La geopolítica del siglo XXI ha encontrado un nuevo y gélido epicentro. Tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela a principios de este mes, la administración de Donald Trump ha volcado su agresividad diplomática hacia el norte. El objetivo es un viejo anhelo, tomar el control de Groenlandia, a la que la Casa Blanca define como un "lingote" de recursos estratégicos. Sin embargo, la realidad física es ineludible ya que bajo una geología compleja se esconde una carencia absoluta de infraestructura básica que convierte cualquier plan de extracción en una quimera logística.
El muro de 93 millas de asfalto. Desde que el Partido Republicano introdujo la Make Greenland Great Again Act en 2025, la presión sobre Dinamarca ha escalado hasta sugerir, incluso, el uso de la fuerza. Según explica el Center for Strategic and International Studies (CSIS), Washington ha elevado a Groenlandia a la categoría de necesidad de "seguridad nacional". Esta postura, que algunos analistas ya bautizan como la "Doctrina Donroe", busca asegurar el hemisferio como esfera de influencia exclusiva frente a los rompehielos rusos y la expansión china.
Pero la obsesión choca con la ingeniería. Según datos de CSIS, Groenlandia —un territorio tres veces más grande que Texas— solo cuenta con 93 millas (150 kilómetros) de carreteras en total. No existen vías férreas y los asentamientos están aislados entre sí por tierra. Diogo Rosa, investigador del Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia, advierte en Fortune que cualquier proyecto minero debe crear estas accesibilidades desde cero. Esto incluye puertos capaces de manejar volúmenes industriales (el puerto de Narsaq apenas mueve 50,000 toneladas al año) y plantas de energía locales, ya que la red eléctrica actual es incapaz de sostener una mina a gran escala.
En Xataka
Hace 7.000 años una enorme cúpula de hielo se fundió en Groenlandia. Y ahora está volviendo a suceder
El enigma de la eudialita. Aunque se construyeran las carreteras para llegar al neodimio y al terbio, el mineral plantea en sí un desafío técnico sin precedentes. Las tierras raras de Groenlandia suelen estar encapsuladas en un tipo complejo de roca llamado eudialita. A diferencia de las carbonatitas que se explotan en otros lugares del mundo con métodos probados, nadie ha desarrollado un proceso rentable para extraerlas de la eudialita, según han explicado analistas.
Por ello, expertos como Javier Blas, califican el entusiasmo de la administración Trump como un "PowerPoint optimista". Blas sostiene que la isla no es un Wonderland de materias primas: si tras décadas de exploración ninguna gran minera ha operado con éxito, es porque los costes de procesamiento —que superarían los 1.000 millones de dólares— devoran cualquier beneficio. A esto se suma que yacimientos como Kvanefjeld están co-localizados con uranio radiactivo, lo que ha generado un rechazo social masivo y leyes ambientales que bloquean los proyectos.
El espejismo de la riqueza minera. Actualmente, Groenlandia solo cuenta con dos minas activas: una de anortosita y la de oro de Nalunaq. Esta última, operada por la canadiense Amaroq Minerals, logró producir 6.600 onzas de oro en 2025, superando sus propias previsiones. Pero como señala Scott Dunn, CEO de Noveon Magnetics, en Fortune, el éxito del oro (un mineral de alto valor y bajo volumen) no es escalable a las tierras raras. Mientras Washington hace planes a largo plazo en el Ártico, empresas como la de Dunn ya producen imanes en Texas con materiales obtenidos fuera de China, demostrando que la solución al suministro tecnológico podría estar más cerca de casa que del Círculo Polar.
El factor China: el dueño silencioso. El gran obstáculo estratégico para la "Doctrina Donroe" no es solo el hielo, sino que Pekín ya está allí. China controla cerca del 90% del suministro global de tierras raras y ha sabido jugar sus cartas en el subsuelo groenlandés a través de litigios. La empresa Energy Transition Minerals (ETM), con importante capital chino, mantiene un arbitraje internacional contra Groenlandia, reclamando una indemnización histórica de 11.500 millones de dólares —cuatro veces el PIB de la isla— tras la prohibición de la minería de uranio en 2021.
