- MIGUEL ANGEL LARA
- Compartir en Facebook
- Compartir en Twitter
- Compartir en Telegram
- Compartir en Whatsapp
- Compartir por Mail
Sadam Hussein nunca vio en el fútbol un arma política de primera magnitud. Sí hubo excepciones. En 1984, cuando la guerra con Irán se convirtió en una cadena de derrotas del ejército iraquí, Hussein Kamil, suegro del dictador, obligó a la Federación a que el equipo del Ejército fuera campeón de Liga a toda costa. Era una cuestión de moral nacional. Hubo partidos imposibles, prolongaciones de más de media hora, árbitros amenazados en pleno juego… El campeón estaba decidido de antemano.LPara Sadam, el fútbol era algo residual. Para su hijo Uday, no. Para él era una cuestión de vida o muerte.
Responsable del deporte del país y presidente del Comité Olímpico, convirtió el fútbol en un territorio de terror. Durante décadas, los deportistas iraquíes vivieron bajo su brutalidad. Una derrota se pagaba con palizas, azotes en las plantas de los pies, heridas infectadas con arena, cárceles diminutas…
Los sótanos del Comité Olímpico se transformaron en una sala de torturas. Muchas veces con Uday como testigo. O como ejecutor.
En 2003, Abbas Rahim Zair, una de las grandes figuras del fútbol iraquí en aquellos años, denunció lo que habían sufrido. Fallar un gol claro, un penalti o no jugar como quería el jefe podía tener consecuencias extremas. Incluso la orden de amputar las piernas.
ImagoAbbas RahimAbbas Rahim fue arrestado en tres ocasiones por motivos deportivos. La primera fue en 1998. Tres derrotas en cuatro partidos en el Campeonato Juvenil de Asia, disputado en Tailandia, le valieron diez días encerrado en los sótanos de Al-Radwaniyah, el palacio presidencial. El siguiente paso por prisión se debió a un penalti fallado en la tanda de la Liga de Campeones de Asia de 2001, el que hizo que el campeón iraquí, Al Zawra, cayera ante los emiratíes de Al Wahda. Y la tercera fue por colocarse del lado de quien no debía en la votación para elegir presidente del Comité Olímpico.
Abbas Rahim murió en un accidente de tráfico en agosto de 2012. Internacional en 35 ocasiones, tras retirarse por una lesión se dedicó al periodismo deportivo y a ser entrenador.
Jugar al fútbol en Irak era más una condena que un privilegio. Faltar a un entrenamiento por un problema familiar podía acabar en una celda. Los internacionales vivían en un régimen casi militar, sometidos a interminables charlas motivadoras en las que se les amenazaba con perder las piernas o no volver a ver a sus familias.
“En el deporte se puede ganar o perder. Si perdéis, sabéis que no volveréis a vuestras casas”. Era una de sus frases.
Antes de algunos partidos, la amenaza iba más allá: hacer explotar el avión del equipo si perdían. Especialmente ante Irán.
El enemigo. Perder contra los ayatolás no era sólo una derrota deportiva; era una humillación personal para el régimen. Hubo jugadores que preferían caer antes en el torneo, aun sabiendo que habría castigo, antes que enfrentarse a ese escenario.
En 1997, la FIFA, alertada por distintos informes, envió una delegación a Irak. No encontró pruebas. El régimen se encargó de que no apareciera ninguna
Los métodos
“Claro que había torturas. ¿Pero qué esperaban que dijeran? A quienes les preguntaban estaban bajo el control de Uday”, explicó después Sharar Haydar, internacional en más de 40 ocasiones.
Su testimonio es demoledor: “Después de perder un partido 2-0 en Amán fui torturado cuatro veces. Nos encarcelaron, nos desnudaron, nos encadenaron a una barra. Nos golpeaban, nos tiraban en celdas infectas… Yo, por ser una estrella, recibía 20 latigazos al día. Uday estaba allí y no paraba de reír”.
Después de perder un partido 2-0 en Amán fui torturado cuatro veces. Nos encarcelaron, nos desnudaron, nos encadenaron a una barra. Nos golpeaban, nos tiraban en celdas infectas…
Sharar Haydar
Las torturas tenían incluso especialización. En los sótanos del Comité Olímpico había salas destinadas a cada deporte. A los futbolistas se les castigaba golpeándoles los pies con barras de metal hasta romperles huesos. Muchos quedaron inválidos. A los jugadores de baloncesto o voleibol se les encerraba en habitaciones de metro y medio de altura durante horas.
Irak, en el Mundia de 1986.Todo empezaba igual: “Llévalo abajo y acaba el trabajo”. Descargas eléctricas, asfixia en agua putrefacta, amenazas con animales, días sin dormir… El horror era rutina.
Sharar Haydar, que trató de cambiar el fútbol iraquí desde dentro, murió a causa de un infarto que sufrió en Estambul en agosto de 2021.
