Las lágrimas que intentaba contener sin éxito María Guardiola en el patio noble de la Asamblea de Extremadura, cuando la arropaban dirigentes del PP llegados de toda la región -momentos después de perder la segunda votación para ser investida presidenta de la Junta- evidenciaban la tensión emocional por la que está atravesando la baronesa del PP en los últimos días. Ayer iba vestida completamente de negro.
En el primer intento, martes y miércoles, había elegido el blanco, abonando alguna esperanza que se fue desvaneciendo con el paso de las horas. Tras sus sempiternos órdagos al partido de Santiago Abascal desde casi hace ya tres años, lo había intentado literalmente todo en esta última semana, pero resultó en vano.
Vox giró el pulgar hacia abajo, negándola dos veces en 48 horas. No sirvió que aceptara las 23 condiciones programáticas que había planteado su presunto socio de gobierno en materias donde la distancia era sideral, como la inmigración o la negación del pacto verde. Dio igual. El resultado estaba escrito desde hacía muchas jornadas. La pregunta ahora es si habrá un tercer y definitivo no y Extremadura volverá a las urnas a finales de junio. Nadie lo sabe.
En este contexto de zozobra, la decepción aunque estuviera asumida desde el jueves, cuando desde la calle Bambú se llamó a la de Génova a primera hora de la mañana -sin agotar siquiera formalmente el plazo que quedaba hasta el viernes para seguir negociando-, en el PP extremeño todavía se confía en el acuerdo antes de que pasen ocho semanas, hasta el 4 de mayo. Es el tiempo límite establecido en el reglamento del parlamento regional para que se llegue a un pacto y no se vuelva a acudir a las urnas por tercera vez en apenas dos años.
Más allá de las elecciones en Castilla y León, que han supuesto un obstáculo clave para que no haya gobierno en Extremadura, la que continúa siendo presidenta en funciones de esta comunidad aún mantiene la esperanza, apoyada en el 43% del apoyo electoral y en el más del 60% histórico entre ambas formaciones. Para ello, fuentes cercanas al PP de Extremadura apuntan: «Si no hay riesgo de elecciones generales en las próximas cuatro semanas, habrá pacto».
Esta tesis, al menos desde el punto de vista temporal, la corroboró ayer Abascal, que para lo bueno y para lo mal ha ido marcando los plazos de las negociaciones en los últimos días. Primero, el miércoles, cuando parecía que PP y Vox en Extremadura se entendían y que el acuerdo estaba muy cerca. El líder de Vox habló entonces de «semanas» para el desbloqueo. Fue un jarro de agua fría para los más optimistas que confiaban en que este viernes Guardiola sería investida con la abstención de Vox.
Ayer, tras el segundo desencuentro, Abascal volvió a dar pistas: «Hay mucho tiempo» para cerrar un acuerdo, en clara referencia a los dos meses de plazo que hay por delante. «Ahora la clave va a estar, más allá de los resultados de Vox en Castilla y León el día 15, en que a Pedro Sánchez no le dé con su 'no la aguerra' por adelantar las elecciones generales, entonces es cuando no habría ninguna opción», reflexiona dicha fuente popular. Todo es una quimera, mera especulación. Otros, los más pesimistas, ya especulan con un súper domingo electoral el 28 de junio con comicios en Andalucía, en Extremadura y... elecciones anticipadas en España.
Otro dato para avalar la tesis de un posible acuerdo. Guardiola ya no parece el problema, al menos el principal problema, para Vox. La mirada de Abascal ya no se centra en su cruzada contra la propia presidenta extremeña -la llegó a calificar en la campaña electoral como la «Irene Montero de Extremadura»- sino en Génova, que golpeó primero en la noche del jueves criticando que Vox votara con el PSOE y Unidas Podemos para impedir la investidura de Guardiola.
En este sentido, Abascal puso sus ojos ya de forma directa en la dirección del PP: «En estos momentos, el problema no está siendo la señora Guardiola, que viniendo de planteamientos y posiciones políticas de mucha confrontación con Vox, parece que está haciendo un esfuerzo por acercarse a nuestros planteamientos y por aceptar la realidad electoral de Extremadura». Y añadió: «Creo que es perfectamente posible alcanzar un acuerdo, hay tiempo para ello, la puerta está abierta, nosotros seguimos con la mano tendida, pero tendrá que ser un acuerdo sobre medidas concretas». Mismo discurso que su portavoz en la comunidad extremeña, Óscar Fernández Calle.
Para Abascal, Génova está «empeñada en construir un relato que culpe a Vox de la falta de acuerdo», en vez de en «esforzarse en dialogar para lograr una investidura». En esta línea, añadió: «Piensan que bajo presión vamos a acabar cediendo, pero no negociamos con prisas, presiones, chantajes, ni guerra sucia». Al fuego cruzado no tardaría en responder echando más leña al fuego el secretario general del PP, Miguel Tellado: «Después de votar con el PSOE y Podemos en contra de la investidura de María Guardiola, ahora Santiago Abascal irá a Castilla y León a pedir el voto a los ciudadanos de centro derecha para bloquear también esta comunidad. Los de Vox llevan siete días sin querer sentarse a negociar, pero están muy centrados en las purgas internas de su propio partido. Cuestión de prioridades», aseguró.
Curiosamente, en medio de las balas se sitúa ahora la baronesa extremeña del Partido Popular, otrora ogro de Vox, que en su discurso pidió dejas atrás las confrontaciones: «No es el momento de reproches y así se lo voy a pedir a mi partido», sostuvo, aunque parece que el mensaje no ha llegado aún a la sede de su formación en Madrid.