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Ford queda atrapada entre Washington y China: el Congreso aprieta por CATL, Geely y BYD

Ford queda atrapada entre Washington y China: el Congreso aprieta por CATL, Geely y BYD
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Sede de Ford Ford se ha convertido en el centro de una batalla política por sus relaciones con China. Legisladores republicanos cuestionan sus vínculos con CATL, Geely y BYD, mientras la Casa Blanca defiende a la compañía y el debate alcanza directamente a proyectos en Estados Unidos y España. Ford lleva tiempo defendiendo que necesita aprender de la industria china para competir con ella. El problema es que esa estrategia acaba de colocarla en una posición cada vez más incómoda en Washington. Legisladores republicanos han elevado públicamente la presión sobre la compañía por sus relaciones con CATL, Geely y BYD, apenas un día después de las duras críticas lanzadas por el secretario de Transporte estadounidense, Sean Duffy. La controversia tiene además una derivada muy cercana. Ford está estrechando su relación con Geely en Europa y la compañía china prepara su entrada industrial en la fábrica de Almussafes, en Valencia, un proyecto que permitiría aprovechar capacidad ociosa de la planta española y fabricar allí vehículos del grupo asiático. Lo que para Ford forma parte de una estrategia industrial para reducir costes y ganar competitividad, para una parte del poder político estadounidense representa precisamente lo contrario: aumentar la dependencia de empresas chinas. La presión ya no viene solo del Gobierno El último movimiento amplía considerablemente el alcance de la polémica. El senador republicano Rick Scott respaldó las críticas de Duffy y acusó a Ford de mantener relaciones arriesgadas con compañías vinculadas a China. John Moolenaar, presidente del Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre China, también apuntó directamente a la creciente relación de Ford con CATL y Geely. El comité difundió además publicaciones enfrentando las declaraciones públicas de Ford con sus operaciones empresariales. El origen inmediato de la disputa está en una carta enviada por Sean Duffy al CEO de Ford, Jim Farley. El secretario de Transporte expresó su «profunda preocupación» por las relaciones de la compañía con CATL, Geely y BYD. Ford respondió calificando la carta como un intento equivocado de conseguir titulares y defendió que, mientras otros fabricantes importan baterías chinas, su estrategia consiste en producirlas en Estados Unidos con trabajadores estadounidenses. Logotipo de Ford CATL está en el centro del problema Uno de los puntos más sensibles es BlueOval Battery Park Michigan. Ford es propietaria de la fábrica, controla su operación y emplea directamente a los trabajadores, pero producirá baterías LFP utilizando tecnología licenciada por CATL. No es un proyecto improvisado. Ford anunció hace años la construcción en Michigan de su propia fábrica de baterías LFP, precisamente para disponer en Estados Unidos de una tecnología más económica que hasta entonces estaba dominada por fabricantes asiáticos. La contradicción política aparece en el origen de ese conocimiento. CATL está incluida en una lista del Pentágono de compañías acusadas de tener vínculos con el ejército chino, algo que Duffy ha utilizado para cuestionar que Ford dependa de su tecnología. La compañía insiste en que la planta, la producción y los empleos son estadounidenses. Sus críticos responden que fabricar físicamente las baterías en Michigan no elimina la dependencia tecnológica. Geely lleva la polémica hasta Valencia La relación con Geely añade otro frente. Ford necesita socios para aprovechar mejor sus fábricas europeas y reducir el coste de desarrollar nuevos vehículos, mientras Geely busca producir en Europa para crecer sin levantar instalaciones desde cero. El proyecto español es especialmente relevante porque Geely prevé utilizar la planta de Ford en Almussafes para fabricar vehículos destinados al mercado europeo. Para la fábrica valenciana puede significar recuperar volumen después de años de ajustes y capacidad infrautilizada. Desde Washington, sin embargo, la lectura es distinta. Moolenaar ha incluido expresamente a Geely al hablar de la creciente dependencia de Ford de compañías chinas. De momento, la presión estadounidense no implica que el proyecto valenciano haya sido cancelado ni que exista una prohibición que impida a Ford colaborar con Geely en Europa. Son dos planos regulatorios diferentes, algo importante para no trasladar automáticamente el conflicto político estadounidense a la planta española. Logo de Ford en un coche BYD completa el triángulo El tercer nombre que aparece en la carta de Duffy es BYD. Ford ha mantenido conversaciones para utilizar baterías de la compañía china en determinados vehículos fuera de Estados Unidos. Precisamente, Ford ha negociado con BYD el suministro de baterías para sus híbridos en Europa, una posibilidad que tendría sentido desde el punto de vista industrial por el coste y la experiencia tecnológica del fabricante chino. Eso deja a Ford ante un dilema difícil de resolver. China concentra buena parte de la capacidad, conocimiento y escala mundial en baterías para coches eléctricos. Competir contra sus fabricantes sin utilizar ninguna tecnología o componente procedente de allí puede encarecer considerablemente el proceso. Pero apoyarse en esas compañías genera una presión política creciente en Estados Unidos. La Casa Blanca, sorprendentemente, defiende a Ford En medio de las críticas republicanas apareció una reacción menos previsible. La Casa Blanca salió públicamente en defensa del fabricante y calificó a Ford como una «gran compañía estadounidense», destacando sus inversiones nacionales y el regreso de producción a Estados Unidos. La posición muestra que ni siquiera dentro del entorno político republicano existe una lectura completamente uniforme de la estrategia de Ford. El mercado sí reaccionó con claridad. Las acciones de la compañía cerraron la sesión con una caída del 4 %, hasta 13,45 dólares. La tensión puede aumentar todavía más. El Congreso estadounidense está intentando endurecer la prohibición sobre vehículos chinos y los principales fabricantes han pedido que las nuevas restricciones se aprueben antes de terminar el año. Ford se encuentra así intentando mantener un equilibrio cada vez más complicado: necesita tecnología y socios chinos para reducir costes y competir globalmente, mientras Washington le exige disminuir precisamente esas relaciones. Y esta vez la discusión no termina en Michigan o Washington. Una parte importante de ella conduce directamente hasta Almussafes.
Ford queda atrapada entre Washington y China: el Congreso aprieta por CATL, Geely y BYD

