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¿Fumar protege contra el Párkinson? Un estudio apunta al monóxido de carbono exhalado como factor protector, no al tabaco

¿Fumar protege contra el Párkinson? Un estudio apunta al monóxido de carbono exhalado como factor protector, no al tabaco
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Un estudio realizado en China durante 12 años da nuevas pistas para entender por qué las personas fumadoras presentan un menor riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson y apunta el papel antioxidante de ciertos componentes del monóxido se carbono exhalado como factor protector, no al hecho de fumar en sí mismo o a la nicotina presente en los cigarrillos. Leer
Salud y ciencia¿Fumar protege contra el Párkinson? Un estudio apunta al monóxido de carbono exhalado como factor protector, no al tabacoActualizado 8 SEP. 2026 - 17:00DREAMSTIMEEXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Un estudio realizado en China durante 12 años da nuevas pistas para entender por qué las personas fumadoras presentan un menor riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson y apunta el papel antioxidante de ciertos componentes del monóxido se carbono exhalado como factor protector, no al hecho de fumar en sí mismo o a la nicotina presente en los cigarrillos.

Diferentes estudios han mostrado que personas fumadoras presentaban un menor riesgo de sufrir la enfermedad de Parkinson, pero se desconocen las causas de esta asociación ya conocida que asociaban el tabaco con menor prevalencia de la enfermedad neurológica y que han llevado a sugerir que fumar protege contra los síntomas.

Ahora, un equipo de investigadores chinos ha analizado el papel específico que juega en ello el monóxido de carbono -gas tóxico que se produce al quemar el tabaco- en esta asociación, para lo que han seguido durante 12 años a más de medio millón de adultos de la base de datos China Kadoorie Biobank.

Los resultados del estudio publicado en JAMA Neurology muestran que el tabaquismo habitual se asoció con un riesgo elevado de cáncer de pulmón, cardiopatía isquémica, ictus y mortalidad por todas las causas, pero con un menor riesgo de párkinson.

Lo más llamativo es que los niveles más elevados de monóxido de carbono exhalado se asociaron con un menor riesgo de párkinson también entre las personas que nunca habían fumado, hallazgo que confirma un posible papel protector del monóxido de carbono en la enfermedad y no del tabaquismo en sí. Los resultados no tienen implicación clínica directa, aunque se están explorando estrategias para activar la producción de CO endógeno como antioxidante indirecto por su capacidad de activar mecanismos antioxidantes como la hemo-oxigenasa 1.

"El estudio es consistente con los estudios epidemiológicos que muestran una reducción del riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson (EP) entre los fumadores", señala Rosario Sánchez Pernaute, directora del Laboratorio de Reprogramación y Regeneración neural (Molecular Brain Lab) y adjunta a la dirección científica del Health Research Institute Biobizkaia.

No obstante, "los riesgos para la salud asociados al tabaquismo son bien conocidos y severos. De hecho, el estudio sugiere que el efecto protector se puede disociar entre el efecto del monóxido de carbono (CO) y el causado por otros compuestos presentes en el tabaco como la nicotina, que se pensaba que estaba relacionada de forma causal, aunque sin clara evidencia".

Por otra parte, apunta en SMC España esta profesora de investigación del Ikerbasque, el estudio n¡presenta evidencia de una correlación inversa de los niveles de CO con el riesgo de desarrollar EP en no fumadores, que es la contribución más relevante".

Raúl Martínez Fernández, neurólogo e investigador clínico de la Unidad de Movimiento del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Barcelona) y del HM CINAC-Hospital Universitario HM Puerta del Sur (Madrid), considera que el estudio aporta información relevante para comprender mejor la relación entre el tabaquismo y la enfermedad de Parkinson".

"El estudio encaja bien con la evidencia previa, ya que reproduce una asociación epidemiológica conocida desde hace décadas: las personas fumadoras presentan, estadísticamente, un menor riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson", pero permite concretar esta asociación en un factor específico: el monóxido de carbono (CO) exhalado".

"Es especialmente interesante que esta asociación se observe incluso en personas que nunca han fumado. Esto plantea la posibilidad de que la asociación descrita históricamente entre tabaquismo y menor riesgo de enfermedad de Parkinson no dependa necesariamente del tabaco o de todos sus componentes, sino que pueda estar mediada, al menos parcialmente, por factores específicos relacionados con el CO".

