«Es muy necesario avanzar en planificación de evacuaciones», asegura el geógrafo e investigador de Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y experto en protección civil
Regala esta noticia Añádenos en Google Una de las propiedades dañadas por el incendio en Los Gallardos. (Reuters)Madrid
13/07/2026 a las 00:22h.Con el incendio de Los Gallardos ya estabilizado y unas 7.000 hectáreas calcinadas, el foco se pone ahora está en descubrir cómo se ha ... producido –la caída de un cable que daba energía a un restaurante ya abandonado es la hipótesis más plausible, aunque Endesa insiste en que el cable pertenecía a una red privada y carecía de tensión– y qué ha podido fallar en la evacuación de unas víctimas mortales cuyo número, hasta el momento, se mantiene en doce. «Habrá que analizar si ha habido un problema de comunicación del riesgo a la población durante la emergencia y comprobar cómo respondió la población a los avisos emitidos. La investigación deberá determinar qué factores influyeron en la toma de decisiones de las víctimas», señala Fernando Medina, geógrafo e investigador de Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y experto en protección civil.
–Por hacer una comparativa y tener una referencia, el incendio que se produjo en Sierra Bermeja en 2021, que fue un incendio de sexta generación y es el más grande que ha habido en Andalucía, acabó con aproximadamente 8.400 hectáreas de superficie quemada. Así que hay dos factores importantes: es uno de los incendios más grandes de Andalucía porque cuando se consiga extinguir rondará las mismas hectáreas y es el incendio más importante de España en cuanto al número de víctimas.
–Los expertos llevan años advirtiendo de que los incendios van a ser más virulentos. No es algo inesperado.
–En Andalucía, se produjeron en torno a 600 intervenciones en 2024 y 800 intervenciones en incendios forestales en 2025. Los datos recientes muestran un incremento del número de intervenciones, aunque la superficie quemada ha permanecido relativamente estable. Se quemaron en torno a 6.000 hectáreas en 2024 y en torno a 7.000 en el 2025. Lo que ha ocurrido con Los Gallardos va en línea con las conclusiones que hemos sacado de un estudio en Canarias sobre los incendios forestales de los últimos veinte años: nuestros resultados sugieren que los incendios presentan un comportamiento cada vez más extremo y complejo.
–¿Por qué?
–Pues seguramente tenga que ver con el paisaje y el territorio. Nosotros hemos hecho un estudio en Gran Canaria con un elemento que es la interfaz urbano-forestal, que es ese espacio en el que la gente se va a vivir a una parte del monte donde antes no había viviendas ni personas y ahora, de repente, integra un paisaje mucho más fragmentado, en el que no solo hay masa forestal, sino viviendas, carreteras y un montón de cosas que se entremezclan en esa interfaz. Eso hace mucho más compleja no solo la extinción sino también la evacuación de las personas, que ha sido el gran problema en Los Gallardos.
–De hecho, este incendio recuerda al de 2017 en Pedrógão Grande, Portugal, donde murieron más de sesenta personas atrapadas. Gente que quería evacuar, lo hace de manera inadecuada. ¿Cómo podemos mejorar esa comunicación?
–Parece que ha habido un problema en la comunicación del riesgo a la población. Ojo, no me refiero solo a la Administración, sino también a las personas que reciben el mensaje, que deberían tener una serie de cuestiones interiorizadas de autoprotección. Habrá que analizar un poco la secuencia de evaluación y el comportamiento. En este tipo de comunicación, hay una serie de factores que influyen y el más importante es la percepción del riesgo porque en función de ella las personas adoptan diferentes decisiones de autoprotección. Y en esa percepción influyen también un montón de factores, muchos de ellos personales, como el grado de confianza en las instituciones, la experiencia previa, el conocimiento del riesgo, las características sociodemográficas –el sexo, la edad, los estudios...– y el contexto en el que se recibe el mensaje. Todos esos aspectos influyen a la hora de que una persona lleve a acabo las instrucciones que se le mandan. En los últimos años, estamos muy centrados en la parte técnica de la extinción del incendio, y ya no solo hay que centrarse en eso, sino en las personas.
