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GP de Austria F1 2026: Russell gana con tarjeta amarilla

GP de Austria F1 2026: Russell gana con tarjeta amarilla
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George Russell, pole, victoria y polémica en el Red Bull RingAlberto Fernández / Motor.es El pilotaje es el pilotaje. Las normas, son las normas. Y quien escribe estas líneas ha crecido con regulaciones claras: bandera de cuadros, fin de carrera; bandera roja, rodar lento y volver a boxes, bandera azul dejar pasar; bandera amarilla, peligro, levantar y si es doble amarilla, prepararse para detenerse. Pero en esta moderna Fórmula 1, la bandera amarilla no significa especialmente levantar. Lo vimos el sábado en la clasificación. Max Verstappen tuvo un fuerte accidente en la penúltima y rapidísima curva del circuito. Podría haber sido, sin ser exagerados, bandera roja. Pero dirección de carrera decidió que era bandera amarilla. Es decir, cuanto menos levantar. Los dos Ferrari pasaron antes del accidente: resultado, pole provisional para Leclerc, segundo Hamilton. Pero llegaban los Mercedes-Benz. Kimi Antonelli, visto lo visto, fue un parguela y se dirigió a boxes abortando su vuelta. No fue el caso de George Russell. Antes de llegar a la curva del accidente, incluso se parpadeó brevemente una bandera verde. Luego amarilla. Justo tras pasar, qué oportuno, doble amarilla, que implica automáticamente perder la vuelta. Sí, George levantó, pero apenas. No sólo eso, sino que al levantar, recargó algo de energía y eso le dio un impulso final tras la última curva. Mención especial a Aston Martin, definitivamente farolillo rojo de la Fórmula 1. Pero, según parece, ‘estamos más cerca’. El resultado no fue escaso. Uno podría entender que lograse la pole por una distancia exigua. Pero Russell superó en 0’236 segundos a Leclerc. En una vuelta de poco más de un minuto, en un circuito rápido pero corto como el de Österreichring –un saludo a los del A1 Ring o a los del Red Bull Ring- es un mundo. Un verdadero mundo. Es decir: Russell venía rapidísmo y su levantada fue cuanto menos escasa. Real, pero casi nula. Así que la decimoprimera pole de Russell se vio afectada por una sensación de ilegalidad que difícilmente se borra. Podríamos cargar sobre la nueva normativa que hace que levantar el pie te pueda hacer permitir ir más rápido, como fue el caso. Porque sí, ustedes quizás no lo recuerdan, pero en los deportes del motor era costumbre que si uno levanta el pie del acelerador, perdía tiempo, no lo ganaba. Ahora no es así, ahora levantar e ignorar banderas amarillas te da pole positions. Fantástico. El podio del Gran Premio de Austria, con Russell, Verstappen y Antonelli como protagonistas. Dictaduras vacías Quizás la voluntad del actual presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, de eliminar los límites de duración de los mandatos presidenciales pudiera ser visto como futuro contrapeso a ciertas cuestiones. Pero seamos sinceros: la FIA tiene cierta palabra en la F1, pero tan insignificante que los detentores de los derechos y los equipos solo pueden que dar golpecitos en la espalda de forma comprensiva. El autor de estas líneas ya advirtió que el actual presidente iba a dejar al francés Jean Marie Balestre como un tipo democrático, dialogante, y respetuoso. A la vista está que el galo, pese a su histrionismo, tenía que respetar las normas y, peor aún, se vio doblegado personalmente por la dupla Ecclestone-Mosley, que vaciaron de facto de poder a la FIA con respecto a la Fórmula 1. Ahora llega este impacta F1 en rectas a pretender grandes cambios, grandes populismos –motores V8, repostajes- y grandes dictaduras. Qué bien haría el deporte librándose de Sulayems, Domenicalis y sobre todo, Libertys. La carrera La carrera fue plana. George Russell dominó sin paliativos desde una pole ilegal –de acuerdo, no ofendamos, llamémosla alegal-. Felicidades a uno de los peores motores de la F1, según la FIA, para la que parece que el Red Bull Power Trains – Ford es el mejor conjunto. Mientras tanto, Mercedes sigue a lo suyo tras el paréntesis de Barcelona. Mención especial a Aston Martin, definitivamente farolillo rojo de la Fórmula 1. Pero, según parece, ‘estamos más cerca’. La venta de humo no cesa pese a quedar demostrado el ridículo absoluto de este proyecto, que como ya hemos dicho, mejor haría en callar, trabajar, y pensar en un 2027 que puede que no sea maravilloso, pero quizás sea un paso adelante. Así que Russell sale de Austria a 40 puntos de un Antonelli que fue un correcto y válido tercero, tras un luchador Max Verstappen que empieza a oler a salida de Red Bull. Es decir, que tras el espejismo –bonito, pero espejismo- de Barcelona, el campeonato vuelve a su lógica: lucha interna de Mercedes-Benz. Con o sin reglamentos y sus banderas. Seguimos como estábamos.
GP de Austria F1 2026: Russell gana con tarjeta amarilla

El pilotaje es el pilotaje. Las normas, son las normas. Y quien escribe estas líneas ha crecido con regulaciones claras: bandera de cuadros, fin de carrera; bandera roja, rodar lento y volver a boxes, bandera azul dejar pasar; bandera amarilla, peligro, levantar y si es doble amarilla, prepararse para detenerse.