Esta disputa legal sitúa a la isla en una pinza geopolítica: Washington quiere el control para expulsar a Pekín, pero este último ya bloquea los yacimientos más ricos mediante acciones empresariales y derechos de explotación previos.
El Ártico navegable: ¿un aliado inesperado? Paradójicamente, el hoax del cambio climático es lo que está acelerando los planes de la Casa Blanca. Groenlandia se calienta mucho más rápido que el resto del planeta, y el deshielo está transformando el Ártico en un corredor comercial estratégico. Como reporta el New York Times, la Ruta de la Seda Polar ya no es una proyección: en octubre de 2025, un buque chino alcanzó Gran Bretaña por el norte en solo 20 días, ahorrando un 40% del tiempo respecto al Canal de Suez.
Esta nueva conectividad convierte a Groenlandia en un "portaaviones insumergible" en medio de las nuevas rutas marítimas. Sin embargo, el deshielo marino no soluciona el problema en tierra firme. Al norte de la isla, el clima extremo sigue obligando a que cualquier maquinaria minera hiberne durante seis meses al año, manteniendo la rentabilidad como una "ilusión óptica".
El tesoro tras el muro de hielo. El intento de tomar el control de Groenlandia parece chocar contra un muro de leyes ambientales, una geología hostil y, sobre todo, una ausencia total de infraestructura básica. La administración Trump ha invertido cientos de millones en empresas mineras, pero los resultados siguen enterrados bajo capas de permafrost.
Como bien resume Anthony Marchese en Fortune: "Si vas a Groenlandia por sus minerales, hablas de miles de millones de dólares y un tiempo extremadamente largo". Mientras la Casa Blanca vende la isla como el trofeo definitivo de la nueva Guerra Fría tecnológica, la realidad técnica de 2026 dicta una sentencia más simple: el mayor tesoro de la isla sigue protegido no por armas ni tratados, sino por la falta de un camino que llegue hasta él.
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Xataka | EEUU ha decidido que Europa es su problema en Groenlandia. Alemania quiere convencerle de que el problema es Rusia
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La noticia
Groenlandia tiene 1,5 millones de toneladas de tierras raras. El problema es que no hay carreteras para llegar a ellas
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Xataka
por
Alba Otero
.
Groenlandia tiene 1,5 millones de toneladas de tierras raras. El problema es que no hay carreteras para llegar a ellas
El enigma de la eudialita: el mineral que se resiste a los métodos de extracción convencionales
Rutas de 20 días y maquinaria hibernando: la doble cara de un Ártico cada vez menos blanco
La geopolítica del siglo XXI ha encontrado un nuevo y gélido epicentro. Tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela a principios de este mes, la administración de Donald Trump ha volcado su agresividad diplomática hacia el norte. El objetivo es un viejo anhelo, tomar el control de Groenlandia, a la que la Casa Blanca define como un "lingote" de recursos estratégicos. Sin embargo, la realidad física es ineludible ya que bajo una geología compleja se esconde una carencia absoluta de infraestructura básica que convierte cualquier plan de extracción en una quimera logística.
El muro de 93 millas de asfalto. Desde que el Partido Republicano introdujo la Make Greenland Great Again Act en 2025, la presión sobre Dinamarca ha escalado hasta sugerir, incluso, el uso de la fuerza. Según explica el Center for Strategic and International Studies (CSIS), Washington ha elevado a Groenlandia a la categoría de necesidad de "seguridad nacional". Esta postura, que algunos analistas ya bautizan como la "Doctrina Donroe", busca asegurar el hemisferio como esfera de influencia exclusiva frente a los rompehielos rusos y la expansión china.
Pero la obsesión choca con la ingeniería. Según datos de CSIS, Groenlandia —un territorio tres veces más grande que Texas— solo cuenta con 93 millas (150 kilómetros) de carreteras en total. No existen vías férreas y los asentamientos están aislados entre sí por tierra. Diogo Rosa, investigador del Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia, advierte en Fortune que cualquier proyecto minero debe crear estas accesibilidades desde cero. Esto incluye puertos capaces de manejar volúmenes industriales (el puerto de Narsaq apenas mueve 50,000 toneladas al año) y plantas de energía locales, ya que la red eléctrica actual es incapaz de sostener una mina a gran escala.
