- BEN HALL, CHARLES CLOVER Y HENRY FOY
La incertidumbre sobre el compromiso de Washington impulsa a Europa a reformar la OTAN y a prepararse para una guerra de alta intensidad contra la amenaza rusa.
Detrás de la muestra de unidad en la cumbre de la OTAN de esta semana, las potencias militares europeas comienzan a contemplar lo impensable. Los gobiernos europeos han perdido la confianza en la disposición del presidente estadounidense Donald Trump de acudir en ayuda de sus aliados. Esto, a su vez, ha suscitado interrogantes que habrían sido inconcebibles hace tan solo un año.
¿Cómo se defendería Europa sin Estados Unidos? ¿Cómo lucharía sin el liderazgo militar y la abrumadora potencia de fuego estadounidense que ha sustentado la doctrina de la OTAN durante generaciones?
Europa aún lidia con las implicaciones financieras y militares de asumir una mayor carga dentro de la alianza, por no hablar de lo que supondría no contar con Estados Unidos. Pero dadas las recriminaciones de Trump sobre el gasto en defensa y la falta de apoyo europeo a su guerra en Irán, los líderes del continente ya no pueden ignorar el escenario en el que tengan que repeler la agresión rusa con mucho menos apoyo estadounidense, o ninguno.
Replantear la seguridad
Según entrevistas con más de una docena de diplomáticos, funcionarios de defensa y oficiales militares, unos Estados Unidos poco fiables y posiblemente hostiles están obligando a las capitales europeas a replantearse radicalmente cómo organizar su propia seguridad.
Los debates abarcan desde el liderazgo político y las estructuras de mando hasta la doctrina bélica y el aprovisionamiento.
Anticipan una menor participación estadounidense, pero también una mayor de Ucrania. También asumen que los europeos, junto con sus aliados canadienses, acabarán actuando de forma diferente, ya sea por elección o por necesidad.
Además, una ventaja militar convencional masiva ya no es necesariamente la garantía de éxito que fue en el pasado. La resistencia de Ucrania contra Rusia lo ha demostrado, al igual que las dificultades que Irán ha planteado a Estados Unidos.
Algunos funcionarios y expertos afirman que el continente tendrá que idear una nueva estrategia bélica europea que incluya un mayor liderazgo regional, armamento de menor coste, una producción más eficiente y nuevas estrategias para protegerse de la agresión rusa.
Para muchos europeos, enfrentarse a una Rusia agresiva sin ayuda estadounidense, o con una ayuda menor, es una perspectiva alarmante.
Dado que la Administración Trump desea una retirada de las tropas estadounidenses de Europa más rápida que el propio ejército estadounidense, y posiblemente de forma abrupta, este es "un momento inusualmente peligroso" que Moscú podría aprovechar para poner a prueba la seguridad europea, señala un alto funcionario británico.
En algunas capitales europeas persiste el nerviosismo ante la idea de prepararse abiertamente para un menor papel de Estados Unidos en la defensa del continente, por temor a que se convierta en una profecía autocumplida.
Pero Alexandra de Hoop Scheffer, presidenta de German Marshall Fund, afirma que la región debería ver este momento como una oportunidad. Sostiene que un enfoque más proactivo podría dar a Europa tiempo para prepararse para el traspaso de responsabilidades desde Estados Unidos.
¿Está sola Europa?
Los líderes europeos intentaron convencer a Trump en la cumbre de Ankara de que están cumpliendo con su parte. En conjunto, los miembros de la OTAN que no son Estados Unidos han incrementado el gasto en defensa un 20% anual durante los últimos dos años, un impulso armamentístico que según el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, está generando 195.000 empleos en Estados Unidos.
"Europa está dando un paso al frente, asumiendo un papel de liderazgo, pero... con una fuerte presencia convencional estadounidense en Europa", afirma Rutte.
La cuestión es cómo de fuerte será esa presencia y si Europa puede contar realmente con ella.
En la cumbre de la OTAN del año pasado en La Haya, los líderes europeos consiguieron que Trump reafirmase su compromiso con la alianza a cambio de la promesa de destinar el 5% del PIB a defensa y resiliencia para 2035.
Sin embargo, cualquier sensación de alivio se desvaneció rápidamente ante su aparente disposición a firmar un acuerdo de paz con Rusia desfavorable para Ucrania, una estrategia de seguridad nacional estadounidense abiertamente antagónica hacia Europa y, sobre todo, su amenaza de usar la fuerza contra Dinamarca para hacerse con el control de Groenlandia.
Este año, Estados Unidos también ha cancelado despliegues de tropas, ha reducido las capacidades asignadas a la OTAN y ha iniciado una revisión de seis meses de su postura militar en Europa.
Los planes de defensa de la OTAN que sus líderes aprobaron hace apenas un año asumían que Estados Unidos seguiría soportando casi el 40% de la carga bélica; ahora, esa proporción se reducirá casi con seguridad.