Ford se ha convertido en el centro de una batalla política por sus relaciones con China. Legisladores republicanos cuestionan sus vínculos con CATL, Geely y BYD, mientras la Casa Blanca defiende a la compañía y el debate alcanza directamente a proyectos en Estados Unidos y España.

Sede de FordManuel Naranjo[email protected]

Publicado: 10/09/2026 07:30

8 min. lectura

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Ford lleva tiempo defendiendo que necesita aprender de la industria china para competir con ella. El problema es que esa estrategia acaba de colocarla en una posición cada vez más incómoda en Washington. Legisladores republicanos han elevado públicamente la presión sobre la compañía por sus relaciones con CATL, Geely y BYD, apenas un día después de las duras críticas lanzadas por el secretario de Transporte estadounidense, Sean Duffy.

La controversia tiene además una derivada muy cercana. Ford está estrechando su relación con Geely en Europa y la compañía china prepara su entrada industrial en la fábrica de Almussafes, en Valencia, un proyecto que permitiría aprovechar capacidad ociosa de la planta española y fabricar allí vehículos del grupo asiático.

Lo que para Ford forma parte de una estrategia industrial para reducir costes y ganar competitividad, para una parte del poder político estadounidense representa precisamente lo contrario: aumentar la dependencia de empresas chinas.

La presión ya no viene solo del Gobierno

El último movimiento amplía considerablemente el alcance de la polémica. El senador republicano Rick Scott respaldó las críticas de Duffy y acusó a Ford de mantener relaciones arriesgadas con compañías vinculadas a China.

John Moolenaar, presidente del Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre China, también apuntó directamente a la creciente relación de Ford con CATL y Geely. El comité difundió además publicaciones enfrentando las declaraciones públicas de Ford con sus operaciones empresariales.

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El origen inmediato de la disputa está en una carta enviada por Sean Duffy al CEO de Ford, Jim Farley. El secretario de Transporte expresó su «profunda preocupación» por las relaciones de la compañía con CATL, Geely y BYD.

