. Ocurre que la actividad reciente de satélites rusos ha roto esa ilusión.  ¿Cómo? En paralelo a sabotajes de cables submarinos y otras operaciones encubiertas, Moscú parece haber trasladado su guerra híbrida al espacio, aprovechando un punto ciego crítico: muchos satélites europeos fueron lanzados hace décadas sin sistemas modernos de cifrado ni protección avanzada. Esa vulnerabilidad, ignorada durante años, ha convertido la órbita geoestacionaria en un nuevo frente silencioso donde no hacen falta misiles para infligir daños estratégicos. En Xataka Canarias y Galicia han hecho saltar las alarmas de la Armada. La flota fantasma de Rusia ha llegado a España con buques de guerra Luch-1 y Luch-2. Hay mucho más, ya que el Financial Times descubría en exclusiva esta mañana que las autoridades occidentales llevan tiempo siguiendo los movimientos de dos vehículos espaciales rusos, Luch-1 y Luch-2, que han realizado maniobras inusuales acercándose peligrosamente a satélites europeos clave y permaneciendo junto a ellos durante semanas.  Desde su lanzamiento en 2023, Luch-2 se ha aproximado al menos a 17 satélites que prestan servicios esenciales a Europa, África y Oriente Medio, una pauta que, según los analistas, no deja lugar a dudas sobre su propósito. Estos acercamientos no son accidentales: buscan situarse dentro del estrecho cono de transmisión de datos entre las estaciones terrestres y los satélites, una posición ideal para interceptar señales y estudiar su funcionamiento interno. El fallo crítico. La revelación más inquietante es que parte de la información más sensible que circula por estos sistemas, incluidos los enlaces de mando que permiten ajustar la órbita, no está cifrada.  Dicho de otra forma, eso significa que Rusia no solo podría haber espiado comunicaciones civiles y gubernamentales, sino también haber registrado datos técnicos suficientes para imitar a los operadores legítimos desde tierra. Con ese conocimiento, por ejemplo, un actor hostil podría enviar órdenes falsas para alterar la orientación de un satélite, sacarlo de servicio, desalinearlo o incluso forzar su caída o deriva incontrolada, sin necesidad de destruirlo físicamente y sin dejar una firma clara de ataque. En 3D Juegos Hace 12 años, la exmujer de Elon Musk dijo que una de las mejores técnicas del multimillonario es saber usar sabiamente la psicología de la oposición Un talón de Aquiles estratégico. Aunque los satélites Luch no parecen tener capacidad directa para interferir o destruir otros aparatos, su valor reside en el conocimiento acumulado: cómo se usan los satélites europeos, quién los opera y desde dónde. Esa inteligencia permite preparar ataques más discretos, como interferencias selectivas o ciberataques coordinados desde tierra, y refuerza la idea de que las redes espaciales son el verdadero talón de Aquiles de las sociedades modernas.  Mientras Rusia amplía su programa de reconocimiento con nuevos satélites maniobrables y Europa empieza a asumir la magnitud del problema, el mensaje es claro: la guerra híbrida ya no se libra solo en el mar o en tierra firme, sino también a 35.000 kilómetros sobre nuestras cabezas, el punto donde Europa acaba de descubrir que llevaba años expuesta. Imagen | woodleywonderworks En Xataka | Una guerra espacial se cierne sobre nuestras cabezas y Europa es la potencia que menos invierte en tecnología de defensa En Xataka | Polonia y España son los países europeos que más han incrementado su contribución al espacio. Por razones muy diferentes - La noticia Europa se acaba de dar cuenta de un escenario alarmante: que Rusia lleva años sabiendo todos sus pasos desde el espacio fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
Europa se acaba de dar cuenta de un escenario alarmante: que Rusia lleva años sabiendo todos sus pasos desde el espacio

Aunque los satélites Luch no parecen tener capacidad directa para interferir o destruir otros aparatos, su valor reside en el conocimiento acumulado

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Miguel Jorge

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Tras la Guerra Fría, el espacio fue concebido por Europa más como una extensión de la cooperación científica y del mercado civil que como un dominio de confrontación estratégica. Así se desplegaron satélites pensados para televisión, meteorología o navegación en una época en la que la principal preocupación era la fiabilidad técnica y el coste, no la hostilidad deliberada de otros Estados. Mientras Washington y Moscú mantenían viva la lógica militar heredada y China empezaba a construir la suya, Europa fue asentando una arquitectura espacial funcional, abierta y dependiente de la confianza. 

