Advierte de que las normas ambientales o fitosanitarias que se aplican en el territorio UE no se exigen a quienes exportan sus productos a Europa
Sevilla
Sábado, 28 de febrero 2026, 00:05
El espacio profesional de Ricardo Serra. María Guerra-Con esta preocupación medioambiental se le imponen al campo europeo obligaciones que no se aplican en otros países.
-Europa cuida mucho el medio ambiente, pero ni China, ni India, ni Estados Unidos, ni Brasil aplican las mismas restricciones. Eso encarece nuestras producciones vegetales y ganaderas, mientras ellos exportan aquí sin asumir esos costes. Si no podemos obligarles a cumplir las mismas normas, al menos deberíamos exigir condiciones equivalentes para aceptar sus productos. De lo contrario, se produce una competencia desleal que perjudica a quien sí cumple.
«Alemania, principal contribuyente a la Unión Europea, tiene especial interés en proteger su industria automovilística.»
-¿Por qué Europa no escucha ese mensaje?
-Porque hay una asimetría clara en la capacidad de influencia de los sectores económicos. El sector industrial tiene un peso político muy superior al agrario. En el acuerdo con Mercosur, por ejemplo, la presión industrial es enorme: automoción, sector químico, banca. Alemania, gran contribuyente a la Unión Europea, tiene especial interés en proteger su industria automovilística. Frente a eso, el sector agrario queda en desventaja. Francia ha mostrado resistencia por la importancia social y política que allí tiene el campo, pero en general el equilibrio de poder favorece a la industria. Lo que pedimos no es bloquear acuerdos, sino garantizar ecuanimidad. Si se firma con Mercosur, al menos que se cumplan normas básicas para que el sector agrario y ganadero no sea arrasado.
-¿Qué normas?
—Limitaciones en pesticidas, prohibición de hormonas en la carne, exigencias medioambientales. Se habla de cláusulas espejo, pero dudamos de su cumplimiento real en algunos países. Y está el control en frontera: es responsabilidad de cada Estado miembro y no siempre hay el mismo interés en vigilar. Pedimos más control, transparencia y un organismo europeo que supervise lo que entra. También mecanismos eficaces sobre contingentes y cláusulas de salvaguarda, porque ya hay precedentes —como el acuerdo con Marruecos en tomate— en los que los límites se incumplen sin consecuencias.
-La agricultura andaluza, sin embargo, está abriendo nuevos mercados.
-La agricultura andaluza es probablemente la más competitiva de Europa en muchos productos y, además, extraordinariamente diversa: berries en Huelva, cítricos en el valle del Guadalquivir, un olivar que lidera el mundo en producción y calidad, el poniente almeriense con su horticultura intensiva. Es una agricultura tecnificada y con gran capacidad comercial: dos tercios de la fruta y hortaliza se exportan. España es el primer productor mundial de aceite de oliva y la mayor parte procede de Andalucía, con una revolución en calidad y envasado.
«Tenemos tasas de paro elevadas y, sin embargo, faltan trabajadores en el campo; algo no funciona»
-¿En un contexto internacional más proteccionista qué ocurre?
-Durante décadas la Política Agraria Común se reformó para liberalizar el comercio por exigencias de la Organización Mundial del Comercio: bajar aranceles, adaptar precios al mercado internacional y compensar pérdidas con pagos directos. Desde 1992 se han sucedido reformas orientadas a desarmar fronteras y desvincular ayudas de la producción. Tras 30 años de ajustes y exigencias ambientales, vemos cómo potencias como Estados Unidos pueden imponer aranceles y saltarse esa lógica sin consecuencias. El resultado es un enorme descontento del sector agrario europeo, que ha asumido restricciones mientras otros no lo hacen y, además, compiten en nuestro mercado.
-¿Tiene límites la capacidad de adaptación del campo andaluz?
-Sí. La resiliencia existe, pero tiene techo. Hay mejoras productivas posibles, pero llega un momento en que el incremento de costes no compensa el aumento de producción si los precios bajan por la competencia exterior.
-El relevo generacional y la mano de obra también preocupan.
-Tenemos tasas de paro elevadas y, sin embargo, faltan trabajadores en el campo. Algo no funciona. Cuesta encontrar personal para la recolección pese a existir paro agrícola. Es un asunto que debería abordarse con serenidad. ¿Cómo si hay no sé cuántas personas cobrando el paro agrícola no se encuentra gente para hacer recolección o para labores que no necesitan cualificación? Yo no hago culpable de trabajadores. Si te lo ponen fácil, ¿Para qué vas a ir a trabajar si prácticamente vas a ingresar la misma cantidad trabajando que sin trabajar? En cuanto al relevo generacional, muchos agricultores pequeños no se jubilan porque la pensión es insuficiente; mantienen la explotación hasta el final y no hay transición ordenada. Sus hijos suelen buscar otras profesiones. Menos del 5% de los agricultores en España tiene menos de 35 años.
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