Neurología
Hable con ella... (o con cualquiera): la importancia de decir las cosas en altoCada año utilizamos menos palabras al hablar. ¿Qué consecuencias tiene sobre el cerebro humano, moldeado durante siglos por el lenguaje?
Regala esta noticia Añádenos en Google Leonor Watling y Rosario Flores en un fotograma del filme Hable con ella, de Pedro Almodóvar. 02/10/2026 Actualizado a las 13:13h.En una cafetería te atiende alguien de entre 16 y 25 años. Antes de realizar tu pedido le preguntas a ver qué tienen. Con mirada ... inexpresiva y economía de lenguaje, te señala un cartel con la oferta del local. Haces una pregunta más específica y recibes idéntica respuesta, acompañada esta vez por una mirada de hartazgo...
Lo certifica un estudio publicado en la revista Perspectives on Psychological Science. Tras analizar la oralidad de más de 2000 personas, grabadas durante varios días en sus actividades cotidianas, los autores concluyen que los humanos utilizamos unas 300 palabras menos al día cada año, un descenso que equivale a unos tres minutos de conversación. Se trata de una caída especialmente acusada entre los miembros de la llamada 'generación Z', grupo en el cual esta reducción del habla sobrepasa el 28 por ciento.
Una conversación, a diferencia de un mensaje, exige un esfuerzo de memoria y de atención; genera más actividad neuronal
A lo largo de nuestra historia, la oralidad siempre ha sido la norma a la hora de comuni-carnos: comprar, relacionarse, compartir, conectar eran actividades asociadas a una conversación. En la actualidad, sin embargo, el habla se ha vuelto apenas una opción en crecientes ámbitos de nuestras vidas por la omnipresencia del mundo digital y las tecnologías. Las utilizamos muchas veces como sustitutos del contacto directo y son también las grandes responsables de que pasemos menos tiempo juntos.
Para Valeria Pfeifer, autora principal del estudio y profesora de Psicología y Orientación en la Universidad de Misuri-Kansas City, «la magnitud de esta pérdida de palabras es alarmante». El lenguaje, al fin y al cabo, es un ejercicio cognitivo que forma parte de lo que nos ha moldeado como especie. Hablar es un acto neurológico complejo en el que intervienen diversas regiones cerebrales. Al conversar, nuestro cerebro trabaja duro para, en una fracción de segundo, recuperar palabras, ideas y recuerdos; organizarlos, coordinar músculos, interpretar la respuesta del interlocutor, contestar...
Está por ver qué consecuencias tendrá esta caída de nuestra oralidad, pero lo cierto es que el mundo digital no ha hecho más que acelerar un proceso que ya se venía produciendo desde los cincuenta y sesenta. Así lo reveló en el año 2000 el politólogo Robert Putnam en su libro Bowling alone ('Jugar a los bolos solo'). Según Putnam, la universalización de la televisión en los hogares marcó el inicio de un progresivo repliegue en nuestra vida social y, por consiguiente, en nuestra oralidad. Desde entonces, el cambio ha sido colosal: de una pantalla para toda la familia hemos pasado a una o varias para cada miembro de la misma y con una oferta de contenidos cada vez más mareante y adictiva.
Y no solo en casa. Quioscos automáticos para pedir en los restaurantes; navegadores para ubicarnos con precisión; resolución de dudas en Internet sin necesidad de preguntar a nadie... Vivimos una época en la que cuantas más interacciones humanas y palabras nos ahorre cada innovación tecnológica, mejor.
Pero ¿qué función cumplían para nuestros cerebros todas esas palabras que vamos dejando de expresar? Numerosas investigaciones sugieren que hablar, incluso con personas desconocidas, hace que nos sintamos más alegres y que la conversación oral genera un mayor sentido de conexión que los mensajes de texto. Una diferencia a la que Pfeifer da gran relevancia en términos psicológicos y neurológicos: un mensaje puede pensarse y revisarse cuantas veces se desee antes de enviarlo y, como no se borra, no hay necesidad de recordarlo; una conversación, sin embargo, exige un esfuerzo de memoria, de atención y genera más actividad neuronal: escuchas, entiendes, piensas cómo responder al momento... Es decir, nos hace más humanos.
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