Un día como hoy, pero de hace cuatro años, PP y Vox negociaban en Castilla y León la formación de un ejecutivo. Los populares lo hacían con más de 380.000 votos en su mano -31,4% del total-, mientras que los de Santiago Abascal aglutinaban casi 215.000, el 17,6%, su mejor resultado histórico hasta entonces. Aquellas conversaciones culminaron en un acuerdo de gobierno que dio a Vox una vicepresidencia y tres consejerías en la Junta de Castilla y León. Sería el debut del partido de derecha dura en el poder, y convertiría este territorio en ejemplo de entendimiento PP-Vox: más de dos años duró su coalición. Mucho han cambiado las cosas desde entonces, pero, cuatro años después, los dos partidos inician el camino a las urnas con la vista puesta en un horizonte que, en el escenario más probable, será parecido: sentarse a negociar tras las elecciones del próximo 15 de marzo.
En la puesta de largo del pacto sellado en 2022, tanto el popular Alfonso Fernández Mañueco -que repite como candidato- como el entonces líder regional de Vox, Juan García-Gallardo -hoy fuera del partido-, pusieron en valor que el acuerdo «garantizaba la estabilidad política» en la comunidad. Tras sortear varios desencuentros y polémicas -la más sonada, el protocolo para ofrecer escuchar el latido fetal a las mujeres que quieren abortar-, aquella coalición también se rompió cuando Vox decidió abandonar todos los gobiernos autonómicos que compartía con el PP, en julio de 2024, abocando a la región a cierta parálisis -no volvió a haber presupuestos-. Mañueco parte ahora con la premisa de que esto no vuelva a suceder. «A quien quiera formar gobierno o tener un pacto con el PP, lo que le vamos a exigir es responsabilidad: ese pacto tiene que ser para cuatro años», dijo en una entrevista en este diario.
El escenario que vio nacer los acuerdos de gobierno entre las dos derechas arranca este viernes una campaña electoral que estará marcada, precisamente, por la nueva ronda de contactos entre PP y Vox que se ha puesto en marcha para este ciclo electoral. Mientras Mañueco y el nuevo candidato de Vox, Carlos Pollán, lanzarán consignas de campaña en las próximas dos semanas en busca de cautivar a aquellos que aún se debaten entre a qué derecha votar, sus partidos estarán sentados a la mesa en Extremadura y Aragón, conscientes de que todo movimiento en estas comunidades puede influir en la percepción de los ciudadanos, también los castellanoleoneses. Pues, con mucha probabilidad, esas conversaciones se trasladarán también a esta comunidad a partir del 15 de marzo.
Así, en paralelo a los intentos de entendimiento en marcha en Extremadura y Aragón, los dardos cruzados entre Partido Popular y Vox ya han comenzado en Castilla y León. «Hay quienes creen que para hacerse escuchar hay que gritar, que para ser distintos hay que irse a los extremos, incluso que para combatir el sanchismo hay que copiar hasta sus vicios. Yo digo que no», afirmó este jueves Mañueco en Valladolid, en el tercero de los cuatro actos que tenía programados en la víspera del inicio de campaña.
Tanto PP como Vox llegan al arranque de campaña en Castilla y León midiendo mucho sus expectativas. Los populares afrontan esta tercera cita electoral del ciclo con el resultado de las dos anteriores en la mano: lograron asestar dos fuertes derrotas al PSOE, pero María Guardiola creció mucho menos que Vox y Jorge Azcón incluso perdió votos y representación. Ni en Extremadura ni en Aragón logró el PP deshacerse de su dependencia del partido de Santiago Abascal -objetivo que llevó a adelantar allí los comicios-, y todo apunta a que esto volverá a suceder en Castilla y León, pues la suma con las formaciones regionales es una ecuación, según las encuestas, difícil.
El sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO publicado el pasado lunes estima que los populares obtendrán entre 32 y 35 procuradores en las Cortes, frente a los 31 que ahora sientan, logrando imponerse ante la candidatura del socialista Carlos Martínez, que se quedaría entre 26 y 28 asientos -hoy tiene 28-. La resistencia del PSOE en esta plaza contrasta con lo sucedido en Extremadura y Aragón, como también sucede con el resultado de Vox: los de Abascal se dispararon en las citas electorales precedentes, pero señalan que difícilmente sucederá lo mismo en Castilla y León. El 17,6% del voto que el partido cosechó en los comicios autonómicos de 2022 sigue siendo, a día de hoy, uno de sus mejores resultados históricos, con lo que crecer será aquí más complicado. Aun así, confían en hacerlo, en la medida que sea.
El techo a batir no es el único hándicap que afronta Vox en esta campaña. Inicia la carrera a las urnas inmerso en la crisis provocada por la expulsión de Javier Ortega Smith, histórico referente de la formación, y lo hace en un territorio en que se vio forzado a cambiar de candidato: el que fuera vicepresidente de la Junta, Gallardo, dejó el partido hace un año señalando discrepancias con la cúpula.