Otro duro golpe ha sido la rápida disminución de las reservas de armas de Estados Unidos y sus aliados del Golfo Pérsico durante la guerra con Irán. Se ha comunicado a los clientes europeos que tendrán que esperar varios años para recibir el equipo estadounidense, obligándoles a buscar alternativas locales.
Los funcionarios europeos sostienen ahora que deben centrarse en algo más que aumentar las capacidades.
En las capitales europeas hay poco apoyo a otorgar a la UE un mayor protagonismo en las operaciones militares. En su lugar, quieren intentar salvar la OTAN haciéndola menos estadounidense.
Sustituir las fuerzas y recursos de apoyo esenciales estadounidenses, como la inteligencia, el reconocimiento, la defensa aérea y el reabastecimiento de combustible, seguirá siendo una aspiración a menos que los gobiernos europeos logren aumentar el gasto en defensa con mayor rapidez.
Alemania y sus vecinos nórdicos y bálticos están realizando fuertes inversiones; se prevé que el gasto en defensa de Berlín alcance el 3,5% del PIB para 2029, muy por delante de la fecha objetivo de la OTAN de 2035.
Sin embargo, Francia y Reino Unido, las dos potencias militares europeas, están muy lejos del objetivo. Se espera que gasten sólo el 2,5% y el 2,7% del PIB, respectivamente, para 2030. Incluso Alemania carece de un plan de financiación a largo plazo.
No obstante, si bien es necesario aumentar el gasto, ya no basta con ello.
"Para mí, la cuestión principal es si la OTAN debería contar únicamente con recursos europeos o si debería estar cada vez más liderada por Europa", afirma Jana Puglierin, del think tank European Council on Foreign Relations (ECFR) de Berlín.
Puglierin aboga por aprovechar el reciente nombramiento de europeos en los tres cuarteles generales operativos de la OTAN: Brunssum (Países Bajos), Nápoles (Italia) y Norfolk (Estados Unidos).
En un artículo reciente, Puglierin y sus coautores afirman que cada uno de ellos debería ser capaz de liderar operaciones a gran escala sin la supervisión del comandante supremo aliado de la OTAN para Europa, un oficial estadounidense.
Adiós, fuerza abrumadora
Tras tres décadas preparándose para campañas de contrainsurgencia, la OTAN se enfrenta una vez más a la perspectiva de una guerra de alta intensidad contra Rusia que siempre ha sido su razón de ser.
Pero altos mandos y políticos admiten que la doctrina de la alianza está desfasada. No cuenta con la tecnología adecuada y, ahora, la participación de Estados Unidos se pone cada vez más en duda.
Europa se esfuerza por aprender de la experiencia de Ucrania, donde drones baratos y desechables, combinados con sensores y datos en red, han ralentizado considerablemente el avance ruso de una manera que los comandantes de la OTAN apenas comienzan a comprender y para la que están elaborando planes.
En un reciente ejercicio sueco, las fuerzas del país se enfrentaron a una unidad de drones ucraniana, que venció de forma aplastante.
La ausencia de Estados Unidos podría significar que la OTAN aprenda a combatir con lo que tiene y busque inspiración tanto en Kiev como en Washington.
Ruben Stewart, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, ha intentado recientemente demostrar cómo, en una guerra a corto plazo, los estados europeos podrían emplear potencia de fuego convencional a la par con la rusa.
Pero sin Estados Unidos, sostiene, sus fuerzas estarían mucho menos integradas, la cobertura de inteligencia y vigilancia sería más limitada, los ciclos de selección de objetivos serían más lentos y la toma de decisiones más cautelosa.
Sin la capacidad estadounidense para destruir las defensas aéreas rusas, los europeos podrían tener dificultades para establecer la superioridad aérea, lo que haría que las maniobras terrestres fueran más arriesgadas.
Un segundo alto funcionario británico afirma: "La estrategia bélica estadounidense consiste en aplicar grandes cantidades de fuerza al centro de gravedad del adversario y negarle la capacidad de combatir. Los europeos no podrán aplicar una fuerza abrumadora. Tendrán que intentar frustrar, crear dilemas y establecer una especie de defensa del erizo".
La OTAN ya está adoptando parte de este planteamiento con el apoyo del ejército estadounidense, añade el funcionario.
El general Christopher Donahue, quien deja esta semana su cargo como comandante estadounidense de las fuerzas terrestres de la OTAN, ha liderado la Iniciativa de Disuasión del Flanco Oriental. El programa busca frustrar una invasión rusa mediante fortificaciones y otras defensas, vigilancia generalizada, sistemas de puntería con inteligencia artificial y drones y misiles baratos de producción masiva, una estrategia de la que Ucrania ha sido pionera.
