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Georg Baselitz, la furia del arte

Georg Baselitz, la furia del arte
Artículo Completo 931 palabras
La muerte del pintor alemán a los 88 años cierra la trayectoria de un creador radical que reinventó la figuración y devolvió a la pintura su potencia tras la posguerra
Georg Baselitz, la furia del arte

La muerte del pintor alemán a los 88 años cierra la trayectoria de un creador radical que reinventó la figuración y devolvió a la pintura su potencia tras la posguerra

Regala esta noticia El artista alemán Georg Baselitz ha fallecido a los 88 años. (AFP)

Rosalía Sánchez

30/04/2026 Actualizado a las 18:41h.

El círculo familiar de Georg Baselitz ha confirmado esta tarde el fallecimiento, a la edad de 88 años, de uno de los grandes de la ... pintura, que logró reconectar la pintura alemana con la escena internacional después de 1945, en un país marcado por la culpa histórica, la censura y la ruptura cultural. Su gesto radical de invertir las figuras —visible por primera vez en Der Wald auf dem Kopf (1969)— rompió con los hábitos de visión tradicionales y convirtió la pintura en un acto de resistencia formal: obligaba al espectador a mirar el cuadro como pintura, no como narración. Con ello abrió un camino propio entre la figuración y la abstracción, devolviendo a la pintura alemana una voz reconocible, autónoma y sin complejos.

Baselitz creció en una familia humilde, su padre era maestro de escuela y la familia vivía literalmente sobre las aulas. Su primer contacto con el arte llegó a través de los álbumes de dibujos del siglo XIX que encontraba en la biblioteca escolar, y también gracias a su colaboración ocasional con el fotógrafo naturalista Helmut Drechsler, con quien aprendió a observar el mundo visual con precisión casi científica.

Formación y ruptura con el dogma

En 1956 ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes de Berlín oriental, la antigua RDA, donde estudió con Walter Womacka y Herbert Behrens‑Hangler. Sin embargo, su estancia duró poco: fue expulsado por «inmadurez sociopolítica», un episodio que él mismo recordaría como fundacional en su rechazo a cualquier forma de dogmatismo. Tras su expulsión, cruzó a Berlín occidental y continuó sus estudios con Hann Trier, sumergiéndose en las teorías de Kandinsky, Malevich y Ernst Wilhelm Nay. Allí trabó amistad con Eugen Schönebeck, con quien escribiría los célebres Manifiestos Pandemónicos (1961–1962), textos incendiarios que reclamaban una pintura feroz, directa y anticlásica.

Su carrera despegó de forma abrupta en 1963, cuando su primera exposición individual en Berlín fue objeto de un escándalo: dos obras —Die große Nacht im Eimer y Der nackte Mann— fueron confiscadas por inmorales debido a su representación explícita de la sexualidad. El proceso judicial duró dos años y convirtió a Baselitz en una figura polémica, pero también en un símbolo de resistencia artística frente al conservadurismo cultural de la Alemania de posguerra.

La revolución de la imagen invertida

En 1969 tomó una decisión artística que definiría toda su obra posterior: la inversión del motivo pictórico. Inspirado por un paisaje de Louis Ferdinand von Rayski, pintó Der Wald auf dem Kopf («El bosque cabeza abajo»), su primera obra invertida. A partir de entonces, la inversión se convirtió en su firma visual: un modo de «desactivar» la lectura narrativa y «hacer visible la pintura como pintura», liberándola de la tiranía del contenido.

Proyección internacional y escultura

Durante los años setenta y ochenta, Baselitz consolidó su reputación internacional. Fue profesor en Karlsruhe y más tarde en la Hochschule der Künste de Berlín, donde influyó en generaciones de artistas. En 1979 inició su trabajo escultórico, tallando figuras monumentales en madera con una violencia casi primitiva, cercana al expresionismo germánico y al arte tribal. Estas esculturas, toscas y deliberadamente «inacabadas», ampliaron su vocabulario visual y reforzaron su interés por la fisicidad del gesto artístico.

Su obra fue objeto de grandes retrospectivas en museos como el Guggenheim de Nueva York, el Centre Pompidou de París y la Haus der Kunst de Múnich. En 2004 recibió el prestigioso Praemium Imperiale, y a lo largo de su vida acumuló distinciones como el Goslarer Kaiserring, la Condecoración Austríaca de las Ciencias y las Artes y el Oso de Berlín.

Polémicas y legado

Baselitz fue también un personaje polémico fuera del lienzo. Sus declaraciones sobre arte, política y género generaron controversias, y su defensa de la libertad artística absoluta lo enfrentó en ocasiones con instituciones y críticos. Sin embargo, su influencia en el arte alemán contemporáneo es indiscutible: su obra ayudó a reconciliar la pintura alemana con su identidad nacional tras el trauma del nazismo y la división del país.

Los últimos años del artista

Baselitz continuó trabajando con intensidad. Integró incluso las marcas de las ruedas de su silla de ruedas en sus lienzos, transformando la limitación física en un gesto pictórico. También exploró el teatro, diseñando marionetas y escenografías para el Festival de Salzburgo en 2025, demostrando una vez más su capacidad para reinventarse.

Deja una obra monumental que abarca más de seis décadas, caracterizada por pinceladas toscas, figuras deformadas y esculturas talladas a hachazos. Baselitz demostró que la pintura podía seguir siendo un medio contemporáneo, capaz de absorber trauma, memoria y violencia histórica sin caer en el sentimentalismo. Empujó los límites de lo que un cuadro puede ser y era considerado uno de los artistas más importantes de la actualidad».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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