«Estamos muy centrados en la parte técnica de la extinción del incendio y hay que centrarse también en las personas»
–Hay quienes han criticado que la Junta de Andalucía no activara el Es-Alert para avisar a la población.
–Es una herramienta muy potente, pero tiene ciertas dificultades. Primero hay que ser consciente de que el mensaje que se envía tiene que ir dirigido a una población específica. El sistema funciona como una especie de malla, donde entran todas las antenas de telefonía de un determinado territorio, y hay que hacer simulacros de funcionamiento porque hay que saber qué tipo de territorio tenemos, dónde tenemos las antenas y sobre todo a qué parte de esos territorios queremos llegar con ciertos mensajes. El uso de ES-Alert plantea retos operativos relacionados con la delimitación geográfica de los mensajes, especialmente en territorios complejos donde conviven viviendas dispersas y espacios agroforestales. En los últimos años la mayor parte de los grandes incendios se habían desarrollado en escenarios diferentes, con características territoriales distintas a las observadas en Los Gallardos. La gran diferencia ahora es que en ese paisaje fragmentado, con gente que evacuar en un tiempo muy corto, se ha complicado mucho la comunicación del riesgo.
–O sea, que no parecen muy justas las críticas por no usar el sistema.
–Es que por ejemplo en una isla es muy sencillo atacar a toda la población con Es-Alert porque activas todas las antenas y listo. Pero en un territorio mucho más amplio y fragmentado como es la zona de Los Gallardos... Los estudios que se han hecho del Es-Alert indican que donde más complejo su uso es en zonas urbanas porque son zonas más amplias y las antenas están mucho más cerca y puede que el mensaje llegue a una parte de la población que no lo requiere. Ahora se está trabajando en estas zonas porque se busca delimitar las franjas. Hay que hacer simulacros, y mapeos de cómo funciona el territorio. Así será más fácil delimitar en qué zonas actúan las antenas.
–Decía antes que en la respuesta al fuego siempre hablamos de los medios técnicos. ¿Cómo podemos integrar al ciudadano en la ecuación?
–La literatura internacional en gestión del riesgo insiste cada vez más en situar a la población en el centro del sistema de protección civil, incorporando factores sociales y conductuales al mismo nivel que los operativos. ¿Cómo podemos hacer que las personas estén más integradas? Primero con formación. Nosotros hemos hecho un estudio de un concepto que se llama latencia social, que es el tiempo que tarda una persona en realizar una acción cuando le llega el mensaje telefónico, por ejemplo. En este sentido, hay que estudiar qué ha ocurrido con los mensajes en sí, qué decisiones han tomado las personas y por qué las han tomado. A la hora de hacer gestión con el riesgo, la Administración tiene que contar con ese tiempo de latencia y para eso debe estudiar a su población.
–Son cortijos y casas dispersas por el territorio, algunas de ellas sin accesos fáciles. ¿Son conscientes los vecinos del riesgo al que se exponen?
–Me encantaría saberlo, pero te puedo decir que es muy necesario avanzar en una cosa que se llama planificación de evacuaciones, por ejemplo; cartografía de viviendas dispersas, simulacros con población y educación de autoprotección, análisis de la interfaz urbano-forestal... La investigación deberá determinar hasta qué punto factores como la planificación territorial, la configuración de la interfaz urbano-forestal o la preparación de la población pudieron influir en el desarrollo de la emergencia. Cuando te mueves en el mundo de las emergencias en sí, tu territorio habitualmente no está integrado en la planificación urbana del territorio y suele estar integrado en lo que es el plan de emergencias, que solo se activa cuando hay un incendio en curso. Y eso es lo que la Administración está intentando cambiar. Hay que integrar planificación territorial con planificación de emergencias. Tienen que ir de la mano. La gente tendría que tener claro que cerca de su domicilio debe haber una serie de cuestiones de limpieza, de desescombrar, de saber qué tipo de arboleda tenemos alrededor de la casa para saber cómo actuar si ocurre algo... Ese tipo de cosas tendrían que estar integradas ya en la planificación.
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