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Habla la madre de la niña de 14 años que se arrojó desde un 7º piso en Molina: "No quería vivir en España, pero no hubo acoso"

Habla la madre de la niña de 14 años que se arrojó desde un 7º piso en Molina: "No quería vivir en España, pero no hubo acoso"
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Lizeth pide "donativos" para sufragar el entierro y la repatriación de su hija a Honduras porque dejó su empleo de cuidadora interna de una anciana porque la menor saltó del séptimo piso donde vivía la usuaria.  Más información:Investigan la muerte de una menor de 14 años que ha saltado de un séptimo piso en Molina: "No había protocolo de acoso"

Lizeth, sonriente, posa abrazada a su difunta hija, Jaccely, para que le busca fondos para repatriar sus cenizas a Honduras. Cedida

Reportajes Habla la madre de la niña de 14 años que se arrojó desde un 7º piso en Molina: "No quería vivir en España, pero no hubo acoso"

Lizeth pide "donativos" para sufragar el entierro y la repatriación de su hija a Honduras porque dejó su empleo de cuidadora interna de una anciana porque la menor saltó del séptimo piso donde vivía la usuaria. 

Más información:Investigan la muerte de una menor de 14 años que ha saltado de un séptimo piso en Molina: "No había protocolo de acoso"

Publicada 17 marzo 2026 02:47h

Ninguna madre está preparada para romper el ciclo natural de la vida y enterrar a una hija, mucho menos, cuando la pérdida se produce por un suicidio. Pero Lizeth Montoya ha sufrido el duro golpe de encontrarse el cuerpo sin vida de su "muchachita", de 14 años, cuando el pasado miércoles saltó al vacío desde un séptimo piso en Molina de Segura.

"No hay palabras para definir una ausencia así", subraya desolada esta madre hondureña, cuyas lágrimas escenifican un dolor que no se puede verbalizar: el suicidio de su hija, Jaccely, con solo 14 años.

Esta pérdida irreparable es doblemente dolorosa porque Lizeth confiesa que no tiene dinero para enterrar a su niña en Honduras: la tierra que la vio nacer. "He tenido que incinerar su cuerpo porque me pedían 12.000 euros para repatriarla y no podía mantenerla en la morgue más de 48 horas. No disponía de tiempo ni de ahorros para afrontar todos los trámites".

"He tenido que tomar la decisión de incinerarla porque no tengo dinero", insiste afligida Lizeth Montoya (Honduras, 1986).

La historia es tan terrible que Lizeth ha tenido que pedir "ayuda" a sus compatriotas afincados en la Región de Murcia, para "recudar donativos" para que las cenizas de la mediana de sus tres hijos lleguen a Tegucigalpa, la capital hondureña, con el objetivo de que Jaccely reciba sepultura allí y el último adiós de trodos sus seres queridos.

De hecho, en pleno duelo por el suicidio de su hija, esta madre ha hecho un llamamiento a través de un perfil de Facebook -'Historias de Inmigrantes'- y también concede una entrevista a EL ESPAÑOL, para "pedir solidaridad", para enterrar a Jaseli con la dignidad que se merece.

Cementerio General de Comayagüela en Tegucigalpa (Honduras).

"No tengo trabajo, ahora mismo, estoy acogida en la casa de una amiga junto a mi hija pequeña, de 9 años". Todo ello, debido a que ha abandonado el piso desde el que Jaccely decidió saltar al vacío desde el balcón porque era su lugar de trabajo como "cuidadora interna de una 'viejita'".

"No tengo valor para regresar a ese piso", admite desolada. "Yo estaba interna en esa casa, trabajaba de lunes a domingo, cuidando a una anciana y mis dos hijas vivían allí conmigo".

De forma que el pasado miércoles 11 de marzo, tras perder a su hija, también dejó su empleo porque no podía soportar ver a diario el balcón desde el que Jaccely tomó la decisión fatal de lanzarse a la calle Jesuita José Hernández de Molina de Segura.

La tragedia se produjo a las siete y cuarto de la mañana, cuando a esta madre le sonó la alarma de su móvil, para desayunar antes de que sus hijas se marchasen al colegio y el instituto. A continuación, el característico piticlín de su WhatsApp le informó de que había recibido un mensaje de Jaccely tan escueto como extraño.

Cuando te despiertes, asómate al balcón. Lo siento. Te quiero.

"Me sonó la alarma del teléfono, la apagué, vi el mensaje de Jaccely y salí a la terraza. La vi tirada en la acera, bajé corriendo en pijama hasta la calle, la abracé y la levanté, pero mi muchachita estaba quebradita", tal y como resume esta madre de Honduras, de 40 años, cuya vida también se ha quebrado para siempre. "Tengo la cabeza perdida".

Ni siquiera puede vivir con tranquilidad el duelo de semejante pérdida porque le atormenta la imposibilidad de financiar su entierro en Honduras. Lizeth tuvo que tomar la dura decisión de incinerar a su hija, en contra de su voluntad, debido a que no podía pagar 12.000 euros para repatriar el cuerpo de su chiquilla en un avión.

La calle Jesuita José Hernández de Molina de Segura donde se ha localizado el cuerpo sin vida de la menor. Google Maps

Ahora necesita -como mínimo- 3.000 euros para cruzar el charco con las cenizas de Jaccely y afrontar el coste del entierro en la capital hondureña. "Mis papeles en España están aún en proceso y mi amiga Yessenia me está ayudando con la recaudación de donativos con una cuenta bancaria a su nombre en CaixaBank [4766635290493799]".