Generales de los estados miembros de la OTAN afirman que la doctrina de la alianza tendrá que actualizarse. La capacidad de supervivencia de vehículos blindados ante ataques masivos con drones es, en el mejor de los casos, cuestionable. Sin embargo, muchos comandantes sostienen que la solución no reside en replicar las tácticas ucranianas, sino en utilizar nuevas tecnologías para proteger a las tropas de combate en movimiento.
El general de división Olly Brown, comandante de la tercera división del ejército británico, sostiene que uno de los principales desafíos es evitar que los vehículos blindados sean neutralizados por drones. "La lección del conflicto de Ucrania es que no podemos permitirnos vernos obligados a librar una lucha similar", afirma.
Aprendizaje global
La defensa de Ucrania contra una invasión rusa a gran escala que atraviesa su quinto año se ha convertido en un modelo global de cómo podrían desarrollarse futuras guerras.
"La guerra en Ucrania ya no es sólo una guerra regional. Se ha convertido en un entorno de aprendizaje global", afirma un alto mando militar de la OTAN. "Rusia, China, Irán y Corea del Norte no se limitan a observar esta guerra. Están aprendiendo de ella. Nuestra responsabilidad es aprender de estas lecciones antes de que nos veamos obligados a aprenderlas nosotros mismos".
De hecho, la OTAN ha establecido un centro de análisis en Bydgoszcz, en el centro de Polonia, para estudiar la guerra y ofrecer reflexiones sobre futuros conflictos.
El centro cuenta con un proyecto sobre bombas planeadoras -los proyectiles de bajo coste que Rusia ha utilizado con efectos devastadores en Ucrania- que colabora con Kiev para detectar y destruir estas armas, con el objetivo de desarrollar capacidades similares para la OTAN.
La resistencia de Kiev, financiada en gran medida por la UE, también está dando tiempo a Europa para rearmarse.
Dado que los dinámicos fabricantes de armas ucranianos se perfilan como una parte importante de la industria de defensa del continente, los europeos también empiezan a ver el atractivo del enfoque de Kiev en materia de drones y misiles más baratos, consistente en que sean "suficientemente buenos".
Turquía, una de las mayores potencias militares de la OTAN, también cuenta con un sector de defensa en crecimiento, innovador y de bajo coste que, según afirma, podría desempeñar un papel indispensable en el rearme de Europa.
Los rápidos ciclos de innovación y adquisición de Ucrania han acentuado la frustración con los engorrosos procesos europeos y el irregular aumento de la capacidad de producción.
Kiev certificó su nuevo misil de crucero Flamingo —una alternativa voluminosa y más barata a la tecnología estadounidense cuya precisión está mejorando tras un comienzo incierto— en tan solo cinco semanas.
La empresa alemana Diehl Defense tiene ahora la intención de fabricar misiles Flamingo en su propio país, sumándose así a otras compañías ucranianas que buscan acuerdos de producción o empresas conjuntas con grupos de defensa de Ucrania.
Ucrania "entendió que el suministro [de armamento] innovador transforma por completo la doctrina de la guerra moderna", declaró el mes pasado Andrius Kubilius, comisario de Defensa de la UE. "Gracias a la transformación de su doctrina bélica, Ucrania está prevaleciendo", afirmó en una conferencia en París, instando a Europa a adoptar medidas similares.
"Para ser sinceros, desconocemos la guerra que estamos librando actualmente, y mucho menos la que podríamos vernos obligados a librar en el futuro, por lo que resulta muy difícil decidir con exactitud dónde y cómo invertir", explica un alto cargo militar europeo. "Pero podemos intentar influir en cualquier guerra futura a través de nuestras adquisiciones".
Déficit de confianza
Si bien existe un creciente consenso en París, Londres y Berlín sobre la necesidad de asumir una mayor responsabilidad en la defensa convencional, no se está haciendo lo suficiente para implementarlo a nivel operativo, según afirman los funcionarios. Muchos de los líderes del continente sufren problemas internos y tienen una baja popularidad, por lo que carecen de la capacidad para impulsar la europeización.
Puglierin, del ECFR, señala que un problema clave sigue siendo la falta de confianza mutua entre los estados europeos.
"El mayor problema es la confianza", afirma. "Muchos países confiaban más en Estados Unidos que en cualquiera de sus socios europeos para que los rescataran. Y ahora comprenden que esa confianza en Estados Unidos ya no está justificada. Pero eso no genera automáticamente una mayor confianza entre ellos".
Sin embargo, François Heisbourg, analista de defensa francés, sostiene que, ante el colapso de la confianza en el liderazgo estadounidense, a los europeos No les queda otra opción que colaborar.
"No podemos esperar que Trump nos ayude en este ámbito", advierte. "Tendremos que crear nuestra propia organización, supongo que dentro de la OTAN, pero una alianza en la que los estadounidenses desempeñarán un papel cada vez menor."
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