George Russell, pole, victoria y polémica en el Red Bull Ring - Alberto Fernández / Motor.esJ.M. Vinuesa[email protected]

Publicado: 29/06/2026 07:47

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Pero en esta moderna Fórmula 1, la bandera amarilla no significa especialmente levantar. Lo vimos el sábado en la clasificación. Max Verstappen tuvo un fuerte accidente en la penúltima y rapidísima curva del circuito. Podría haber sido, sin ser exagerados, bandera roja.

Pero dirección de carrera decidió que era bandera amarilla. Es decir, cuanto menos levantar. Los dos Ferrari pasaron antes del accidente: resultado, pole provisional para Leclerc, segundo Hamilton. Pero llegaban los Mercedes-Benz. Kimi Antonelli, visto lo visto, fue un parguela y se dirigió a boxes abortando su vuelta.

No fue el caso de George Russell. Antes de llegar a la curva del accidente, incluso se parpadeó brevemente una bandera verde. Luego amarilla. Justo tras pasar, qué oportuno, doble amarilla, que implica automáticamente perder la vuelta. Sí, George levantó, pero apenas. No sólo eso, sino que al levantar, recargó algo de energía y eso le dio un impulso final tras la última curva.

El resultado no fue escaso. Uno podría entender que lograse la pole por una distancia exigua. Pero Russell superó en 0’236 segundos a Leclerc. En una vuelta de poco más de un minuto, en un circuito rápido pero corto como el de Österreichring –un saludo a los del A1 Ring o a los del Red Bull Ring- es un mundo. Un verdadero mundo.

Es decir: Russell venía rapidísmo y su levantada fue cuanto menos escasa. Real, pero casi nula. Así que la decimoprimera pole de Russell se vio afectada por una sensación de ilegalidad que difícilmente se borra. Podríamos cargar sobre la nueva normativa que hace que levantar el pie te pueda hacer permitir ir más rápido, como fue el caso.

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Porque sí, ustedes quizás no lo recuerdan, pero en los deportes del motor era costumbre que si uno levanta el pie del acelerador, perdía tiempo, no lo ganaba. Ahora no es así, ahora levantar e ignorar banderas amarillas te da pole positions. Fantástico.

El podio del Gran Premio de Austria, con Russell, Verstappen y Antonelli como protagonistas.

Dictaduras vacías

Quizás la voluntad del actual presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, de eliminar los límites de duración de los mandatos presidenciales pudiera ser visto como futuro contrapeso a ciertas cuestiones. Pero seamos sinceros: la FIA tiene cierta palabra en la F1, pero tan insignificante que los detentores de los derechos y los equipos solo pueden que dar golpecitos en la espalda de forma comprensiva.

El autor de estas líneas ya advirtió que el actual presidente iba a dejar al francés Jean Marie Balestre como un tipo democrático, dialogante, y respetuoso. A la vista está que el galo, pese a su histrionismo, tenía que respetar las normas y, peor aún, se vio doblegado personalmente por la dupla Ecclestone-Mosley, que vaciaron de facto de poder a la FIA con respecto a la Fórmula 1.

Ahora llega este impacta F1 en rectas a pretender grandes cambios, grandes populismos –motores V8, repostajes- y grandes dictaduras. Qué bien haría el deporte librándose de Sulayems, Domenicalis y sobre todo, Libertys.

La carrera

La carrera fue plana. George Russell dominó sin paliativos desde una pole ilegal –de acuerdo, no ofendamos, llamémosla alegal-. Felicidades a uno de los peores motores de la F1, según la FIA, para la que parece que el Red Bull Power Trains – Ford es el mejor conjunto. Mientras tanto, Mercedes sigue a lo suyo tras el paréntesis de Barcelona.

Mención especial a Aston Martin, definitivamente farolillo rojo de la Fórmula 1. Pero, según parece, ‘estamos más cerca’. La venta de humo no cesa pese a quedar demostrado el ridículo absoluto de este proyecto, que como ya hemos dicho, mejor haría en callar, trabajar, y pensar en un 2027 que puede que no sea maravilloso, pero quizás sea un paso adelante.

Así que Russell sale de Austria a 40 puntos de un Antonelli que fue un correcto y válido tercero, tras un luchador Max Verstappen que empieza a oler a salida de Red Bull. Es decir, que tras el espejismo –bonito, pero espejismo- de Barcelona, el campeonato vuelve a su lógica: lucha interna de Mercedes-Benz. Con o sin reglamentos y sus banderas. Seguimos como estábamos.

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