El enigma de la eudialita. Aunque se construyeran las carreteras para llegar al neodimio y al terbio, el mineral plantea en sí un desafío técnico sin precedentes. Las tierras raras de Groenlandia suelen estar encapsuladas en un tipo complejo de roca llamado eudialita. A diferencia de las carbonatitas que se explotan en otros lugares del mundo con métodos probados, nadie ha desarrollado un proceso rentable para extraerlas de la eudialita, según han explicado analistas.
Por ello, expertos como Javier Blas, califican el entusiasmo de la administración Trump como un "PowerPoint optimista". Blas sostiene que la isla no es un Wonderland de materias primas: si tras décadas de exploración ninguna gran minera ha operado con éxito, es porque los costes de procesamiento —que superarían los 1.000 millones de dólares— devoran cualquier beneficio. A esto se suma que yacimientos como Kvanefjeld están co-localizados con uranio radiactivo, lo que ha generado un rechazo social masivo y leyes ambientales que bloquean los proyectos.
El espejismo de la riqueza minera. Actualmente, Groenlandia solo cuenta con dos minas activas: una de anortosita y la de oro de Nalunaq. Esta última, operada por la canadiense Amaroq Minerals, logró producir 6.600 onzas de oro en 2025, superando sus propias previsiones. Pero como señala Scott Dunn, CEO de Noveon Magnetics, en Fortune, el éxito del oro (un mineral de alto valor y bajo volumen) no es escalable a las tierras raras. Mientras Washington hace planes a largo plazo en el Ártico, empresas como la de Dunn ya producen imanes en Texas con materiales obtenidos fuera de China, demostrando que la solución al suministro tecnológico podría estar más cerca de casa que del Círculo Polar.
El factor China: el dueño silencioso. El gran obstáculo estratégico para la "Doctrina Donroe" no es solo el hielo, sino que Pekín ya está allí. China controla cerca del 90% del suministro global de tierras raras y ha sabido jugar sus cartas en el subsuelo groenlandés a través de litigios. La empresa Energy Transition Minerals (ETM), con importante capital chino, mantiene un arbitraje internacional contra Groenlandia, reclamando una indemnización histórica de 11.500 millones de dólares —cuatro veces el PIB de la isla— tras la prohibición de la minería de uranio en 2021.
Esta disputa legal sitúa a la isla en una pinza geopolítica: Washington quiere el control para expulsar a Pekín, pero este último ya bloquea los yacimientos más ricos mediante acciones empresariales y derechos de explotación previos.
El Ártico navegable: ¿un aliado inesperado? Paradójicamente, el hoax del cambio climático es lo que está acelerando los planes de la Casa Blanca. Groenlandia se calienta mucho más rápido que el resto del planeta, y el deshielo está transformando el Ártico en un corredor comercial estratégico. Como reporta el New York Times, la Ruta de la Seda Polar ya no es una proyección: en octubre de 2025, un buque chino alcanzó Gran Bretaña por el norte en solo 20 días, ahorrando un 40% del tiempo respecto al Canal de Suez.
Esta nueva conectividad convierte a Groenlandia en un "portaaviones insumergible" en medio de las nuevas rutas marítimas. Sin embargo, el deshielo marino no soluciona el problema en tierra firme. Al norte de la isla, el clima extremo sigue obligando a que cualquier maquinaria minera hiberne durante seis meses al año, manteniendo la rentabilidad como una "ilusión óptica".
El tesoro tras el muro de hielo. El intento de tomar el control de Groenlandia parece chocar contra un muro de leyes ambientales, una geología hostil y, sobre todo, una ausencia total de infraestructura básica. La administración Trump ha invertido cientos de millones en empresas mineras, pero los resultados siguen enterrados bajo capas de permafrost.
Como bien resume Anthony Marchese en Fortune: "Si vas a Groenlandia por sus minerales, hablas de miles de millones de dólares y un tiempo extremadamente largo". Mientras la Casa Blanca vende la isla como el trofeo definitivo de la nueva Guerra Fría tecnológica, la realidad técnica de 2026 dicta una sentencia más simple: el mayor tesoro de la isla sigue protegido no por armas ni tratados, sino por la falta de un camino que llegue hasta él.