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Delcy Rodríguez, en un acto de gobierno, en Caracas EFELogroño
Viernes, 9 de enero 2026, 00:12
... el presidente venezolano respondía desde la más pura ortodoxia revolucionaria: «Yo tengo un búnker infalible: Dios Todo Poderoso. Yo le entregué Venezuela a nuestro señor Jesucristo. Él es rey de reyes. El rey de aquí, de nuestra patria. Me encomiendo a él todos los días». Horas después, llegaron los americanos y se lo llevaron esposado. Debemos concluir, por lo tanto, que Dios pudo haber creado el cielo y la tierra, pero los búnkeres se le resisten. Esta extraña limitación de la omnipotencia divina no la vio Maduro venir.El análisis teológico se complica aún más si tenemos en cuenta que Delcy asumió su cargo asegurando que su destino «solo lo decide Dios», lo que parece alejar el terrenal y a veces demoníaco recurso a las urnas y los votos. Para colmo, en el otro frente, el propio Putin nos confirmó el 7 de enero que la invasión de Ucrania era «una misión sagrada» librada en nombre de Dios y del mártir Jorge el Victorioso.
Lo de Lux y Rosalía vale, pero si no ponemos límites a la nueva espiritualidad nos vamos a ir todos al infierno tan ricamente.
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