"Cobrando 940 euros al mes, cuidando de dos hijas y enviado dinero a mi familia, no se puede ahorrar". Esta madre ejemplifica que tardó "seis meses" en reunir los 2.125 euros del billete de avión que le compró a Jaccely para volvar de Honduras a España el 4 de diciembre de 2025. 

"Llegué a comer tostadas para poder ahorrar dinero y que a mi hija pequeña, de 9 años, no le faltara de nada", ejemplifica. Lo hizo sin saber que el esperado reencuentro con su "muchachita" terminaría en tragedia.

Jaccely tenía cualidades artísticas, tocaba la lira, le encantaba dibujar y amaba la música, desde la bachata a los temas urbanos del cantante argentino Milo J. Le gustaba maquillarse para parecer más mayor, a pesar de que el próximo 27 de marzo iba a cumplir 15 años: una edad importante en la cultura latina, por marcar el paso de niña a mujer. 

En Molina de Segura se matriculó en el Instituto Francisco de Goya, para cursar estudios de ESO. Pero la nueva etapa que iniciaba en España se rompió aquel miércoles de forma luctuosa. "No hubo nada de bullying", aclara esta madre, debido a que la Policía Nacional inició una investigación para determinar el motivo por el que esta menor de edad, tomó la nefasta decisión de lanzarse desde un séptimo piso.

Este diario ha podido saber por fuentes próximas a la investigación que la Policía Nacional sostiene que la menor murió "en un suicidio voluntario", motivado "por problemas de adaptación a su nueva vida en España donde solo llevaba residiendo cuatro meses". 

La menor fallecida se matriculó en el IES Francisco de Goya.

Lizeth confirma que la falta de adaptación de su hija a un nuevo país, pudo ser el desencadenante de una decisión que sacudió el alma de los 78.000 vecinos de la localidad y de la comunidad educativa: "Ella no quería venir a España porque no quería separarse de su padre".

- Entonces, ¿por qué motivo se la trajo de Honduras?

- En junio de 2025, ella me dio una sorpresa, Jaccely me dijo que se quería venir a vivir conmigo y yo le dije que me la traería, costara lo que costara. Estuve ahorrando durante medio año.

- ¿Usted notó que su hija tenía problemas de adaptación?

- No sé si a ella le afectó la soledad en Honduras porque yo me fui a España hace cuatro años. Como todos los inmigrantes, solo quería darle un futuro a mis hijos y enviarle dinero a la familia. Siempre he trabajado de interna, cuidando ancianas en Abarán, Cieza y Molina de Segura.

Eso me permitió traerme a su hermana pequeña, pero Jaccely siguió allí con su hermano que tenía 21 años y su padre estaba trabajando todo el día. Ella nunca me dijo nada. Yo notaba que un día tenía alegría y al otro días estaba desmoralizada. A veces anulaba los planes para salir con su amigas. Estaba como a la defensiva.

Uno de los episodios que no se puede quitar de la cabeza esta madre es el relacionado con la fiesta del 15 cumpleaños de Jaccely, prevista el próximo 27 de marzo, en un restaurante en Cieza, y para el que le había comprado a su hija un vestido de princesa de color lila.

"Lo tenía todo preparado, íbamos a bailar juntas, y recuerdo que me dijo: 'Mamá, yo no voy a ir a esa celebración, son tus 15 años no son los míos, porque no conozco a nadie. Los invitados son amigos tuyos'".

Esas palabras que parecían una pataleta de adolescente, cobran importancia ahora para esta madre. Pero lo cierto es que a los 14 años, todavía no ha madurado la corteza prefrontal de ningún adolescente: el área responsable de controlar los impulsos y tomar decisiones, lo que provoca que protagonicen hechos sin valorar sus consecuencias.

Madre e hija, posando para un selfie en Molina de Segura. Cedida

El psicólogo Alfonso Navarro, en un vídeo compartido en sus redes sociales, corrobora que “el cerebro racional no termina de desarrollarse hasta los 21 años”. Este experto alerta de que eso provoca que el cerebro de un adolescente "aún no está preparado para frenar", y por ejemplo, "empiezan a beber" sin pensar que sufrirán una borrachera.

El suicidio es la primera causa externa de muerte entre los adolescentes, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) que se corresponden con el balance de 2024. Ese año se quitaron la vida 7 menores de 15 años, la misma edad de Jaccely, pero esa cifra se elevó a 309 suicidios entre los 15 y los 29 años.

Los expertos coinciden en reclamar que se potencien los recursos en salud mental tanto en Atención Primaria como en las aulas de colegios e institutos, ya que el suicidio es un fenómeno multicausal y poliédrico.

Línea 024

Los adolescentes confían más en su círculo social, para hablar de sus problemas, por ello, desde el Ministerio de Sanidad se promueve la Línea 024 para prevenir conductas autolíticas, ofreciendo una alternativa a cualquier persona que pasa por un mal momento y que necesita algo tan básico como desahogarse. Lizeth comenzó a atar cabos cuando ya no había vuelta atrás para la muerte de su querida Jaccely.

Esta madre sabe que es tarde para solucionar los problemas de su hija, aunque tiene claro que todavía puede arreglar una cosa: "Quiero enterrar a mi muchachita en el país que la vio nacer". Solo así podrá vivir su duelo para buscar trabajo y centrarse en lo único que le queda en Molina de Segura: su hija de 9 años.

"Mis papeles de residencia están en tramitación y con una niña, mi única oportunidad es que me acojan en otra casa para cuidar a una ancianita". 

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