La Tribuna
Fuegos de veranoSea o no consecuencia del cambio climático, prevenir es más ecológico, responsable y económico. Conviene trabajar conjuntamente
Regala esta noticia Añádenos en GoogleSebastián Gámez Millán
Profesor y escritor
31/07/2026 a las 02:00h.El fuego es la epifanía no sabemos si de la vida o de la muerte, pero ha alzado agosto hasta los bordes de la noche, ... persiguiendo selvas en huida, saltando valles de sombra, derribando árboles catedralicios, matando animales veloces que ignoraban a los galgos de esbelta llama, jauría nocturna y resplandeciente (...) Es el verano, que se levanta contra las monárquicas estrellas de la noche, es la revolución de un planeta de fuego contra el minué elíptico de Kepler. Pero hay unos culpables, unos asesinos, hombres de rapiña (...) El hombre ha venido a este planeta para quemarlo». Cuando no lo hace intencionadamente, lo hace por omisión, por falta sistemática o deliberada de responsabilidades. Ironías del destino, si en el mito de Prometeo este desafía a Zeus, entregando el fuego a la humanidad, que simboliza el origen de la cultura y el paso de la naturaleza a la civilización, ahora estamos ante un fuego destructor. ¿Es la vieja hibris o es la ignorancia? ¿Acaso no son dos caras de la misma moneda?
Desde el Gobierno no se deja de recurrir al sintagma 'la emergencia climática', como si con ello fuéramos a apagar todos los fuegos, y se abre un 'marco mental' (Georg Lakoff) que dificulta los acuerdos políticos. Estos fuegos no dependen únicamente del cambio climático, que sin duda puede multiplicarlos e intensificarlos. Hay que cuidar y desbrozar los montes, dar alimento a la ganadería, abrir y mantener cortafuegos, labores tradicionales de conservación que han quedado relegadas por formas de vida más urbanitas y normas y burocracia inútil. Sea o no consecuencia del cambio climático, prevenir es más ecológico, responsable y económico. Y por ello y por todo debemos trabajar conjuntamente, incluidas todas las administraciones.
Por tanto, hay que mejorar la prevención con controles mediante drones y satélites, con la inteligencia artificial y cuantos medios sean necesarios. Es paradójico que seamos capaces de proezas tecnológicas y, sin embargo, incapaces de cuidar adecuadamente de lo más cercano. A veces se debe al predominio de la razón instrumental, que invierte la relación entre medios y fines, y pierde de vista los fines humanos y civilizados.
A juicio de Paco Castañares, que fue director de la Agencia de Medioambiente de la Junta de Extremadura entre 1989 y 1994, «el fuego es la manera que tiene la naturaleza para evitar colapsar por culpa de la vegetación. Si la vegetación seca se descontrola, los incendios serán voraces. Si se mantiene a raya, el fuego no tendrá tanta energía». De modo que propone una inteligente metamorfosis: «Toda esa vegetación seca es energía. Esos 60 millones de toneladas que el monte produce al año equivalen a 105 millones de barriles de petróleo, el 21% del consumo que hace España anualmente». Agrega tres medidas razonables: 1) «proteger los pueblos para evitar la pérdida de núcleos poblacionales y vidas»; 2) «que el Estado gestione al menos un millón de hectáreas al año», lo que puede impedir «incendios monstruosos»; 3) «invertir en bioeconomía, pues no retirar esa biomasa del monte es un problema de protección civil».
Si comencé citando a un escritor vallisoletano, concluiré cediéndole la palabra a otro que, mira por dónde, fue uno de sus descubridores y amigo suyo, Miguel Delibes, anticipador del debate sobre la España vacía o, como matiza un amigo, «despreciada», y que en su discurso de ingreso a la RAE, 'El mundo en la agonía', pronunciado el 25 de mayo de 1975, declaró con el sentido común que le distinguía y de forma premonitoria: «el verdadero progresismo no estriba en un desarrollo ilimitado y competitivo, ni en fabricar cada día más cosas, ni en inventar necesidades al hombre, ni en destruir la Naturaleza, ni en sostener a un tercio de la Humanidad en el delirio del despilfarro mientras los otros dos tercios se mueren de hambre, sino en racionalizar la utilización de la técnica, facilitar el acceso de toda la comunidad a lo necesario, revitalizar los valores humanos, hoy en crisis, y establecer las relaciones hombre-naturaleza en un plano de concordia».
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