Miércoles, 07 de enero de 2026 Mié 07/01/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Golpe al orgullo de Rusia: Trump logra con la captura relámpago de Maduro lo que Putin quiso hacer con Zelenski

Golpe al orgullo de Rusia: Trump logra con la captura relámpago de Maduro lo que Putin quiso hacer con Zelenski
Artículo Completo 1,550 palabras
La caída de Maduro y el viraje del chavismo hacia la Casa Blanca supone el tercer contratiempo geopolítico para Vladimir Putin desde diciembre de 2024 tras sus fracasos en Siria e Irán. Más información: Delcy Rodríguez asume el cargo de presidenta interina de Venezuela: "Juro por Maduro y por Chávez"

El presidente ruso, Vladimir Putin, estrecha la mano de su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, durante una reunión en el Kremlin en Moscú, Rusia, el 7 de mayo de 2025. Alexander Zemlianichenko Reuters

Mundo Golpe al orgullo de Rusia: Trump logra con la captura relámpago de Maduro lo que Putin quiso hacer con Zelenski

La caída de Maduro y el viraje del chavismo hacia la Casa Blanca supone el tercer contratiempo geopolítico para Vladimir Putin desde diciembre de 2024 tras sus fracasos en Siria e Irán.

Más información:Delcy Rodríguez asume el cargo de presidenta interina de Venezuela: "Juro por Maduro y por Chávez"

Publicada 6 enero 2026 04:47h

Las claves nuevo Generado con IA

Estados Unidos capturó de forma relámpago a Nicolás Maduro, sorprendiendo a Rusia y debilitando su influencia en Venezuela.

La caída de regímenes aliados como Siria e Irán y el fracaso ruso en Ucrania evidencian la pérdida de peso geopolítico de Moscú.

El silencio de Vladímir Putin ante la operación estadounidense en Venezuela resalta la incapacidad de Rusia para proteger a sus aliados.

La acción de Trump en Venezuela contrasta con el fracaso de Putin al intentar derrocar a Zelenski y consolidar el control en Ucrania.

La operación estadounidense contra Nicolás Maduro ha provocado perplejidad en Rusia, que ha visto en poco más de un año como sus ambiciones geopolíticas se veían seriamente mermadas.

Primero, fue la revuelta en Siria, que los servicios secretos rusos fueron incapaces de prever y que derivó en la fuga del dictador Basher Al Asad a Moscú y el desalojo apresurado de las bases militares de Khmeimim y Tartús. Ambas suponían el acceso al Mediterráneo para el Kremlin y están ahora mismo en un limbo a la espera de la consolidación del régimen de Ahmed Al-Shara.

El país que en su día fue el cortijo del Kremlin y de los ayatolas iraníes está ahora en un estado cercano a la guerra civil, con un temor justificado al refuerzo del ISIS y con bombardeos de potencias occidentales como Francia y Reino Unido. Ni rastro de influencia rusa en un gobierno cuyo presidente se reunió recientemente con Donald Trump en la Casa Blanca en busca de reconocimiento oficial. No hay que olvidar que Al-Shara llegó a estar en la lista de los yihadistas más buscados por sus relaciones con Al Qaeda.

Putin cierra filas con Maduro tras la reaparición de María Corina y la incautación de un petrolero por parte de EEUU

Tras la caída de Al-Asad en diciembre de 2024, llegaron los ataques de Israel y Estados Unidos contra las instalaciones nucleares iraníes. La sincronía entre Irán y Rusia es absoluta. Sus intereses en Oriente Próximo coinciden y a la vez divergen por completo de los de israelíes, estadounidenses y buena parte de los países árabes, en especial, Arabia Saudí. Irán sigue armando a Rusia con drones Shahed tras cuatro años de conflicto en Ucrania y es uno de los pocos aliados diplomáticos que siempre han apoyado la invasión.

Sin embargo, tanto el desplome del régimen sirio como el debilitamiento de las fuerzas armadas iraníes, que ya habían visto como Israel diezmaba su Eje de la Resistencia con la práctica destrucción de Hamás y Hezbolá, tuvieron algo en común: Rusia no movió un dedo. Ambos países contaban con equipamiento militar ruso para su defensa y dicho equipamiento fracasó calamitosamente.

Ambos regímenes, es de entender, esperaban una reacción diplomática o militar de su aliado ruso y esta no llegó nunca. Lo mismo parece que va a pasar con Venezuela.

El sorprendente silencio de Vladímir Putin

Es difícil sobrestimar la importancia que Venezuela ha tenido durante años para Rusia. Es un país rico, con vastísimos recursos naturales y asediado por las sanciones occidentales, lo que prácticamente reducía su capacidad de comercio a algunos de sus vecinos latinoamericanos, Rusia y China.

Hablamos de muchísimo dinero, tal y como el propio Trump ha venido repitiendo desde que asegurara el sábado que Estados Unidos se iba a hacer con el control de esos recursos. Tanto, que parece que a Delcy Rodríguez y al resto del aparato chavista no les va a importar compartirlo.

