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«Fue una tortura»: la pesadilla de dos familias para librarse del impétigo

«Fue una tortura»: la pesadilla de dos familias para librarse del impétigo
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Padres afectados cuentan a SUR cómo una infección habitualmente leve se prolongó durante meses y llegó a requerir antibióticos y procesos de descolonización
«Fue una tortura»: la pesadilla de dos familias para librarse del impétigo

Padres afectados cuentan a SUR cómo una infección habitualmente leve se prolongó durante meses y llegó a requerir antibióticos y procesos de descolonización

Regala esta noticia Añádenos en Google La barriga de uno de los niños afectados con una roncha provocada por el impétigo. (SUR)

José Antonio Sau

15/09/2026 a las 23:36h.

El impétigo es «la infección bacteriana de la piel más frecuente en la infancia, causada sobre todo por estafilococos y estreptococos. Se manifiesta con manchas ... rojizas que forman ampollas y costras amarillentas, del característico color miel, habitualmente alrededor de la nariz y la boca, en manos y piernas; es muy contagiosa, aunque en general leve», explica el jefe de Servicio de Pediatría de Vithas Málaga y Vithas Xanit Internacional, el doctor José Enrique Sánchez Martínez. La sufren los niños, que a menudo suelen ser el epicentro de una cadena de infecciones y reinfecciones que acaba afectando a toda la familia si no se controla. Dos familias malagueñas relatan a SUR la pesadilla que han sufrido con esta patología. »Fue una tortura«, aseguran.

Según explica, el más pequeño se cayó y se hizo una herida en la rodilla. «A partir de ahí él empieza a quitarse la costra repetidamente», relata Vidal, quien asegura que padre y madre llamaron la atención del niño continuamente para que no lo hiciera. «Hay que vigilar que los niños no se quiten mucho la costra y explicarles que se puede infectar, esa herida se infectó». «Los dos niños tienen la piel atópica, por lo que pierden una barrera natural frente a este tipo de bacterias».

«Se reinfectaron varias veces entre ellos y nos costó muchísimo pararlo»

Al principio no le dieron importancia, pero tiempo después, en la playa, vieron que el hermano mayor tenía una herida «grandecita en la pierna y otra en la espalda. Pensamos que era una rozadura, que se podía haber caído o que se había raspado con la toalla, pero cuando ya empezamos a mirar por más partes de cuerpo, en los genitales, incluso, había más marcas y rastros del impétigo», relata.

Fueron de inmediato a un dermatólogo, que diagnosticó el problema, les explicó cómo tratarlo. «El tema fueron las curas, porque para que no se rascaran teníamos que taparle la herida. Con uno de ellos fue más fácil, con el otro más complicado, porque era un niño de muy corta edad y le molestaba. Dificultaba que se le curara la herida, se la tapábamos y, al levantarle la propia gasa, se le hacía otra herida que se seguía infectando, fue un círculo vicioso del que nos costó mucho salir y fue una tortura, un mes y pico duró en mi casa», agrega.

Usaron mucha pomada antibiótica, «no sé lo que pudimos gastar», relata Vidal. «Cuando creíamos que se había terminado todo, resulta que uno de los sitios donde se aloja es la nariz, el niño, de rascarse en la herida y llevarse la mano ahí, se reinfectó. Tuvimos que separar a los dos hermanos, fue muy traumático, había que suministrarle el fármaco de madrugada dormido, porque había que ponérselo dentro de la nariz y llegar lo más arriba que pudiéramos con el bastón, eso a un niño despierto no se le podía hacer», reseña. «Hicimos una fiesta cuando el impétigo salió por la puerta».

Reinfecciones

Vasco Mota tiene dos hijos, uno de ocho y otro de cinco años. Su problema empezó en febrero de 2024. «Empieza con mi hija, con unas ronchitas en la nariz. Mi mujer le mandó una foto a una dermatóloga conocida y nos dijo: eso es impétigo, es muy complicado de eliminar. Nos dijo que empezáramos ya con una pomada y antibióticos, a mí me pareció raro tanta alarma, pero decían que sí, que si entraba en los pulmones era mucho más complicado erradicarlo. Se lo aplicamos y todo perfecto», explica.

A los dos meses, le salió al hermano «en los brazos y en las piernas, y a mí también, por todas partes. Eso sería en julio. Tenía una carrera en bici en los Pirineos y me salieron unos granitos, no les presté particular atención. Y ya, cuando vuelvo, los granitos se vuelven unas ampollas gigantes. Fui a un dermatólogo de urgencia en Portugal, me recetaron un montón de cosas y lo pudimos arreglar. Y a partir de ahí fuimos enganchando mi hijo y yo, a veces simultáneamente, a veces no, pero a cada tres semanas o un mes teníamos ronchas por todas partes. Desde partes íntimas a brazos, piernas, yo en la cabeza, él en la nariz».

Evolución

Algunas de esas ronchas, dice, «tienen cabeza y explotan y algunas lesiones evolucionan a celulitis, que es una hinchazón y rojez que van en aumento». Incluso, desarrollaron resistencia a los antibióticos, pese a que cada crisis pasa gracias a esa medicación. «Cada mes y medio estábamos con antibióticos, a veces los dos, a veces él solo. Ya a finales de 2024 vimos que comenzábamos a ser resistentes a ellos». Les hicieron pruebas y lo confirmaron. Cada vez que acuden a urgencias han de especificarles a los médicos que son resistentes a determinados antibióticos, «con lo cual nos tienen que recetar otra clase».

«A cada tres semanas o un mes teníamos ronchas por todas partes»

Vasco Mota reseña que la historia del impétigo continuó haciendo mella en su familia durante 2025. Tras las vacaciones de Reyes, su hijo casi es ingresado en urgencias con una gran roncha en la barriga. «Se estaba expandiendo y le afectaba un montón, tenía muchos dolores. Le recetaron dosis doble de antibióticos y el niño empieza a vomitar, somos derivados a la Unidad de Contagiosos del Materno y ahí nos hicieron pruebas de todas clases. Tuvimos que hacer una descolonización», precisa.

Una descolonización que consistió en que los cuatro miembros de la familia tuvieron que aplicarse una crema antibiótica cuatro veces al día, «incluso por la noche, cada seis horas; que limpiemos, lavemos todas las sábanas, toallas, ropas de cada día a 60 grados y que nos apliquemos la crema en axilas, nariz, ingles y detrás de las rodillas durante dos semanas. Lo hicimos el año pasado hasta cuatro veces, hasta septiembre».

Pese a su esfuerzo, no desapareció, pero lo tienen mucho más controlado.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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