Desde Noruega
Uday Hussein murió el 22 de julio de 2003 en un bombardeo en Mosul. Su muerte no borró el daño causado, pero sí abrió las puertas de aquel infierno. Ya antes, en marzo de 2003, una estrella iraquí alzó la voz. Saad Qais, internacional entre 1987 y 1993, huyó de su país y llegó a Valdres, Noruega.
Allí narró su drama, ocurrido en 1998. En los cuartos de final de la Recopa Asiática, el Al Shorta, el club del que era capitán y estrella, fue goleado por el Köpetdag Asgabat, de Turkmenistán. Su gran pecado, más allá de la goleada, fue haber sido expulsado, algo que sacaba de sus casillas a Uday.
“Al regresar fui detenido. Me ordenaron que me desnudara hasta la cintura y me tumbara en el suelo. Luego me azotaron. Sangré abundantemente antes de desmayarme. Algunas de las heridas no cicatrizaron hasta dos años después. Estuve meses detenido. A partir de ese momento no pensé en otra cosa que en poder salir de mi país”, contó al medio noruego Dagbladet.
Me ordenaron que me desnudara hasta la cintura y me tumbara en el suelo. Luego me azotaron. Sangré abundantemente antes de desmayarme
Saad Qais
Qais, que jugó hasta 2006 en el SAFK Fagernes, no dudaba cuando le preguntaban por Uday Hussein: “La persona más peligrosa que he conocido”.
Masacre en Karbala
En 2003 murió Uday Hussein. El 30 de diciembre de 2006 fue ahorcado Sadam Hussein. Pero fútbol, horror y muerte no han separado sus caminos.
En la primavera de 2013, un equipo de las fuerzas antiterroristas iraquíes SWAT (Special Weapons and Tactics) fue enviado a la ciudad de Hawija para controlar las protestas suníes contra el primer ministro chií Nuri al-Maliki. Eso fue en abril.
El 23 de junio, un partido de fútbol disparó la tensión en la ciudad de Karbala, corazón espiritual del chiismo. El club local recibía al Al-Quwa Al-Jawiya. Se esperaban problemas. Y los hubo.
La intervención de los soldados iraquíes, bajo formación estadounidense, hirió de gravedad a siete jugadores del Karbala y causó la muerte del entrenador, Mohammad Abbas al-Jaboury.
Tras caer por 2-4 y sumar nueve derrotas seguidas, el técnico acudió al rescate de uno de sus jugadores, que estaba siendo golpeado por los SWAT. Recibió una paliza con palos y porras que hizo que ingresara cadáver en el hospital. La brutal actuación policial encendió aún más una zona muy sensible. La violencia de las SWAT en la región llevaba meses provocando protestas.
El estadio internacional de Karbaa.En julio, la FIFA, que tres meses antes había levantado la prohibición para disputar amistosos internacionales en Irak, volvió a activarla.
El deporte, y más que ningún otro, el fútbol, era un objetivo constante para atentados y también escenario de excesos policiales.
La selección de Irak no pudo jugar en su país entre el 27 de marzo de 2013 (0-1 ante Liberia en Bagdad) y el 1 de junio de 2017, cuando derrotó por 1-0 a Jordania en Basora.
El deporte, y más que ninguno el fútbol, era un objetivo constante para atentados y también escenario de excesos policiales.
La selección de Irak no pudo jugar en su país entre el 27 de marzo de 2013 (0-1 ante Liberia en Bagdad) y el 1 de junio de 2017, cuando batió por 1-0 a Jordania en Basora.
Gestas y castigos en México 86
La selección iraquí logró su clasificación para el Mundial de 1986 en México. Y en ese país se encuentra la única participación de los Leones de Mesopotamia en una Copa del Mundo. Fue una gesta, pero no escapó a la ira de Uday. Le dio igual que el grupo fuera un imposible para una selección que se estrenaba. El sorteo emparejó a Irak con Bélgica, Paraguay y los anfitriones. Jugaron en Toluca y en Ciudad de México. Perdieron los tres partidos.
El equipo iraquí cayó en los tres encuentros por un solo gol de diferencia y sólo anotó uno. Uday ordenó que todos los jugadores fueran torturados a su regreso al país. Ni siquiera las estrellas del equipo se libraron del castigo. Ahmed Radhi narró años después el destino de aquel equipo que hizo historia: “Si el equipo perdía, los metía a todos en la cárcel, o nos cortaba el pelo, o a veces nos abofeteaba en el vestuario”.
Selección La RFEF ya sabe lo mal que está Riazor y trabaja con el Deportivo para buscar "un milagro"Selección Jesús Casas: "Para Irak, el fútbol fue esperanza en un país marcado por la guerra"Selección Sólo Guardiola 'se atrevió' antes que Gavi Ver enlaces de interés