Históricamente se ha planteado otra explicación para esta asociación inversa, continúa este experto. "La dopamina desempeña un papel fundamental en los mecanismos de recompensa y adicción y, dado que la enfermedad de Párkinson se caracteriza por una pérdida progresiva de dopamina, se ha sugerido que las personas en fases muy iniciales o prodrómicas de la enfermedad podrían presentar una menor predisposición a desarrollar conductas adictivas, entre ellas el tabaquismo". Según esta hipótesis, "no sería fumar lo que reduciría el riesgo de párkinson, sino que una enfermedad de Parkinson todavía no diagnosticada podría reducir la probabilidad de convertirse en fumador. Este estudio aporta nuevos elementos para interpretar esta relación".

El trabajo no identifica el tabaco como un factor protector, sino que apunta hacia un elemento específico que podría contribuir a explicar la asociación epidemiológica observada. Esto es importante porque permitiría, eventualmente, estudiar ese mecanismo sin necesidad de exponerse a los efectos perjudiciales del tabaco.

Además, el propio estudio muestra que fumar se asocia con una mayor incidencia de infarto de miocardio, ictus y mortalidad por cualquier causa, detalla este neurólogo. Por tanto, estos resultados "no justifican en absoluto empezar a fumar ni continuar fumando. Incluso en el supuesto hipotético de que fumar tuviera algún efecto protector frente al párkinson, el balance riesgo-beneficio seguiría siendo claramente desfavorable". La enfermedad de Parkinson es una enfermedad tratable y, en muchos pacientes, presenta una evolución relativamente benigna durante muchos años. No tendría ningún sentido intentar reducir su riesgo aumentando al mismo tiempo el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, cáncer y mortalidad".

"La importancia del estudio es fundamentalmente científica, porque ayuda a comprender mejor una asociación epidemiológica conocida. En ciencia es esencial diferenciar asociación de causalidad. Que dos fenómenos estén asociados no significa necesariamente que uno sea la causa del otro. Sabemos desde hace tiempo que fumar se asocia con una menor incidencia de enfermedad de Parkinson, pero eso no demuestra que fumar sea la causa de esa reducción del riesgo. Identificar los factores biológicos concretos que explican esta asociación y determinar si alguno de ellos tiene realmente una relación causal es el siguiente paso".

Si futuros estudios experimentales aportaran una base biológica sólida a la posible función del monóxido de carbono (que este estudio no demuestra), podría plantearse eventualmente un ensayo clínico para estudiar sus efectos mediante una forma de administración controlada y segura, sin ninguna necesidad de fumar. Solo entonces podríamos hablar de una posible aplicación terapéutica. A día de hoy, estamos lejos de poder hacer esa recomendación".

"Los resultados deben interpretarse como una evidencia sólida de asociación y como una hipótesis interesante para continuar investigando, pero no como demostración de una relación causa-efecto".

Este resultado sugiere que el menor riesgo de párkinson asociado al tabaquismo podría no deberse al tabaco en sí, sino que el CO podría contribuir, al menos en parte, a explicar esta relación, coincidde Ana Isabel Rodríguez Pérez, coinvestigadora principal del Grupo de Neurobiología Celular y Molecular de la enfermedad de Parkinson en el Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS-USC) y profesora titular en la Universidade de Santiago de Compostela.

"Esta posibilidad es muy interesante porque durante años se ha planteado que la nicotina podría ser responsable de este efecto, pero los ensayos clínicos realizados hasta ahora no han demostrado que frene la progresión de la enfermedad. "Los resultados son coherentes con estudios previos realizados en modelos animales en los que se demuestra que, aunque el CO es muy tóxico a concentraciones elevadas, a dosis bajas y cuidadosamente controladas, puede activar mecanismos antioxidantes, antiinflamatorios y neuroprotectores.

"Aunque estos resultados no cambian por ahora la práctica clínica, abren la posibilidad de explorar el CO a bajas dosis como estrategia terapéutica, una opción que ya está comenzando a evaluarse en pacientes con párkinson".

JAMA Neurology

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Fuente original: Leer en Expansión
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