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Falla y la copla, juntos en la temporada lírica

Falla y la copla, juntos en la temporada lírica
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Conmemoración del importante aniversario falliano en un recital íntimo

Crítica lírica

Falla y la copla, juntos en la temporada lírica

Conmemoración del importante aniversario falliano en un recital íntimo

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Francisco Martínez González

29/09/2026 a las 10:55h.

Conmemoración del importante aniversario falliano en un recital íntimo El pasado domingo disfrutamos la tercera entrega de la Temporada lírica, que trajo a las tablas ... del Cervantes a la soprano malagueña Berna Perles y al pianista vizcaíno Rubén Fernández Aguirre. El hilo temático lo constituía la gran efeméride musical española de este año: el sesquicentenario del nacimiento de Falla, que coincide al mismo tiempo con el 80.º aniversario de su fallecimiento. Y en torno a ese cordón de oro, bien trenzados, otros hilos que nos acercaron músicas de Ángel Barrios, Turina y Manuel López- Quiroga.

La velada se inició con algunas canciones que se inscribían, al menos en parte, en lo que Gerardo Diego llamó el «Premanuel de Antefalla», es decir, el Falla de los inicios hasta 1905: «Tus ojillos negros», «Oración de las madres», «El pan de Ronda» y «Vivan los que ríen» (canción de «La vida breve»). Aquí se hizo patente lo que iba a ser la nota común de la noche: espléndido despliegue vocal de Berna Perles que, aunque parcialmente afectada por su vicisitud, no iba a dejar de estar a la altura de su proverbial calidad y de la importancia de una cita a la que no había querido rehusarse; exquisito oficio de un pianista que sabe extraer de su instrumento una inverosímil cantidad de matices y colores. Tres canciones de Ángel Barrios –el guitarrista y compositor granadino, gran amigo de Falla y Lorca– sirvieron de transición, de calentamiento, en un proceso de intensidad creciente, hacia otras tres de Turina, la última de las cuales, «Cantares», mostró a una Berna Perles hermosamente operante en el escenario.

La segunda parte se inició con las «Siete canciones populares españolas», que Perles ofrendó con gusto y solvencia, algo demasiado contenida tal vez en algún momento, como en el incendiario 'Polo'. Pero a pesar de lo inconmensurable de Falla, del encanto de Barrios y del gracejo de Turina, la cumbre de la velada fue sin duda la sección última, dedicada a la copla, que Berna Perles quiso ofrendar a su abuela de 94 años, presente en la sala, origen vital y primera traductora para su nieta de esos pequeños dramas de rara perfección e inmenso poder de impacto emocional. Berna cantó, actuó, administró con eficacia susurros y silencios, escandió las letras (la mayoría de Rafael León) con hondura, bordó melismas, estalló en el llanto y hasta aireó mantones de Manila, mientras Rubén Fernández la acompañaba con honduras que iluminaban el firmamento del maestro Quiroga con visajes Schubert o Hugo Wolf.

Se hizo así inevitable un bis (al menos uno, decidió la heroica soprano) y fue ni más ni menos que «Suspiros de España», el pasodoble de Antonio Álvarez que Estrellita Castro popularizó a finales de los años 30. El teatro se vino abajo y la cantante suspiró también de contento, y nosotros de gozosa gratitud.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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