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Excelencia en la Fiscalía de Málaga

Excelencia en la Fiscalía de Málaga
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Lydia Ojeda, número uno de su promoción de la Carrera Fiscal, recibe de manos del rey Felipe VI la Cruz Distinguida de Segunda Clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort

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Ojeda, en el despacho que ocupa en la Ciudad de la Justicia de Málaga. Migue Fernández Excelencia en la Fiscalía de Málaga

Lydia Ojeda, número uno de su promoción de la Carrera Fiscal, recibe de manos del rey Felipe VI la Cruz Distinguida de Segunda Clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort

Susana Zamora

Domingo, 15 de febrero 2026, 00:32

Hasta cuarto de la ESO, estudió en el colegio El Atabal y completó el Bachillerato en el Instituto Emilio Prados. Buena estudiante, como ella misma reconoce, obtuvo un 12,6 de nota de Selectividad que le habría permitido acceder a prácticamente cualquier carrera. Sin embargo, eligió Derecho en la Universidad de Málaga sin cerrarse a nada. No hubo una vocación precoz, pero sí apuntaba maneras cuando jugando y siendo muy niña le pedía a sus padres que le firmaran un 'contrato' cuando le prometían algo.

Durante la carrera, la figura del fiscal seguía siendo para ella una gran desconocida. De hecho, nunca se planteó con claridad serlo hasta bien entrada la preparación de la oposición. Descubrió pronto que no le atraía el ejercicio de la abogacía y que, dentro de las oposiciones, la judicatura y la fiscalía eran las opciones que más le encajaban. «El examen, en realidad, es el mismo para ambas carreras. La decisión final se toma después, cuando los aprobados eligen entre la Escuela Judicial de Barcelona para ser juez o el Centro de Estudios Jurídicos en Madrid, para fiscal», aclara.

La preparación le llevó tres años y medio, un tiempo inferior a la media habitual, que suele situarse entre cuatro y cinco años. Lo logró con 25 y al primer intento. Pero, asegura, que reducir ese éxito a la rapidez sería simplificar demasiado. «La oposición depende de muchos factores: estudio, constancia, pero también del día del examen, de los nervios, de los temas que salen», explica.

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Lydia Ojeda recoge su distinción de manos del monarca. SUR

Durante casi un año completo vivió inmersa en el proceso de exámenes, con especial atención a la prueba en el Tribunal Supremo. El desgaste fue, sobre todo, emocional. «Te cuesta ver el final. Tus días son todos iguales y no sabes si vas bien, si realmente estás bien preparada», recuerda. Hubo lágrimas, ansiedad y dudas constantes. Para sobrellevarlo, se impuso una rutina equilibrada: estudiaba de lunes a viernes y reservaba los sábados para desconectar y mantener su vida social y familiar. Celebrar cada pequeño avance, como llegar a un número determinado de temas, fue clave para no venirse abajo.

En ese camino, el papel de su preparador fue determinante. Fiscal de profesión, se convirtió en su principal sostén emocional y referente técnico. En el último mes antes del examen le escribía o llamaba al final de cada jornada para que no desfalleciese. «Solo si él me lo decía me convencía de que iba bien con el temario», admite quien solo tiene palabras de agradecimiento para una familia y unas amistades que siempre la apoyaron.

Cuando terminó el último examen en el Alto Tribunal, salió convencida de que había suspendido. De hecho, llamó a su preparador para decírselo. La sorpresa llegó semanas después, cuando se publicaron las notas en el BOE: había obtenido un 81 sobre 100 y encabezaba la promoción. Tardó en asimilarlo. «Me metí a mirar el BOE no sé cuántas veces. No me lo creía».

Un día emotivo

Ese primer puesto llevaba consigo la concesión de la Cruz Distinguida de Segunda Clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort, una condecoración civil que reconoce los méritos en el ámbito de la Administración de Justicia y el Derecho. Llegó casi un año después, el 17 de diciembre de 2025, en un acto solemne cargado de emoción en el que Lydia y sus 74 colegas de promoción recibieron sus despachos de manos del rey Felipe VI. Ella, en representación de todos ellos, pronunció un discurso y recuerda aquel día con especial emoción: «Me pasé toda la mañana con la lagrimilla saltada».

Hoy, Lydia trabaja como refuerzo en la Fiscalía Provincial de Málaga, sin adscripción todavía a una especialidad concreta. Durante los primeros meses, los nuevos fiscales rotan por distintas áreas para conocer el funcionamiento general antes de concursar por una plaza definitiva. De momento, el Derecho Penal ocupa buena parte de su día a día, aunque siente especial interés por la cooperación jurídica internacional.

A pesar de su juventud, tiene muy claro cuál debe ser el papel del Ministerio Fiscal: defender la legalidad y garantizar los derechos tanto de las víctimas como de los acusados, con objetividad e imparcialidad. Frente a la desconfianza ciudadana o a las polémicas que rodean a las altas instituciones (en referencia a la condena del Fiscal General del Estado), prefiere quedarse con el trabajo silencioso de los miles de fiscales que acuden cada día a los juzgados. «Eso es la Fiscalía», resume.

Su carrera acaba de empezar, pero el recorrido ya habla de disciplina, equilibrio y una extraordinaria discreción. De Puerta Blanca al primer puesto de la carrera fiscal, la historia de Lydia es una muestra de que no siempre hace falta tenerlo todo claro desde el principio para llegar lejos.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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