El hecho de que ese dinero y esos recursos ahora vayan a fluir hacia el norte y no hacia el este es un mazazo para el Kremlin, como lo es la evidencia, de nuevo, de que sus carísimos sistemas de defensa aérea han vuelto a no servir para nada. Tampoco lo ha hecho el despliegue del ejército cubano en apoyo de la dictadura de Maduro, hasta el punto de que en La Habana han tenido que reconocer que 32 de sus soldados murieron intentando defender al expresidente venezolano.

Trump cruza otra línea roja en Venezuela con su primer ataque por tierra para quebrar a un Maduro en modo supervivencia

Más sorprendente aún, si cabe, es que se repita el silencio. Por supuesto, el embajador ante la ONU, Vasili Nebenzia, ha condenado la intervención estadounidense, como lo han hecho algunos miembros del Kremlin, pero el presidente, Vladímir Putin, no ha dicho ni una palabra.

Teniendo en cuenta la importancia del movimiento estadounidense y las dramáticas consecuencias que puede tener para su país -Putin sigue pensando que Trump es su marioneta cuando probablemente no sea más que un hombre con el mismo sentido de la moral-, es extraño que el líder ruso no tenga nada que decir al respecto.

La “operación militar especial” que no pudo con Zelenski

Los fracasos en Siria, Irán y Venezuela redundan en el propio fracaso de la “operación militar especial” lanzada hace casi cuatro años contra Ucrania y su presidente, Volodímir Zelenski. El eufemismo lingüístico ya indica que la idea era acometer un ataque quirúrgico al estilo del estadounidense en Venezuela: plantarse en Kiev en tres días, acabar con la resistencia en el resto del país y, sobre todo, capturar, matar u obligar al presidente ucraniano a marcharse al exilio.

Si Zelenski sigue en Kiev no es, desde luego, por la bondad de Putin o por su respeto a las leyes internacionales. Es, simplemente, porque los tanques rusos se atascaron en el camino y los paracaidistas fracasaron en la toma del aeropuerto de Hostómel, el verdadero punto de inflexión en esos comienzos de la guerra.

Zelenski se abre por primera vez a retirar sus tropas del Donetsk controlado por Ucrania y crear una zona desmilitarizada

Más aún, si Zelenski nunca tuvo que abandonar la capital de su país, como le ofrecían continuamente los líderes occidentales, y ni siquiera tuvo que esconderse en una cámara de acero, pues subía vídeos desde la calle mientras los rusos se acercaban, fue por el fracaso absoluto de la inteligencia rusa.

Hubo un momento en el que el Mosad, la CIA y la KGB se disputaban el honor de ser el servicio secreto más eficaz del mundo. La comparación, ahora mismo, provoca sonrojo. Las actuales agencias rusas de inteligencia -FSB, SVR, GRU…- han sido incapaces de contrarrestar a sus pares israelíes y estadounidenses, pero es que ni siquiera han podido infiltrarse con suficiente solvencia en la inteligencia ucraniana, algo que daban por descontado.

Los precedentes del “precedente”

Ese fracaso en el trabajo previo fue lo que salvó a Zelenski y lo que salvó a Ucrania. La falta de previsión ante la respuesta internacional, la falsa evaluación del sentimiento prorruso en el país y las erróneas estimaciones acerca de la capacidad militar rusa han provocado un estancamiento de cuatro años y un número de bajas, entre muertos y heridos, que se estima en los cientos de miles de soldados.

El problema nunca fue de intención, sino de choque con la realidad: más allá de los juicios morales, Trump hizo en pocas horas lo que Putin ha sido incapaz de hacer en años.

En ese sentido, es lógico que se califique de “precedente peligroso” la detención de Maduro, pues el triunfo de la ley de la fuerza es en sí una derrota de la democracia, pero nadie ha sentado más precedentes que Putin a lo largo de estos años: intentó envenenar a Viktor Yushenko durante la campaña electoral de 2004, amenazó con sus tropas en 2008 al gobierno de Georgia y ha influido en prácticamente todos los comicios desde su llegada al poder, incluyendo las elecciones presidenciales de 2016, en favor, irónicamente, del propio Donald Trump.

  1. Estados Unidos
  2. Venezuela
  3. Nicolás Maduro
  4. Vladimir Putin
  5. Rusia
  6. Selección fútbol Ucrania
  7. Donald Trump
  8. Volodymyr Zelensky
  9. Guerra Rusia-Ucrania
  10. Volodímir Zelenski

NEWSLETTER - INTERNACIONAL

Recibe de lunes a viernes las noticias clave de lo que ocurre en el mundo Apuntarme De conformidad con el RGPD y la LOPDGDD, EL LEÓN DE EL ESPAÑOL PUBLICACIONES, S.A. tratará los datos facilitados con la finalidad de remitirle noticias de actualidad.
    Fuente original: Leer en El Español
    Compartir