Ford respondió calificando la carta como un intento equivocado de conseguir titulares y defendió que, mientras otros fabricantes importan baterías chinas, su estrategia consiste en producirlas en Estados Unidos con trabajadores estadounidenses.

Logotipo de Ford

CATL está en el centro del problema

Uno de los puntos más sensibles es BlueOval Battery Park Michigan. Ford es propietaria de la fábrica, controla su operación y emplea directamente a los trabajadores, pero producirá baterías LFP utilizando tecnología licenciada por CATL.

No es un proyecto improvisado. Ford anunció hace años la construcción en Michigan de su propia fábrica de baterías LFP, precisamente para disponer en Estados Unidos de una tecnología más económica que hasta entonces estaba dominada por fabricantes asiáticos.

La contradicción política aparece en el origen de ese conocimiento. CATL está incluida en una lista del Pentágono de compañías acusadas de tener vínculos con el ejército chino, algo que Duffy ha utilizado para cuestionar que Ford dependa de su tecnología.

La compañía insiste en que la planta, la producción y los empleos son estadounidenses. Sus críticos responden que fabricar físicamente las baterías en Michigan no elimina la dependencia tecnológica.

Geely lleva la polémica hasta Valencia

La relación con Geely añade otro frente. Ford necesita socios para aprovechar mejor sus fábricas europeas y reducir el coste de desarrollar nuevos vehículos, mientras Geely busca producir en Europa para crecer sin levantar instalaciones desde cero.

El proyecto español es especialmente relevante porque Geely prevé utilizar la planta de Ford en Almussafes para fabricar vehículos destinados al mercado europeo. Para la fábrica valenciana puede significar recuperar volumen después de años de ajustes y capacidad infrautilizada.

Desde Washington, sin embargo, la lectura es distinta. Moolenaar ha incluido expresamente a Geely al hablar de la creciente dependencia de Ford de compañías chinas.

De momento, la presión estadounidense no implica que el proyecto valenciano haya sido cancelado ni que exista una prohibición que impida a Ford colaborar con Geely en Europa. Son dos planos regulatorios diferentes, algo importante para no trasladar automáticamente el conflicto político estadounidense a la planta española.

Logo de Ford en un coche

BYD completa el triángulo

El tercer nombre que aparece en la carta de Duffy es BYD. Ford ha mantenido conversaciones para utilizar baterías de la compañía china en determinados vehículos fuera de Estados Unidos.

Precisamente, Ford ha negociado con BYD el suministro de baterías para sus híbridos en Europa, una posibilidad que tendría sentido desde el punto de vista industrial por el coste y la experiencia tecnológica del fabricante chino.

Eso deja a Ford ante un dilema difícil de resolver. China concentra buena parte de la capacidad, conocimiento y escala mundial en baterías para coches eléctricos. Competir contra sus fabricantes sin utilizar ninguna tecnología o componente procedente de allí puede encarecer considerablemente el proceso.

Pero apoyarse en esas compañías genera una presión política creciente en Estados Unidos.

La Casa Blanca, sorprendentemente, defiende a Ford

En medio de las críticas republicanas apareció una reacción menos previsible. La Casa Blanca salió públicamente en defensa del fabricante y calificó a Ford como una «gran compañía estadounidense», destacando sus inversiones nacionales y el regreso de producción a Estados Unidos.

La posición muestra que ni siquiera dentro del entorno político republicano existe una lectura completamente uniforme de la estrategia de Ford.

El mercado sí reaccionó con claridad. Las acciones de la compañía cerraron la sesión con una caída del 4 %, hasta 13,45 dólares.

La tensión puede aumentar todavía más. El Congreso estadounidense está intentando endurecer la prohibición sobre vehículos chinos y los principales fabricantes han pedido que las nuevas restricciones se aprueben antes de terminar el año.

Ford se encuentra así intentando mantener un equilibrio cada vez más complicado: necesita tecnología y socios chinos para reducir costes y competir globalmente, mientras Washington le exige disminuir precisamente esas relaciones. Y esta vez la discusión no termina en Michigan o Washington. Una parte importante de ella conduce directamente hasta Almussafes.

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Fuente original: Leer en Motor - Noticias
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