El último hallazgo delata un error de fondo “gordo”.

La guerra híbrida llega a la órbita. Sí, durante años, Europa asumió que el espacio era un dominio técnico y relativamente estable, protegido en última instancia por su carácter civil y cooperativo. Ocurre que la actividad reciente de satélites rusos ha roto esa ilusión

¿Cómo? En paralelo a sabotajes de cables submarinos y otras operaciones encubiertas, Moscú parece haber trasladado su guerra híbrida al espacio, aprovechando un punto ciego crítico: muchos satélites europeos fueron lanzados hace décadas sin sistemas modernos de cifrado ni protección avanzada. Esa vulnerabilidad, ignorada durante años, ha convertido la órbita geoestacionaria en un nuevo frente silencioso donde no hacen falta misiles para infligir daños estratégicos.

En XatakaCanarias y Galicia han hecho saltar las alarmas de la Armada. La flota fantasma de Rusia ha llegado a España con buques de guerra

Luch-1 y Luch-2. Hay mucho más, ya que el Financial Times descubría en exclusiva esta mañana que las autoridades occidentales llevan tiempo siguiendo los movimientos de dos vehículos espaciales rusos, Luch-1 y Luch-2, que han realizado maniobras inusuales acercándose peligrosamente a satélites europeos clave y permaneciendo junto a ellos durante semanas. 

Desde su lanzamiento en 2023, Luch-2 se ha aproximado al menos a 17 satélites que prestan servicios esenciales a Europa, África y Oriente Medio, una pauta que, según los analistas, no deja lugar a dudas sobre su propósito. Estos acercamientos no son accidentales: buscan situarse dentro del estrecho cono de transmisión de datos entre las estaciones terrestres y los satélites, una posición ideal para interceptar señales y estudiar su funcionamiento interno.

El fallo crítico. La revelación más inquietante es que parte de la información más sensible que circula por estos sistemas, incluidos los enlaces de mando que permiten ajustar la órbita, no está cifrada

Dicho de otra forma, eso significa que Rusia no solo podría haber espiado comunicaciones civiles y gubernamentales, sino también haber registrado datos técnicos suficientes para imitar a los operadores legítimos desde tierra. Con ese conocimiento, por ejemplo, un actor hostil podría enviar órdenes falsas para alterar la orientación de un satélite, sacarlo de servicio, desalinearlo o incluso forzar su caída o deriva incontrolada, sin necesidad de destruirlo físicamente y sin dejar una firma clara de ataque.

En 3D JuegosHace 12 años, la exmujer de Elon Musk dijo que una de las mejores técnicas del multimillonario es saber usar sabiamente la psicología de la oposición

Un talón de Aquiles estratégico. Aunque los satélites Luch no parecen tener capacidad directa para interferir o destruir otros aparatos, su valor reside en el conocimiento acumulado: cómo se usan los satélites europeos, quién los opera y desde dónde. Esa inteligencia permite preparar ataques más discretos, como interferencias selectivas o ciberataques coordinados desde tierra, y refuerza la idea de que las redes espaciales son el verdadero talón de Aquiles de las sociedades modernas. 

Mientras Rusia amplía su programa de reconocimiento con nuevos satélites maniobrables y Europa empieza a asumir la magnitud del problema, el mensaje es claro: la guerra híbrida ya no se libra solo en el mar o en tierra firme, sino también a 35.000 kilómetros sobre nuestras cabezas, el punto donde Europa acaba de descubrir que llevaba años expuesta.

Imagen | woodleywonderworks

En Xataka | Una guerra espacial se cierne sobre nuestras cabezas y Europa es la potencia que menos invierte en tecnología de defensa

En Xataka | Polonia y España son los países europeos que más han incrementado su contribución al espacio. Por razones muy diferentes

Fuente original: Leer en Xataka
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