Los fotomontajes en política recuerdan a los ripios y viñetas de la puerta del baño de un bar
Regala esta noticia Baños públicos. (Pixabay)Marta San Miguel
30/04/2026 a las 00:18h.Las puertas del baño en algunos bares han sido refugio para más de un poeta. Mucho antes de que se inventara la opción de comentarios ... en las noticias, o Twitter y su muro de genialidades léxicas, en esos baños se derrochaba un ingenio astuto, emotivo, incontenible como la micción. Entre corazones, declaraciones de amor y ripios, había hueco para eso tan nuestro como la ironía, el llamamiento a la movilización, la crítica hecha con boli Bic, y en el mejor de los casos, con una caricatura si el poeta en cuestión es además buen dibujante. Esos baños eran un ágora con pestillo, pero ahora que nuestras puertas son las pantallas táctiles, su cualidad líquida está afectando a nuestra retórica. Y para muestra, el fotomontaje realizado por el PSE con el salto a la piscina del líder del PNV, Aitor Esteban, y que publicaron en redes para criticar su «optimismo» sobre el estatus vasco.
La pizarra del instituto era otro lugar donde solían aparecer chascarrillos, símbolos o frases yuxtapuestas. Entre clase y clase, cuando desaparecía el profesor, algunos aprovechaban las tizas para expresar su identidad escribiéndola donde fuera, en este caso el encerado. Un día, un compañero pintó una esvástica. No creo que simpatizara con aquello, pero disfrutaba de ser la némesis de las tribus urbanas de trenzas, 'piercing' y demás que poblaban la clase. Con su pelo corto y sus buenas notas, dibujó el símbolo. Al cabo de unos segundos, otro compañero se levantó del pupitre y tachó el dibujo. No lo borró, lo tachó. ¡Eh, libertad de expresión!, le gritó el artífice de la esvástica, ignorando su propia contradicción.
Pienso en esta anécdota al leer el informe sobre la juventud de la Fundación SM, en el que han consultado a 5.000 jóvenes españoles de entre 15 a 29 años sobre el funcionamiento de la democracia: casi el 56% cree que «a veces hace falta mano dura, aunque se sacrifiquen libertades», y el 47% cree que «un régimen autoritario (una dictadura) permite una convivencia más pacífica». No estaría de más poner el pestillo a según qué puertas, o bien hacer política con bolígrafos y no con la tiza de los fotomontajes.
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